El primer ministro ultranacionalista húngaro, Viktor Orbán, ha logrado hacerse con un cuarto mandato consecutivo tras apuntarse una contundente victoria en las parlamentarias de este domingo, dominadas por las inseguridades despertadas por la guerra en la vecina Ucrania. "Hemos conseguido una enorme victoria", ha señalado ante miles de simpatizantes que coreaban su nombre en Budapest.

Así lo ha manifestado en un mensaje en el que también se ha acordado de la Comisión Europea, que recientemente le abrió recientemente un expediente por la ley húngara que prohíbe hablar de homosexualidad a menores. "Es una victoria que quizá se pueda ver desde la Luna, pero seguro que sí se ve desde Bruselas", ha señalado.

Con el 53,13% de los votos y más de 133 escaños, según resultados oficiales correspondientes al 97,03% del escrutinio, su partido ha vuelto a cosechar una victoria con mayoría absoluta. Algo que en los últimos años le ha permitido emprender en solitario cambios de rango constitucional y controlar todas las estructuras del Estado. Además de los medios de comunicación estatales, domina casi todas las cabeceras del país -gracias a los empresarios afines-.

Una de las sorpresas de las elecciones ha sido el resultado del partido de extrema derecha Nuestra Patria, que que ha superado el umbral del 5% y suma 5 escaños.

Vox celebra el triunfo de Orbán

La extrema derecha española ha felicitado al ultranacionalista húngaro por "su victoria arrolladora en las elecciones".

En un mensaje que ha compartido a través de Twitter ha celebrado el resultado para seguir "forjando la Europa de las naciones y las libertades frente al proyecto fallido de los progres y globalistas".

Por su parte, Orbán ha agradecido en su discurso tras conocer los resultados a sus "amigos de Estados Unidos, Italia, Austria y España" el apoyo recibido durante estos comicios. "La política conservadora, patriota ha ganado, y nuestro mensaje es que ésta no representa el pasado, sino el futuro", ha manifestado al respecto.

El primer ministro, un crítico feroz de la inmigración, los derechos LGBT y los "burócratas de la UE", se ha ganado la admiración de los nacionalistas y la ultraderecha europea. Orbán se presentó como garante de la estabilidad del país y acusó a la oposición de querer involucrar a Hungría en la guerra de Ucrania por solidarizarse con su presidente, Volodímir Zelenski.

Si bien tiene sintonía con el presidente ruso, Vladímir Putin, con el que comparte algunas políticas conservadoras, el primer ministro húngaro secunda las sanciones de la UE contra Moscú pero se niega a entregar armas a Ucrania.

Fracaso de la oposición

Uno de los símbolos del fracaso opositor ha sido que su candidato a primer ministro, Péter Márki-Zay, no ha sido capaz de vencer ni en su circunscripción electoral de Hódmezõvásárhely, ciudad de la que es alcalde desde 2018.

El candidato opositor, un economista de 49 años, se ha quejado amargamente los últimos días de que solo le dieran los cinco minutos asignados por ley en la televisión pública durante toda la campaña, mientras que la presencia de Orbán es constante. "No puedo ocultar mi desilusión", afirmó Márki-Zay en una aparición en solitario en la que no le arropó ninguno de los líderes de los seis partidos de distinta ideología que formaron la coalición "Unidos por Hungría".