La Plataforma de Trabajadores del Hospital Severo Ochoa ha denunciado a la dirección del centro por homicidio imprudente y lesiones, y culpan a la gestión que se hizo de la pandemia de la muerte de varios pacientes por situaciones que, creen, se podrían haber evitado. La querella ha sido admitida a trámite.

La situación, como denuncian los trabajadores, fue especialmente crítica en los peores momentos de la pandemia: las camillas se acumulaban en los pasillos y se podían ver bombonas de oxígeno en el suelo. Son las imágenes que escenifican el infierno que tuvieron que vivir algunos enfermos, que veían como el personal del centro se encontraba totalmente desbordado. Javier Ruiz, abogado de la plataforma de los trabajadores, evalúa que "los profesionales no podían revisar a todos los pacientes, por lo que algunos se quitaban las mascarillas de oxígeno y fallecían. Otros no tenían ni siquiera oxígeno en las bombonas".

Esta es la primera vez que una plataforma de trabajadores sanitarios denuncia a la cúpula de un hospital por hechos que consideran "evitables". Los culpan de homicidio imprudente, y explican que hubo pacientes que llegaron a pasar "40 horas sentados en una silla de plástico".

Los profesionales consideran que las deficiencias de personal en el hospital fueron claves, y afirman que ya venían sufriéndolas antes de la pandemia. Además, hablan de "EPIS hechos de cualquier manera" y de "contagios en operaciones que no se interrumpieron cuando irrumpió el coronavirus".

Consideran a Esteban, enfermero UCI del centro que falleció por COVID-19, víctima de estas deficiencias. No se le hizo una PCR cuando lo solicitó porque tenían que trabajar hasta que presentasen síntomas. En este contexto, el abogado ha recordado que la cúpula del hospital pidió a los sanitarios que no usaran EPIS para no asustar: "Desde arriba decían que no los emplearan porque podían causar alarma social".

Los denunciantes apuntan a la dirección del centro como principal causante de que, por ejemplo, se aglutinase a 400 personas en una sala de Urgencias con capacidad para 90. Un error organizativo que, insisten, costó vidas. Alegan además que hasta que no se publicaron en las redes sociales vídeos denunciando la situación del centro, los directivos no pidieron ayuda al Ejército.