Detrás de Locomía se esconde una de las biografías más disparatadas que hemos visto últimamente y justifica, de sobra, que el grupo tenga su propio documental. MovistarPlus+ ha sabido verlo y se ha lanzado con una miniserie de tres capítulos que no dejará indiferente a nadie.

La plataforma explora una vez más la década de los 90, como en la serie 'Paraíso', de cuya segunda temporada hablamos recientemente en laSexta. Pero esto es otra historia. 'Locomía' se adentra en el género documental desafiando el recuerdo de cómo éramos realmente en aquella época. Todo un retrato de la sociedad y de la industria musical del momento.

Los orígenes de Locomía

¡Agárrate que vamos! Locomía removió la casposa España de los 90 utilizando Ibiza como trampolín para acabar conquistando Latinoamérica y casi EEUU. Aquel sueño les estalló en las manos justo cuando estaban a punto de conseguirlo. Una historia que empezó en los guetos gays de Barcelona en los que un joven transgresor e irreverente llamado Xavier Font buscaba crear un harén de amantes que lo idolatraran hasta la veneración. A estas alturas ya estarás pensando ¿qué demonios tendrán que ver este tío con los Beatles, ni mucho menos con los hermanos McDonalds? Normal, pero sigue leyendo para descubrirlo.

Mientras tanto, hablemos un poco más de Font. Por lo que se ve, su aura de tipo rompedor y su arrollador carisma le estarían acercando cada vez más a su objetivo, sí, el de tener su propio harén. Entre sus esfuerzos por molar se inventó lo de los abanicos, que él mismo rediseñó inspirándose en una pareja a la que había visto bailando con ellos en una discoteca. Font llevó estos complementos a otro nivel logrando que cogieran movimiento y ganaran espectacularidad por su gran tamaño. Ya no eran para luchar contra el calor, sino más bien para hacer subir unos grados la temperatura en las pistas de baile. Con ello buscaba llamar la atención en el underground barcelonés y lo consiguió de largo.

Xavier Font en 'Locomía'

En eso llega Manuel

La performance vital en que se había convertido cada una de las salidas nocturnas de Font se convirtió en una red que, en sus propias palabras en el documental 'Locomía', era un atrapador de almas. Una de las que cayó con más intensidad en el deslumbrante artificio que inspiraba aquel tejido hecho de sueños de libertad fue la de un chico llamado Manuel Arjona.

Manuel acababa de llegar a la ciudad huyendo de una adolescencia traumática porque su familia no aceptaba que fuera homosexual. Font era lo que él necesitaba para empezar a vivir como realmente deseaba y, de hecho, un mundo nuevo de deseos inesperados se abrió en su pecho al conocerlo. Aquel impulso lo llevaría a querer acompañar a su nuevo gurú hasta el paraíso y Font le explicó que, para quien buscara vivir como ellos, en aquella época eso estaba en un lugar llamado Ibiza.

Manuel Arjona en 'Locomía'

La tribu de Xavier Font

En Ibiza los anhelos de Xavier Font se hicieron realidad cuando un grupo de jóvenes, engatusados de igual forma que Manuel, acaban conformando su ansiada tribu urbana. En ella Font, tan creativo como autoritario según asegura él mismo en 'Locomía, se monta un trío sentimental con Manuel (que tenía 16 años) y un joven diseñador holandés llamado con Gard Passchier que un día, tratando de expresar la idea "nuestra locura", escribiría en un dibujo las palabras Loco - Mía.

Gard Passchier en 'Locomía'

La noche de Ibiza

La tribu ya tenía nombre y se lanzó a conquistar la noche en discotecas como la emblemática KU. La red de Font parecía capaz de atrapar a mucha más gente y, si estás leyendo esto y has cantado alguna vez aquello de "Sexo, Ibiza, Locomía" es que tú también llegaste a caer en ella.

Cuando los Locomía entraban en una disco el mundo se congelaba para verlos pasar. Los programadores enseguida percibieron que su magnetismo les haría ganar dinero y pasaron a ser una atracción fundamental en las fiestas de la noche ibicenca.

¿Se comieron allí los componentes de Locomía alguna burger de Mcdonalds? Pues posiblemente no, porque la cadena no llegó a la isla hasta 1997. Tampoco parece que los Beatles estuvieran entre sus preferencias musicales, pero la banda británica que sí acabaría teniendo, de hecho, un curioso vínculo con ellos serían los Queen. Continúa leyendo y te lo cuento.

Locomía en Ibiza

Mención aparte para los zapatos

Además de los abanicos, Font en Barcelona había diseñado unos zapatos con punta interminable que tampoco pasaban desapercibidos. Junto con las exageradísimas hombreras, aquel calzado completaba el outfit de un buen Locomía.

El amado líder, que por aquel entonces aún buscaba cómo monetizar la imagen de su recién creado clan, abrió una tienda para vender sus diseños.

Lo más heavy es que un día Freddie Mercury cruzó las puertas de aquella humilde boutique y se llevó un par de zapatos. Y, por si fuera poco, acabaría luciéndolos en el videoclip de "I'm Going Slightly Mad", una canción en cuyo título incluye la palabra loco y que sería el penúltimo que grabaría en su vida. De algún modo, el líder de Queen, también cayó en la red de Xavier Font.

Freddie Mercury en 'Locomía'

La llegada de José Luis Gil

En una de aquellas noches locas de la noche de Ibiza apareció un importante productor llamado José Luis Gil que percibió cómo la gente guay se quedaba prendada de los todavía más guays Locomía. ¿Por qué no hacer un grupo musical con ellos? Así se lo dijo Gil, conocido en la industria como el rubio de oro, al líder de la tribu. Xavier Font, engatusado por los cantos de sirena acabó llevando a los chicos a Madrid para firmar con Hispavox, la compañía en la que Gil era director general.

José Luis Gil en 'Locomía'

Se acabó hacer lo que les daba la gana y, sobre todo, lo que le daba la gana a Xavier Font. Había un nuevo gallo en el corral y las cosas iban a ir por donde José Luis Gil dijera. Clases de baile, clases de canto y, ¡ojo!, también ambigüedad sexual. A esto último, los chavales tuvieron que comprometerse por contrato. Un corsé demasiado apretado por el que, tras el primer año de éxito del grupo, Font acabaría apartándose. A Gil le valió la pena mantenerlo en nómina con tal de no tener que aguantarlo.

Locomía con José Luis Gil

Éxito fulgurante

El caso es que los Locomía, que ni siquiera cantaban en su primer disco, arrasaron. Un puñado de canciones simplonas con sonoridad algo rompedora serían suficiente. Lo de la sonoridad era obra de un productor cercano al incipiente mundo del bakalao llamado Pedro Vidal. Gil le encomendó que hiciera música muy bailonga para sostener, a través de las letras, el concepto Ibiza. Aquella fórmula, cuidadosamente creada para poner banda sonora a las creaciones estéticas de Xavier Font lo petó. Primero en España y luego, y a lo bestia, en Latinoamérica.

¿no se daban cuenta las chicas de que se trataba de un grupo de chicos gays?

Lurdes Iribar

Como dice en 'Locomía' la diseñadora Lurdes Iribar, que los acompañaba en las giras, "¿no se daban cuenta las chicas de que se trataba de un grupo de chicos gays?". Pues se ve que no se fijaban en eso, y tampoco parecían muy preocupadas por las canciones. Aquello se veía rompedor y punto, no hacía falta más. Los LPs, los singles y las revistas se vendían como rosquillas. Así subía imparable la inconmensurable marea que los Locomía navegaban acompañados por los ecos del abrumador griterío de los clubs de fans que se multiplicaban a su paso por todo el continente. Ya solo les quedaban los EEUU, pero eso también llegaría.

La estrepitosa caída

¡Qué buen momento para que Font, afincado en Miami, volviera a entrar en escena!. El gurú convenció a sus antiguos lacayos de que les estaban robando. Los chicos, ya convertidos en súper estrellas, debían estar algo agotados y tremendamente deseosos de revivir el impúdico libertinaje de sus inicios. Quizá fue eso lo que les llevó a seguir a su viejo líder y tomaron, según el propio Manuel Arjona, la peor decisión de sus vidas traicionando a José Luis Gil, a quien decidieron abandonar.

Los problemas de autoría de las canciones y los compromisos contractuales con Hispavox fueron un palo en la rueda para el grupo. Sus bolos se cancelaban, y con tremenda impotencia, vieron cómo su mundo se derrumbaba. Pasaron de llenar en Nueva York a hundirse en lo más profundo del ahora turbio océano que hacía pocos meses surcaban felizmente. Hoy, menos guapos y más viejos, se han convertido en las traumatizadas víctimas de lo que pudo ser y nunca fue.

Carlos Armas en 'Locomía'

Los Beatles y los hermanos McDonalds

Algo ocurrió con los cuatro de Liverpool y los creadores del restaurante de fast food más famoso del planeta que nos puede ayudar a comprender a los desorientados chicos de Locomía. En la película 'El fundador' de 2016, John Lee Hancock explora la historia de Ray Kroc, un vendedor de batidoras que en 1954, y a los 52 años de edad, contacta casualmente con los hermanos McDonald. Estos le compran una cantidad inusualmente grande de batidoras y él, que vive una etapa profesional de auténtico loser, coge el coche para ir a conocerlos.

Ray Kroc

Los Mcdonalds tienen un restaurante revolucionario, ya que han diseñado un sistema de organización en la cocina que les permite servir en tiempo récord una burger que, aún por encima, está buena. Ya habían intentado hacer franquicias pero fracasaron porque no fueron capaces de exportar su modus operandi con eficiencia. Kroc cree que él puede conseguirlo y firma con ellos un contrato con condiciones leoninas para él con tal de que le dejen intentarlo. Con creatividad y maniobras inmobiliarias va ganando más control sobre la firma hasta crear la primera gran cadena de restaurantes de la historia y acaba logrando expulsar a los hermanos. El comercial de batidoras llegó a ser uno de los tipos más ricos del planeta y los vanguardistas hermanos, que por un par de millones se quitaron del medio, murieron amargados por haber sido desplazados de tan glorioso destino.

Hermanbos McDonals en 'El fundador'

Por su parte, los Beatles dejaron Liverpool para vivir su primera aventura como banda en los turbios clubs nocturnos del Hamburgo de 1960. Esta historia podréis verla en la película 'Birth of The Beatles, dirigida por Richard Marquand en 1979'. Todavía eran adolescentes y aquello fue una experiencia fundamental en la historia del grupo. Con ellos iba un joven baterista llamado Pete Best que compartió el sueño de tratar de conquistar el mundo con ellos. A su regreso a Liverpool, un año y medio más tarde, los Beatles firmaron su primer contrato con un joven manager llamado Brian Epstein. Una de las primeras tareas de Epstein fue la de echar a Best de la banda por petición de sus propios compañeros. El resto de Los Beatles estaban sorprendidos porque acaban de conocer a un joven llamado Ringo Starr. El resto es historia con mayúsculas de la música contemporánea, pero una parte no demasiado conocida de ella es que Pete Best trató de suicidarse sin éxito unos años después.

The Beatles con Pete Best

Lo esencial es que los hermanos McDonalds jamás habrían podido crear la cadena McDonalds. Terminaron sus días dolidos y resentidos por algo que no iba a suceder igualmente. Si ocurría era con Ray Kroc o no era. Ray inventó al payaso Ronald McDonald y llevó a cabo esfuerzos publicitarios asumiendo riesgos y un nivel de endeudamiento del que los hermanos jamás habrían sido capaces.

A Pete Best le ocurre lo mismo. Aunque solo fuera porque el cabello le nacía de forma natural con tupé a lo rockabilly, nunca habría sido un auténtico beatle. No al lo menos como nosotros los conocimos, y es que la imagen, también para estos cuatro genios, fue un elemento esencial. Además de que Ringo Starr era mucho más talentoso, su aspecto, su personalidad y su carácter fueron clave para cohesionar, por dentro y por fuera, al grupo de música más importante de todos los tiempos. Aquello, una vez más, era con Ringo o no era y el resto de Beatles supieron verlo.

Locomía - formación original

Obviamente, los Locomía no estuvieron a la altura de la genialidad de los hermanos McDonalds, ni la audacia de Ray Kroc ni la apabullante creatividad de los Beatles. Pero se les puede subir a todos ellos en una balanza del éxito y el fracaso que calibra su propia deriva con pesas tan dispares como la suerte, la imagen, el talento, la ausencia absoluta del mismo o el contexto social e histórico del momento.

Conclusión

Este documental es la historia de cómo Xavier Font quiso librarse de acabar convertido en Pete Best, aunque lo fuera de una banda mucho más irrelevante. Y con sus acciones para evitarlo, que en 'Locomía' se detallan claramente, se llevó por delante a sus antiguos compañeros. Hoy, si bien es verdad que superado el boom de la época seguramente habrían quedado en nada, lo que el futuro podría haberle deparado a Locomía será siempre una incógnita.

Xavier Font en 'Locomía'

Pero 'Locomía' también es el relato de lo tristemente importante que es la imagen en el mundo de la música. Ni siquiera la beatlemanía se puede analizar sin tener la estética en cuenta, aunque aquella estuviera sostenida por canciones que, en el caso de los de Liverpool, sí fueran auténticas obras maestras.

El resto de los Locomía me recuerdan más a los hermanos McDonalds. Su historia nos enseña que una buena idea no es suficiente para triunfar. Igual que las burgers no se habrían vendido en todo el planeta sin Kroc, tampoco los abanicos de Font habrían meneado el viento más allá del archipiélago balear sin José Luis Gil.

José Luis Gil en 'Locomía'

Cuando estos chicos decidieron moverle la silla se estaban sentenciando. Los Mcdonalds también lo intentaron con Kroc, pero era demasiado tarde porque éste les había hecho firmar un nuevo contrato para evitarlo. Gil también tenía un contrato para atar a Locomía, por eso pudo llegar a refundar al grupo con el mismo nombre aunque distintos componentes. Sí, llegaron a convivir dos Locomías. Todo un esperpento que, por motivos que podréis ver en la producción de MovistarPlus+, no funcionó ni para unos ni para otros.

Ante esto parece claro que los Locomía habían sido cocinados tan rápido como un Big Mac, pero es posible que al final burgers y artistas no sean la misma cosa. Aunque uno termina de ver este documental con la extraña sensación de que, de haberle dado tiempo, José Luis Gil podría haber logrado demostrarnos lo contrario.