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DESCUBREN UN PLANETA REJUVENECIDO

Estrellas moribundas, ¿el elixir planetario de la eterna juventud?

Un equipo de investigadores  ha descubierto los primeros indicios de un planeta “rejuvenecido” (como se les conoce en la teoría), que es miles de millones de años más joven de lo que parece gracias al material expelido por una estrella al morir.

Recreación de un planeta rejuvenecido

NASA Recreación de un planeta rejuvenecido

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Lucía Caballero | @Lulucille_ | Madrid
| 23.07.2015 02:26

A medida que las personas envejecen, la afirmación “pues no los aparentas” después de confesar la edad suele convertirse en un halago. Desgraciadamente, el transcurso del tiempo no tiene marcha atrás, a pesar de las abundantes estrategias que los humanos han diseñado para arreglar los estragos que éste deja a su paso.

Más allá de la atmósfera, en el espacio exterior, algunos tienen más suerte, al menos en teoría. Según la hipótesis de un equipo de astrónomos, los planetas masivos como Júpiter pueden rejuvenecer. Como si se hicieran un ‘lifting’ lumínico, vuelven a brillar y parecen miles de millones de años más jóvenes.

Ahora, por primera vez, otro grupo de investigadores ha encontrado indicios que refrendan esta teoría. Como explican en su artículo, publicado en 'Astrophysical Journal Letters', han identificado un posible candidato a planeta “rejuvenecido” gracias a los datos del Telescopio Espacial Spitzer de la NASA.

“Cuando los planetas son jóvenes expelen luz infrarroja reminiscente de su formación”, ha asegurado Michael Jura, uno de los autores. “Pero con el tiempo se enfrían y dejan de ser visibles; si rejuvenecen, podemos observarlos de nuevo”.

Para recuperar su lozano aspecto no tienen que pasar por el quirófano: la condición es que se sitúen cerca de un sol moribundo. Cuando las estrellas como la que nos calienta consumen todo el hidrógeno de su núcleo (envejecen), pasan al estado conocido como gigante roja: el hidrógeno que rodea al centro sufre un proceso de fusión termonuclear. Debido a este fenómeno, su radio aumenta, aunque la temperatura de su capa más externa disminuye, de ahí el color rojizo.

A medida que agotan su fuente de combustible, pierden paulatinamente gran parte de su masa hasta quedar reducidas a una enana blanca. En este proceso, liberan gran cantidad de plasma, un material que actúa como ‘polvo cósmico’ al encontrarse con los planetas que orbitan a su alrededor.

Imagen de una enana blanca captada por el telescopio espacial Hubble | NASA

Cuando reciben los restos estelares, los viejos y fríos cuerpos se calientan de nuevo, incrementando su tamaño y brillando como en sus años mozos, una luminosidad que delata su presencia.

El trabajo describe cómo un investigador del proyecto casualmente descubrió luz infrarroja proveniente de las inmediaciones de una enana blanca (bautizada como PG 0010+280) mientras analizaba los datos del telescopio espacial WISE, también de la NASA. Después, junto con el resto del equipo, estudió las observaciones del Spitzer, correspondientes a 2006, en las que de nuevo encontraron la emisión de origen desconocido.

Al principio, los expertos pensaron que las ondas procedían de un disco de material que rodeaba al astro. Se cree que este tipo de cinturones se forman a partir de asteroides que, al pasar muy cerca de las estrellas, son atraídos por su potente fuerza gravitatoria.

En el caso de otras enanas blancas, la presencia de las nubes se ha constatado a partir del análisis de los materiales que las rodean. Como su atmósfera solo contiene hidrógeno y helio, la detección de otros elementos (oxígeno, magnesio, silicio y hierro) delata la existencia de los restos de asteroides.

Sin embargo, los datos aportados por el Spitzer no concordaban con este modelo, así que los científicos tuvieron que barajar otras opciones. Hay dos posibilidades: que la luz infrarroja proceda de una enana marrón (un cuerpo a medio camino entre las estrellas y los planetas) o que emane de un planeta rejuvenecido. Aunque todavía deben recabar más datos para decantarse definitivamente por esta segunda teoría, el hallazgo indicaría que los planetas pueden vivir más tiempo del que se pensaba.

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