La presidenta de la Comunidad de Madrid y aspirante a revalidar el cargo el próximo 4-M, Isabel Díaz Ayuso, está poniendo todos sus esfuerzos en redirigir la campaña a un terreno donde se siente más cómoda y salir del 'fascismo o democracia'.

Así, la campaña ha vuelto a la fiscalidad y ha puesto en marcha una 'calculadora' que permite comparar los impuestos que se pagan en la región con las de comunidades gobernadas por el PSOE y Unidas Podemos.

Sin embargo, la herramienta tiene su truco para no perjudicar a las comunidades presididas por el PP que aplican otra fiscalidad: no permite hacer la comparación con los impuestos de las regiones gobernadas por los populares, como Andalucía, Castilla y León, Galicia o Murcia.

Y, además, incluye letra pequeña: "Esta simulación no tiene en cuenta la totalidad de circunstancias personales y familiares aplicables, ni las deducciones autonómicas que puedan afectar a la cuota", apuntan. Es decir, que no es fiable al 100%, más allá de ser un instrumento de campaña y que otras comunidades pueden contemplar excepciones.

"Esto va de impuestos, va de libertad", ha señalado Ayuso esta mañana en la COPE, arrancando de nuevo la batalla fiscal.

Desde que se conocieron las amenazas de muerte a varios ministros y al candidato Pablo Iglesias hace solo una semana, y después de lo ocurrido con Vox en el último debate electoral, la campaña ha dado un vuelco. La gestión, donde Ayuso se ha sentido más cómoda por sus laxas restricciones durante la pandemia, ha quedado en un segundo plano frente a la amenaza para la democracia que esgrimen desde la izquierda.

Las posiciones de los partidos a la izquierda del tablero no se han movido. Por un lado, el candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, insiste en que la excepcionalidad de esta legislatura -que solo durará dos años, hasta las elecciones ordinarias de 2023- no permite subidas de impuestos y que el mayor gasto público se hará gracias a las transferencias que llegarán de Europa con los fondos Next Generation EU.

En una entrevista de este mismo jueves en 'Al Rojo Vivo', Gabilondo ha subrayado que su negativa a una reforma fiscal se debe a la "pertinencia del momento". "Si abrimos ese debate, que puede ser muy interesante y muy necesario, van a pasar dos años y no vamos a resolver ningún problema", ha señalado.

"¿Esto quiere decir que a mí me entusiasma la fiscalidad en Madrid? De ninguna manera. Creo que hay que hacer una reforma fiscal en toda Europa, no solo en España", ha insistido.

Este discurso, enfocado a captar al voto más centrista, no es del agrado de otros partidos de izquierda. Desde Unidas Podemos, el exvicepresidente Iglesias está dando la batalla ideológica por subir la imposición a quienes más tienen y eliminar las deducciones y bonificaciones de los impuestos de patrimonio y de sucesiones.

La fiscalidad y la 'libertad' madrileña copó buena parte de la precampaña y de la campaña electoral, pero ahora ha quedado desdibujada. Sí es cierto que la derecha parece coincidir en la necesidad de bajadas de impuestos: desde el PP, que aboga por reducir medio punto cada tramo autonómico del IRPF; hasta Vox, que apuesta por lo que ellos llaman como "bajada radical e inmediata" de los gravámenes.

Entre medias, aunque con la amenaza de no superar el listón del 5% de los votos que permitirá su entrada en la Asamblea, Ciudadanos apuesta por mantener la coalición del PP y Cs con un modelo de fiscalidad e impuestos bajos. Eso sí: impulsando un sistema de "recompensas tributarias" para acabar con la economía sumergida.