Andrea tiene 15 años y muchas cosas que decir. Esta joven madrileña, ojos oscuros, personalidad arrolladora que demuestra en su maquillaje, en su estilo al vestir, en cada palabra que suelta, buscando llevarse el mundo por delante pero sólo un poquito, está en plena efervescencia vital y tiene mil cosas que opinar. El problema es que no tiene dónde.

O, mejor dicho, tenía. Hasta hace unos meses.

Ella es una de las llamadas ‘Chicas del Barrio’, una de las jóvenes niñas -esa edad a la que a ratos se es una, a ratos la otra- que se reúnen semanalmente en Vallecas (Madrid), en el espacio Emma, para, sencillamente, hablar. Que no es poca cosa.

"Siempre tratamos de solucionar el problema que plantee la otra compañera", guiña nada más arrancar la conversación Andrea. "Nos ayudamos mucho, pero nos centramos en conocernos más entre todas. Es muy fácil estar a gusto. Es como tener amigas muy íntimas. Puedes hablar de todo. Y no pasa nada".

Las Chicas del Barrio acompañadas de su educadora social, María Santana.

Amor romántico; menstruación y sexualida o amistad, pura y dura

Las Chicas del Barrio van variando, aparecen unas y entran otras con los años. Pero quien siempre está ahí es María Santana, la educadora social que guía todo el rato la conversación, que fluye, que cambia, que serpentea a gusto de las chavalas.

Ellas vuelcan en este lugar, la ludoteca de una asociación municipal con apoyo público, el torrente de sentimientos que les va provocando la vida, en una etapa en la que las cosas en un momento se ven cálidas y brillantes, y otras tantas algo espesas y pegajosas, difíciles de gestionar.

Ahí, precisamente ahí, es donde entra en juego este grupo. Los temas van variando. Amor romántico; feminismo; menstruación y sexualidad; amistad, pura y dura, y relaciones familiares. Cómo enfrentarse a la vida siendo chica. Trastornos de la conducta alimentaria. Lo que vaya surgiendo.

"Nadie nunca te pregunta cómo te sientes"

Las Chicas llegan por motivos distintos y con inquietudes diferentes a este lugar. Ágatha tiene 13 años y es la última participante en aterrizar. Le intimida la presencia de la reportera en su espacio seguro. Habla poco, bajito, pero dispara claro: su día favorito fue en el que se trató la autoestima corporal.

"Nadie nunca te pregunta cómo te sientes", gimotea. Y ella, desde luego, lo tiene claro. Aunque necesite de las preguntas correctas que la guíen para desenmarañarlo. Aunque no tenga clara cuál es la solución y pida experiencias similares a sus compañeras.

Algunos de los materiales con los que trabajan las Chicas del Barrio para el 8M.

En la tarde que laSexta.com se inmiscuye en su rutina, Ágatha está preocupada por una compañera de clase. Y llega a las lágrimas mientras habla, pero después se ve reconfortada y continúa con una media sonrisa cuando las otras Chicas le apoyan.

La dinámica de inicio tiene un poco de ritual, porque todas corren a abalanzarse a las cartas de un juego que les permitirá expresar sus sentimientos del momento mediante imágenes pictóricas y abstractas. María Santana echa mano del juego Dixit para que ellas empiecen a abrirse. Y no se hacen de rogar, van con todo lo que piensan así, de primeras.

Chicas diferentes entre sí, pero similares

Ellas dan aquí con otras chicas con las que, quizás y probablemente, en otras circunstancias, no hubieran coincidido. Unas aparecen porque saben del grupo. Otras, animadas por sus madres, que saben lo que hay porque hacen otras actividades en el centro. También hay quien cruza este umbral al venir derivada de salud mental o de los equipos de orientación de colegios e institutos.

Es el caso de María. Es la veterana del grupo y ya tiene 18 años. Estudia un grado de cocina y es, de lejos, la más dicharachera de todas. También la que adopta una postura más maternal. Ella llegó a las Chicas del Barrio en 2018, y lo hizo a través de una trabajadora social.

“Necesitaba salir de todo de lo que me rodeaba cada día. Sentirme en un lugar seguro, hablar sin miedo. Con ellas hablo y digo lo que siempre piensas pero te da miedo o vergüenza decir en voz alta. Es un lugar seguro”, sonríe.

Aún no se ve capacitada para dejar el grupo, a pesar de que está dirigido a adolescentes. ¿Es ella una? Puede que a ratos. Es algo que aprendió aquí, afirma. “Ganas más soltura, más confianza, te vas soltando. Te apetece contar ciertas cosas, te animas a decir lo que te da miedo”.

Las mujeres y la igualdad

"El feminismo es el respeto y que todo el mundo sea igual sin distinciones", suelta Alejandra, de 14 años, cuando se le pregunta por qué se considera feminista. "Me gusta venir porque no suele haber un lugar en el que se haga esto, hablar de nuestros sentimientos". Sobre su futuro, lo tiene claro: a ella le interesan especialmente los números.

La pregunta flota en el ambiente. Para estas chicas, para las adolescentes de hoy, ¿qué es ser mujer? Fátima, 14 años, responde directamente: "Igualdad". Corre a poner música, y suena 'Mercury' de Exeqtionerz, música electrónica durísima que nadie asociaría a un grupo de chicas hablando de sentimientos mientras usan témperas para pintar.

"Para mí ser mujer es ser el mundo. Sin nosotras no habría mundo. Las mujeres mueven el mundo. Somos las que traemos vida al mundo. Llevamos a cabo tareas secundarias que son las más importantes. Si nos vamos todas del mundo, ¿qué?", reflexiona Alejandra en voz alta. No duda ni un instante.

Andrea, Alejandra y Fátima están plasmando en carteles qué es para ellas ser mujer.

La pequeña Ágatha es más pesimista. "Ser mujer es estar como sufriendo siempre. Como con la regla. Creo que por mucho que intentara cambiar las cosas, sólo se pueden mejorar. No cambiar del todo".

Andrea le rebate rápidamente. "Somos iguales, chicos y chicas. Y no todos los chicos son unos machistas, aunque los de mi clase sí. Pero mis amigos, por ejemplo, no. Y estoy muy orgullosa de ellos. Hay que aprender que hay cosas que nos pasan por ser mujeres, no por ser María o Andrea".

María es la última en hablar y quizás la más elocuente. "Me gusta ser mujer para reivindicar. Me gusta mucho llevar la contraria. Me gusta debatir. Me gusta demostrar que no estamos en esa época de antaño, que podemos hacer cosas. ¿Por qué los chicos pueden demostrar sus emociones violentamente y yo no? Me gusta demostrar que ya no tiene por qué ser así. Es lo que más me gusta de ser mujer".

Es un día lluvioso en Madrid y, mientras las chicas terminan de pintar unas pancartas para una exposición de este 8M, deciden bailar y cantar una última canción. Optan por 'La Gata bajo la Lluvia', de Rocío Dúrcal.

"Mi suerte está echada, ya lo sé [...]. Ya lo ves, la vida es así", suena mientras las Chicas del Barrio recogen. Pero para ellas no. Mientras haya días como el 8M, se tratará que no.