INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

Descubren por qué algunos tumores de mama producen recaídas

"Sabíamos que algunas células podían entrar en una especie de hibernación, nunca dejan realmente de dividirse durante el tratamiento. Simplemente sobreviven creciendo extremadamente despacio. Y no las detectamos", señala un nuevo estudio.

Imagen microscópica de un tumor de cáncer de mama

Imagen microscópica de un tumor de cáncer de mamaLaboratorio Caldon, Instituto Garvan

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Cada año, millones de mujeres escuchan las mismas palabras: "el cáncer ha desaparecido". Y, en la mayoría de los casos, eso es cierto. El cáncer de mama es hoy uno de los tumores con mejores tasas de supervivencia gracias al diagnóstico precoz y a terapias cada vez más eficaces.

Según los últimos datos recogidos por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2024 se diagnosticarán 36.395 nuevos casos de cáncer de mama, siendo este tipo de tumor más frecuente entre las mujeres en nuestro país por delante del cáncer colorrectal, de pulmón, cuerpo uterino, tiroides y páncreas.

En España, aproximadamente el 30% de los cánceres diagnosticados en mujeres se originan en la mama. El cáncer de mama es ya el tumor más diagnosticado del mundo, superando por primera vez al cáncer de pulmón, según datos publicados por el Centro de Investigaciones sobre el cáncer (IARC, por sus siglas en inglés). Afortunadamente las tasas de supervivencia son muy altas: a 5 años es de 82,8% de forma global, y supera el 99% en las pacientes diagnosticadas con enfermedad exclusivamente en la mama.

Pero existe una característica especialmente desconcertante en algunos tipos de cáncer de mama, sobre todo en los tumores hormonales positivos, los llamados ER+, dependientes de estrógenos: pueden regresar muchos años después, incluso décadas más tarde, cuando todo parecía resuelto.

Los datos muestran que, pese a las terapias hormonales prolongadas, hasta un 30% de las pacientes con determinados tumores ER+ desarrollarán una recaída metastásica tardía. Y esa posibilidad ha desconcertado durante años a médicos y científicos: ¿cómo puede un cáncer aparentemente eliminado reaparecer tanto tiempo después?

Ahora, un nuevo estudio del Garvan Institute of Medical Research, publicado en Nature Communications, propone una respuesta: puede que algunas células cancerosas nunca llegan a "dormirse" del todo.

Los autores, liderados por Liz Caldon, descubrieron que ciertas células tumorales son capaces de ralentizar radicalmente su ritmo de división hasta volverse extremadamente difíciles de detectar o destruir. No dejan de crecer. Solo lo hacen tan despacio que pasan inadvertidas durante años.

"Nos hemos vuelto muy buenos tratando el cáncer de mama primario, pero las recaídas tardías siguen siendo un gran desafío - explica Caldon -. Sabíamos que algunas células podían entrar en una especie de hibernación completa, pero hemos caracterizado una vía alternativa muy importante: células que nunca dejan realmente de dividirse durante el tratamiento. Simplemente sobreviven creciendo extremadamente despacio, en segundo plano, hasta que una pequeña mota se convierte en una piedra".

La imagen contradice la intuición habitual sobre el cáncer. Solemos imaginarlo como algo agresivo, rápido, caótico. Pero este trabajo describe otra estrategia biológica: la paciencia.

Mientras los tratamientos hormonales eliminan la inmensa mayoría de células tumorales activas, algunas sobreviven precisamente porque apenas se dividen. Y ahí está la paradoja: muchos tratamientos oncológicos funcionan mejor contra células que crecen deprisa. Las lentas quedan fuera del radar.

Para estudiar este fenómeno, los investigadores tardaron años en aislar estas células "ultralentas" en el laboratorio.

"Nos llevó años aislar estas células específicas porque se dividían muy lentamente, casi desafiando la forma en que normalmente esperamos que se comporte un cáncer – añade Kristine Fernandez, coautora del estudio -. Pero cuando las observamos en acción comprendimos que un reloj lento no significa un reloj detenido".

Y lo más preocupante es que esa lentitud no les impide propagarse. El equipo de Caldon comprobó que estas células seguían migrando hacia huesos, pulmones u otros órganos, donde podían formar pequeñas micrometástasis prácticamente invisibles.

Durante años, esas diminutas colonias pueden permanecer por debajo del umbral de detección. Hasta que un día dejan de ser microscópicas.

El hallazgo también ayuda a explicar por qué las recaídas metastásicas en cáncer de mama suelen aparecer en órganos concretos como hueso, pulmón o cerebro. No necesariamente porque el cáncer "regrese", sino porque algunas células quizá nunca llegaron a desaparecer por completo.

El estudio identificó además el mecanismo biológico que permite sobrevivir a estas células. Todo parece depender de una vía molecular llamada Rac1, relacionada con el movimiento, la estructura y la supervivencia celular.

Usando técnicas avanzadas de bioimagen, el equipo de Caldon observó cómo esa vía permanecía activa en las células de crecimiento lento. Y cuando bloquearon experimentalmente Rac1, los tumores comenzaron a reducirse.

Es todavía investigación temprana, pero abre una posibilidad importante: atacar específicamente estas células invisibles antes de que produzcan una recaída años después.

"Si entendemos la biología específica de estas células de crecimiento lento, quizá podamos ofrecer mejores formas de comprobar si una década de terapia hormonal realmente está funcionando y, en última instancia, prevenir la recurrencia", concluye Caldon.

El trabajo también cambia parcialmente la manera de pensar el cáncer. Porque introduce una idea incómoda: en biología, sobrevivir no siempre significa ser más fuerte o rápido. A veces significa simplemente pasar desapercibido.

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