En Huesa, un pueblo de Jaén absolutamente rodeado de olivares, Esteban regenta el bar que lleva su mismo nombre. Con 45 años se ocupa del negocio familiar, que sobrevive a duras penas en un tiempo en el que ha visto duplicar la factura de la luz y en el que supone un importante gasto hasta llenar la freidora para cocinar las tapas. No es la mejor época, desde luego, quizá por eso está poniéndole más ganas a unas oposiciones a maestro que arrastra desde hace años. No hay mucho más que hacer en un municipio cuya actividad económica principal está en torno a la aceituna, un cultivo que somete a esta población a una temporalidad que los termina empujando al paro o a la emigración.

"Quitando los 'cuatro' autónomos que somos más inquietos, jubilados y maestros, aquí no hay nada", anota Esteban. "La gente vive con la maleta a cuestas", explica, ya que muchos agricultores emigran a Francia o a otros lugares para trabajar cuando no es la época de aceituna. La situación de Huesa no es única en Andalucía; lo que tiene de particular es que este pueblo de unos 2.500 habitantes lidera la lista de los municipios más pobres de España.

"Lo sabemos, lo sabemos", dice Esteban cuando explicamos el motivo de la llamada. En Huesa, la renta bruta media fue de 12 598 euros anuales, que contrastan con los 82 188 que tiene los vecinos de Pozuelo de Alarcón (Madrid), el municipio más rico de España. No es la primera vez que su población se encuentra entre la que menos ingresa del país. En Andalucía están 36 de los 50 municipios de más de mil habitantes con la renta bruta más baja, según datos de la Agencia Tributaria que reproducimos bajo estas líneas. El resto, en Extremadura (10), Castilla y León (3) y Galicia (1). Un liderazgo de la pobreza casi crónico que lleva años repitiéndose y que no parece que vaya a variar si no se producen importantes cambios estructurales; no basta con el cambio color político que tomó la Junta de Andalucía en 2018, cuando Juan Manuel Moreno Bonilla llevó al Partido Popular al Gobierno autonómico andaluz por primera vez en su Historia.

De igual por donde lo miremos, que encontramos una situación similar: en municipios de más de 20.000 habitantes, 31 de los 50 más pobres son andaluces. Aquí lideran la lista Níjar y Vícar en Almería, y Almonte en Huelva.

La pregunta en este caso es, por qué año tras año Andalucía se perpetúa como la región más pobre mientras que, al otro lado, nos encontramos siempre que los municipios más ricos se reparten mayoritariamente entre Madrid y Cataluña. Las tres regiones, que suponen casi la mitad de la población española, representan dos Españas que se dividen por su economía. ¿Por qué?

El campo: la temporalidad y el paro

En lo que respecta al campo, buena parte de los municipios andaluces que lideran la tabla de arriba tienen algo en común: el olivar. El monocultivo que impera en muchos de estos pueblos de Jaén y Córdoba, como el caso de Huesa, conlleva que la temporada de trabajo esté muy concentrada en los dos o tres meses que dura la recogida de aceituna. "Y el resto del año, ¿qué hace la gente?" se pregunta Francisco Navarro, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Granada.

Más allá del olivar, este investigador ruralista apunta a la temporalidad de la agricultura en general como causa del importante paro que cosechan estos pueblos con menos ingresos. Un desempleo que se ha venido cubriendo desde los años 80 con el famoso subsidio, ahora llamado renta agraria. El geógrafo atribuye a este subsidio efectos tanto positivos como negativos: "Ha servido para fijar población en el territorio y dotar de una renta digna y mínima para las mujeres que viven en el mundo rural", apunta, pero a la vez ha creado una "cultura de la conformidad" que ha desincentivado la formación y la movilidad.

La despoblación existe, pero es menor que en regiones como Castilla y León: "Tenemos gente viviendo, pero con rentas bajas", explica. Una situación, opina, que interesa también al empresario: "Es tener una mano de obra y barata y disponible todo el año mientras que el Estado asume el coste".

El envejecimiento de la población, un problema generalizado en nuestra sociedad, también influye en los datos de renta: de bajos salarios, baja jubilaciones también.

En las ciudades, la marginalidad y la economía sumergida siguen siendo la tónica general en los barrios más pobres. También el abandono político. Aquí, de nuevo se lleva la palma Andalucía, que lidera la lista con barrios sevillanos como Polígono Sur, Los Pajaritos y Torreblanca. 11 de los 15 barrios con menos recursos declarados se encuentran en Sevilla, Córdoba o Málaga.

Precisamente, la candidata de Adelante Andalucía para las elecciones autonómicas del 19 de junio, Teresa Rodríguez, criticó recientemente en Al Rojo Vivo estas cifras, que achacó a la estructura económica que impera en Andalucía: "Un modelo basado en la exportación de productos agrícolas a bajo precio, y de turismo barato sigue generando pobreza, desempleo y falta de expectativas", apuntó en un análisis que puedes ver en el siguiente vídeo.

El origen: la agricultura, la Reconquista y el reparto de la tierra

Aunque la oposición haya siempre tratado de culpar al PSOE y sus 40 años de Gobierno de la pobreza en Andalucía, lo cierto es que hay un trasfondo histórico que sigue influyendo en nuestros días y es, junto a la falta de industrialización, el reparto de la propiedad de la tierra.

Andalucía, como el resto del centro y sur de la Península ha sido una región con presencia mayoritaria del latifundio, una estructura de grandes propietarios (y de jornaleros asalariados, por tanto) que propició la situación que describíamos arriba: "La concentración de la propiedad de la tierra favorecía opciones extensivas y de monocultivo que dificultaban la creación de empleo estable; también favorecía la creación intencionada de paro por motivaciones sociopolíticas". Así es como lo explica el historiador Ricardo Robledo Hernández en una publicación del Centro de Estudio Andaluces (La cuestión agraria en la historia de Andalucía, 2014), de la Junta de Andalucía.

Después, la Segunda República llevó a cabo un pequeño ensayo de reforma agraria, que fracasó por diferentes trabas políticas y que se vio interrumpida finalmente por la Guerra Civil. Más tarde, en los años 60, comenzó una etapa de importante modernización del campo, una reforma más técnica que trajo consigo un aumento de la productividad que no siempre se trasladó a los salarios. Esa mecanización, además, provocó una reducción de empleos que impulsó el abandono del campo y la emigración a las ciudades.

Y para saber por qué el sur es latifundista y el norte no tenemos que retroceder hasta la Reconquista española. Según Daniel Oto-Peralías y Diego Romero-Ávila, dos historiadores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, tuvo que ver con la velocidad a que se produjo la Reconquista. La mitad sur de la península se conquistó mucho más rápido que la mitad norte, lo cual generó en una "concentración del poder económico y político en pocas manos". En su estudio concluyeron que este proceso condicionó el desarrollo desigual del norte y el sur. Las regiones menos desarrolladas tuvieron más dificultad para incorporarse a la industrialización del siglo XIX. Imagen que se sigue pareciendo mucho a la actual.

¿Dónde está el ascensor social?

Así, según ese estudio, el llamado ascensor social se habría roto hace siglos en una España que no logra recortar las diferencias regionales ni aunque lo invoque su Constitución. Y es que no es tan fácil, pues la pobreza y la riqueza se retroalimentan. Es la conclusión de otro estudio, El Ascensor social en España publicado por el centro de investigación de políticas Económicas EsadeEcPol, que determina que la movilidad social, la posibilidad de mejorar económica y socialmente, está determinada por la renta de los padres y por el origen geográfico. En resumen, es más difícil escalar socialmente si eres mujer, pobre y vives en el sur de España.

Así, y según este estudio de Javier Soria Espín, investigador en la Escuela Económica de París, la comunidad autónoma con el mayor nivel de movilidad absoluta y relativa es Cataluña, "con tasas de movilidad al nivel de Escandinavia", mientras que en Andalucía y Canarias un joven tiene menos posibilidades de escalar en ese ascensor social. En términos de ingresos, "hay diferencias de hasta 23.000€ entre el ingreso medio alcanzado por los hijos de las familias más ricas y las más pobres", anota el estudio. La meritocracia, otro mito a derribar.

En concreto, y según este estudio, Cádiz es la provincia española con la mayor diferencia de renta entre los hijos de familias ricas y pobres. Lo vemos en el siguiente mapa:

Cómo revertir la situación

Hay posibilidad de mejorar ese ascensor social, apunta Espín, pero para ello "sería necesario invertir de forma diferencial en educación en aquellos territorios de baja movilidad intergeneracional", y apostar por políticas que "faciliten la libre movilidad geográfica de familias con menos ingresos" para intentar romper esa persistencia intergeneracional de la pobreza.

Ahora bien, en esto nos topamos con el problema de siempre: cómo hacer que la política, que vive entre promesas cortoplacistas, se ponga a resolver cuestiones estructurales que necesitan años. Moreno Bonilla llegó a la Junta de Andalucía prometiendo un milagro económico que no ha podido cumplir, nada menos que 600.000 empleos. Con la excusa –universal- de la pandemia y la guerra en Ucrania, afronta ahora una campaña en la que podrá renovar promesas (aunque esta vez no ha dado cifras de puestos de trabajo) en su intento de seguir conquistando territorio socialista.

Aun así, es difícil pensar que su propuesta vaya a transformar estos municipios más pobres cuando los resultados electorales siguen invitando a la inmovilidad política. Porque esos pueblos pequeños con las rentas más bajas de España, apunta el politólogo Alejandro Tirado, son a su vez territorio fiel al socialismo: la abstención allí estuvo por debajo de la media andaluza, y el PSOE no perdió tantos votos como en el resto de Andalucía. Un territorio muy poco atractivo para el PP, explica, al ser un caladero de votos de la izquierda.

Al contrario, en los municipios grandes hay mayor volatilidad electoral, aunque también mayor abstención. En las ciudades votaron más a la derecha que a la izquierda y el PSOE perdió de media 20 puntos, dice el politólogo.

"No hay una solución fácil", reconoce Tirado, pero "Andalucía está envejeciendo mucho y los mayores son los votantes más fieles. Los jóvenes se van". Por eso, considera, "habría que invertir en que volvieran".

Todo un reto seducir a la juventud andaluza cuando se tiene un 36% de paro juvenil, la tercera comunidad (sin contar con Ceuta y Melilla) con ese índice más alto. "Tiene que cambiar mucho todo", dice Esteban, desde su bar, para que los jóvenes de Huesa dejen de irse del pueblo. El reto mayor, el de acabar con la desesperanza.