Estado del bienestar
Cero neurólogos en Teruel : el caso de Pilar y una odisea de dos años para diagnosticar el Parkinson
El contexto El servicio de Neurología del hospital turolense ha tocado fondo. Tras la baja por maternidad de la única especialista que pasaba consulta para toda la región, el centro se ha quedado con cero médicos en esta especialidad y nadie ha cubierto su plaza.

Resumen IA supervisado
En Teruel, la falta de neurólogos en el Hospital Obispo Polanco ha dejado a más de 100,000 habitantes sin acceso a atención neurológica adecuada. Tras la baja por maternidad de la única especialista, Pilar y otros pacientes, como su familiar con Parkinson, enfrentan largos desplazamientos a Zaragoza para recibir tratamiento. La situación se agrava por la ausencia de alternativas privadas en la provincia. Factores como la escasez de viviendas, el aislamiento por falta de infraestructura y la falta de incentivos profesionales alejan a los médicos. Zaragoza, al centralizar recursos, contribuye a este problema, dejando a Teruel con servicios de salud precarios y desatendidos.
* Resumen supervisado por periodistas.
¿Se imagina vivir en la capital de una provincia y no tener acceso a un neurólogo? ¿O tener que recorrer 177 kilómetros -casi dos horas de coche por carretera- para que un médico pueda revisar su tratamiento? Aunque parezca impensable en un país que presume de la calidad de su sanidad pública, esta es la realidad a la que se enfrentan Pilar y los más de 100.000 habitantes que dependen de la cobertura sanitaria en la provincia de Teruel.
El servicio de Neurología del hospital turolense ha tocado fondo. Tras la baja por maternidad de la única especialista que pasaba consulta para toda la región, el centro se ha quedado con cero médicos en esta especialidad. Nadie ha cubierto su plaza. No se trata de un servicio cualquiera: hablamos de la especialidad que atiende los tumores cerebrales, la esclerosis múltiple, las demencias o el seguimiento vital tras sufrir un ictus.
Para Pilar, la crisis de la sanidad no es una cifra macroeconómica ni un debate político; es el día a día de su hogar. Tiene un familiar directo con la enfermedad de Parkinson, una patología neurodegenerativa donde cada mes que pasa sin tratamiento cuenta.
La odisea comenzó mucho antes del colapso actual. Debido a la escasez de neurólogos en el Hospital Obispo Polanco, tardaron casi dos años en concederles la primera cita especialista. Dos años de incertidumbre en los que los síntomas avanzaban sin un nombre, sin una medicación adecuada y sin pautas para frenar el deterioro. Pilar tiene la certeza de que llegaron tarde, y de que el retraso ha pasado factura.
Sin alternativa privada
En otras ciudades, el colapso de la pública empuja a los pacientes hacia el sector privado. Sin embargo, Teruel carece también de consultas privadas de Neurología. Para Pilar y su familia no hay plan B dentro de los límites de su provincia: o los atiende el hospital público, o no los atiende nadie.
Con el hospital completamente vacío de neurólogos, la preocupación de Pilar ha cambiado de escala. Ya no se trata solo de la desesperante espera por una revisión, sino del miedo a lo que pueda pasar mañana. En las enfermedades neurológicas, una descompensación o una crisis requiere atención inmediata.
La "solución" que ofrece el sistema actualmente es dejar a los pacientes colgados o forzarlos a un éxodo sanitario. Ante cualquier complicación, la única salida es meter al enfermo en un coche y poner rumbo a Zaragoza. Dos horas de viaje de ida y otras dos de vuelta para recibir una atención que les correspondería tener al lado de casa.
Para amortiguar este abandono, la administración recurre a parches: médicos itinerantes de otras provincias que viajan a Teruel algún día suelto a la semana, o derivaciones a empresas de sanidad privada como Ribera Salud, pagadas con dinero público. Un sistema precario e inestable que merma los derechos de los turolenses
¿Por qué Teruel no atrae a los médicos?
El hecho de que el hospital Obispo Polanco se haya quedado con "cero neurólogos" no es un casual. Es la consecuencia directa de varios factores que ahuyentan a los profesionales sanitarios.
- Falta de viviendas: Cuando un médico se plantea trasladarse a Teruel, se topa con un mercado inmobiliario prácticamente inexistente. Según datos de un importante portal inmobiliario, la ciudad apenas cuenta con 18 pisos disponibles para alquiler, frente a 68 inmuebles en el mercado de compra. Sin opciones de alojamiento dignas y accesibles, aceptar una plaza temporal es una misión imposible.
- Aislamiento: La conectividad de Teruel es más propia del siglo pasado. Los médicos que deben desplazarse se encuentran con que no hay una autopista directa para llegar desde los grandes núcleos urbanos. A esto se suma el colapso ferroviario: debido al retraso en las obras de modernización y electrificación de las vías por parte de Adif, la ciudad acumula casi un año y medio con cero trenes saliendo o llegando a sus estaciones, aislando por completo la capital turolense y forzando a los viajeros a depender de planes alternativos por carretera.
- Sin incentivos: Existe una falta generalizada de especialistas a nivel nacional, pero son los hospitales pequeños los que más sufren. Al no ofrecerse incentivos económicos, profesionales o de carrera atractivos que compensen mudarse a una capital de provincia menor, las plazas quedan sistemáticamente vacantes.
- La "aspiradora de Zaragoza": El modelo territorial de la comunidad autónoma agrava la situación. Zaragoza, consolidada como la cuarta ciudad más poblada de España, actúa como un imán que centraliza y absorbe la inmensa mayoría de los recursos presupuestarios, logísticos y humanos de Aragón. Mientras la capital aragonesa crece, Teruel sufre un vaciado de servicios esenciales.
- El resultado de este aislamiento es crónico: si un médico no encuentra casa donde vivir, no tiene un tren o una autovía rápida para volver a ver a su familia el fin de semana, y apenas recibe incentivos por trabajar en la provincia, termina eligiendo cualquier otro destino.