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GRANDES PREGUNTAS

Un estudio descubre cuántas bacterias hay en nuestro chicle cuando lo masticamos

Los investigadores han analizado las bacterias que se encuentran en un chicle tras ser masticado durante 30 minutos y los resultados son sorprendentes.

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La goma de mascar o chicles es un alimento, una golosina muy común que suele gustar a gente de todas las edades. Aunque creamos que es algo propio de la actualidad, son muy pocos los que saben que el chicle se remonta miles de años atrás en la historia. Aunque su composición era distinta a la que conocemos actualmente, antes se fabricaban con resinas de alquitrán y se utilizaban para limpiar los dientes. Se han encontrado marcas de dientes en estas resinas que datan de fechas tan antiguas como el mesolítico y el neolítico ya que investigadores encontraron en Dinamarca una goma de mascar de hace 6000 años. Gracias al análisis del ADN que dejó en ella supieron que se trataba de una mujer morena de cabello y de piel, de ojos claros. Los investigadores de este estudio publicado en Nature la llamaron Lola. Sin embargo, los primeros chicles comerciales no surgieron hasta el siglo XIX, actualmente se ha convertido en un producto de consumo masivo.

La composición actual de los chicles varía según el tipo y la marca fabricante, pero en general suelen contener un 25% de componentes no digeribles por nuestro estómago. A estos componentes se le suelen sumar otros como los colorantes y los polioles, los cuales conviven con diferentes bacterias descubiertas en un reciente estudio.

Este estudio ha analizado las diferentes bacterias que podemos encontrar en un chicle una vez ha pasado por nuestra boca. Los investigadores que lo llevaron a cabo estudiaron un chicle que había sido masticado durante 30 minutos para descubrir las bacterias que permanecían en él tras haber sido consumido. Algunas bacterias como las Rothias fueron disminuyendo debido a los componentes del propio chicle. Mientras tanto, otras como el Estreptococo aumentaron su nivel de presencia. Los investigadores destacaron que la bacteria que más difícil de eliminar fue la Curtobacterium. Tras este descubrimiento los investigadores llegaron a la conclusión de que esta bacteria podría servir de ayuda para eliminar los residuos de chicles que encontramos en las calles.

Muchos de los chicles suelen terminar en el suelo tras consumirlos, ensuciando la vía pública. Países como Reino Unido gastan 70 millones de euros al año en limpiar las calles de gomas de mascar, según datos de la BBC.

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