Este año hay más motivos para la reivindicación feminista que el pasado 8M. La crisis sanitaria ha agravado las desigualdades: falta de conciliación, mayor desamparo de mujeres maltratadas… Los cuidados siguen recayendo especialmente en las mujeres que se han visto obligadas a renunciar a parte de su actividad profesional o a abarcar más de lo tolerable, haciéndose cargo de hijos, padres y personas dependientes, lo que ha contribuido a incrementar la desigualdad preexistente.

Hay una necesidad urgente de implementar medidas por la igualdad, y esto debería ser lo nuclear del 8M. Pero no. Tras las manifestaciones del año pasado el protagonismo se lo han llevado las especulaciones acerca de la influencia del 8M en la explosión de casos de COVID-19 en España.

La pandemia ha agravado las desigualdades, también en la ciencia

La crisis sanitaria actual ha agravado las desigualdades, las de todo tipo. Es lo que suele ocurrir con las crisis, que las brechas se acentúan y siempre pagan los mismos. Los estudios indican que las mujeres triplican el tiempo dedicado a los cuidados del hogar y la familia con respecto al tiempo dedicado por los hombres. Esto ha supuesto una disminución o parada de la actividad profesional de muchas mujeres.

Algunos informes revelan que en el ámbito de la investigación científica el número de publicaciones realizadas por mujeres ha disminuido drásticamente desde que empezó la pandemia. Varias científicas han reconocido públicamente que sienten que están fallando como investigadoras y como madres.

Aunque en las carreras científicas la mayoría son mujeres, más aún en las carreras relacionadas con la salud, la mujer está infrarrepresentada en los puestos de responsabilidad. Por ejemplo, el número de mujeres dentro del Comité de Emergencia creado en la Organización Mundial de la Salud (OMS) es del 29%. En el caso de España, hay tan sólo cuatro expertas entre los 16 miembros del Grupo de Trabajo Multidisciplinar que asesora y apoya al Ministerio de Ciencia e Innovación en materias científicas relacionadas con la COVID-19 y sus consecuencias futuras. En cuanto al Comité Español de Matemáticas para el coronavirus, el porcentaje de mujeres es tan solo del 10%.

Con respecto a los medios de comunicación, durante estos meses han ido apareciendo diversos estudios que han analizado la aparición de mujeres científicas en los medios de todo el mundo. La organización Woman In Global Health publicó que "por cada tres hombres citados en todo el mundo durante la cobertura mediática del coronavirus, solo se cita a una mujer". La brecha de género aumenta y esto es patente en el ámbito científico, mediático y de toma de decisiones.

Las manifestaciones están permitidas, pero con medidas

El estado de alarma no ha anulado el derecho a manifestarse, que puede ejercerse, pero respetando una serie de medidas como el uso de mascarilla, el mantenimiento de la distancia de seguridad interpersonal de al menos 1,5 metros, el límite de reunión de máximo 500 personas (incluso menos en algunas comunidades) y que las concentraciones se produzcan a más de 200 metros de los centros sanitarios.

El procedimiento administrativo y los criterios que se están aplicando en las manifestaciones del 8M son los mismos que para el resto de las manifestaciones que ha habido en la pandemia. La celebración debe ser comunicada por escrito a la autoridad gubernativa correspondiente por los organizadores o promotores con una antelación de entre diez y treinta días (solamente en caso de urgencia la comunicación podrá hacerse con 24 horas de antelación). En su notificación, los organizadores de las manifestaciones tienen que aportar información como el lugar de reunión, el itinerario y cómo se garantizará el cumplimiento de las medidas de seguridad.

Aunque las manifestaciones estén permitidas, desde el ministerio de Sanidad se desaconsejan "por coherencia y por responsabilidad". Lo que se permite no se corresponde con lo que se debe hacer.

En el resto de Europa apenas habrá actos presenciales

Todavía no se han anunciado todos los eventos relacionados con el 8M, pero la mayoría de las plataformas y organizaciones de Europa ya han programado exclusivamente actos de carácter virtual.

La Comisión Europea (CE) todavía no se ha pronunciado públicamente sobre la posible celebración de concentraciones por el Día Internacional de la Mujer, pero con motivo de otras manifestaciones organizadas durante la pandemia han advertido que los eventos masivos podrían ser una importante vía de transmisión. En un documento publicado el pasado 17 de febrero recuerdan que la pandemia aún no ha terminado, que están surgiendo nuevas y preocupantes variantes del virus, y que aunque disponemos de más vacunas y se están distribuyendo a una velocidad cada vez mayor, todavía queda un largo camino para alcanzar la inmunidad de grupo.

Cuál es el riesgo de contagio durante una manifestación

Una de las principales vías de contagio es a través de las partículas que se expulsan al respirar y que pueden ser inhaladas por otra persona. Las partículas de más tamaño, las gotículas, describen una trayectoria balística con un alcance máximo de 2 metros, de ahí la recomendación de mantener la distancia de seguridad. Las partículas más pequeñas que pueden permanecer suspendidas en el aire son los aerosoles. Recientemente se han aceptado los aerosoles como vía principal de contagio. La duda residía en si los aerosoles, por su pequeño tamaño, podrían albergar suficiente carga viral como para ser considerados un vector de transmisión. Los estudios observacionales han mostrado que los contagios masivos se explican a través de aerosoles. Hoy sabemos que la capacidad infectiva del SARS-CoV-2 funciona no solo por exposición sino por acumulación: es necesaria una concentración suficiente de virus para infectar a otra persona.

La acumulación de aerosoles aumenta en espacios cerrados y mal ventilados, cuantas más personas haya, cuanto más tiempo permanezcan en el lugar y cuantas más actividades con alta generación de aerosoles realicen, como ejercicio físico, respiración agitada, gritar o cantar.

Para minimizar el riesgo de transmisión del coronavirus las autoridades sanitarias recomiendan seguir cuatro pautas a la vez: (1) espacios abiertos y bien ventilados (esto se mide indirectamente a través de la concentración de CO2 ambiental), (2) mantener la distancia de seguridad, (3) reducir tiempos de contacto y (4) usar mascarillas de calidad bien ajustadas a la cara.

En una manifestación al aire libre, en la que se respeta la distancia de seguridad y todos los asistentes van ataviados con mascarillas de calidad, el riesgo de contagio es mínimo. Hay que recordar que la mascarilla no es infalible, así que no se debe abrazar nunca, incluso con mascarilla se debe respetar la distancia de seguridad.

Esta es la evidencia científica actual. Hace un año se desconocían las vías de transmisión. Por eso las imágenes del 8M del año pasado resultan impensables ahora: personas abrazadas, cantando, gritando, sin distancia entre sí, sin mascarillas y con guantes de color violeta. Todo se hizo mal, pero afortunadamente sucedió en un entorno al aire libre. Gracias a eso la cantidad de contagios que se pueden achacar al 8M son probablemente menores de lo que se creía. No obstante, no pretendo que el desconocimiento sirva de exculpación. Aquellas manifestaciones fueron una imprudencia.

Con todo lo que se sabe ahora, si las medidas sanitarias se respetan, el riesgo de contagio se reducirá. Dicho esto, no hay que olvidar que la incidencia actual es mucho más elevada que entonces: de media se registran 5000 positivos diarios en España, con una incidencia acumulada de 14 días por encima de 200 por cada 100000 habitantes. La situación es muy grave, así que aunque las medidas sanitarias sean mejores, la situación es mucho peor.

El riesgo se extiende a todo lo que rodea a la manifestación

Congregar a 500 personas en un mismo lugar para luego emprender la marcha de una manifestación implica riesgos asociados a la logística y al comportamiento. Por ejemplo, uno de los eventos multitudinarios de los que más se habló como posible foco de infección fue el partido de la Champions League entre el Atlanta y el Valencia celebrado en Bérgamo en febrero. Un mes después la mortalidad había aumentado un 568%.

Los estudios que se han hecho para evaluar la influencia del partido de fútbol en aquella oleada de casos no apuntan como responsable a lo sucedido dentro del estadio, sino a todo lo que rodeó al partido. Acudieron 45000 personas al estadio de San Siro donde los asistentes ocuparon asientos individuales al aire libre. Antes y después del partido la gente se reunió en casas, bares, discotecas y en el transporte, sin mantener distancias, sin mascarillas, y con comportamientos con alta generación de aerosoles, como gritar y cantar.

También compartieron espacios reducidos en las entradas y salidas del estadio. Según la evidencia científica acumulada sobre las vías de contagio, estas reuniones probablemente han tenido un mayor impacto en la transmisión del coronavirus que la asistencia al estadio.

El estudio del partido de Bérgamo se puede extrapolar a las manifestaciones del 8M del año pasado en lo que respecta a envergadura y movilización de gente. Aunque las miles de personas que acudieron a las manifestaciones feministas tuvieran un riesgo bajo por permanecer al aire libre, no puede decirse lo mismo de sus viajes en coches compartidos, metro o autobús hasta el lugar de la concentración. Los abrazos, los besos y el griterío sin distancia en lugares abarrotados contribuyó a aumentar los contagios.

Una cuestión sanitaria, moral y estratégica

Cada día fallecen en España cientos de personas. Ha pasado un año y por probabilidad es casi inevitable que el horror no nos salpique a todos. Por eso me cuesta cada vez más entender la frivolidad con la que se abordan algunas cuestiones.

En Galicia se ha reabierto la hostelería el pasado viernes. Sólo se permiten las terrazas a la mitad de aforo, manteniendo la distancia de seguridad, medidas de higiene y uso permanente de mascarilla. Los centros comerciales han estado cerrados los fines de semana.

Después de un mes sin poder ver a no convivientes, este viernes se permitieron grupos de máximo cuatro personas al aire libre. Cuatro.

Este fin de semana estuve en una terraza con dos amigos y la situación me producía extrañeza. Por eso pienso en términos de responsabilidad, coherencia y ejemplaridad. No concibo pasar en una semana de estar rodeada por dos amigos a estarlo de cientos de personas en una manifestación. Mis amigos llevan mascarillas adecuadas, no van a abrazarme, ni a bailar y gritar a mi alrededor. Pero en una manifestación no sé cómo se va a comportar la gente que no conozco. He visto a personas abrazándose en terrazas, discutiendo con los hosteleros para ocupar una mesa precintada. Me he cruzado con una manifestación en la que se gritaba, se lanzaban petardos, y corrían empujones, porrazos y patadas. La masa no medita. Así que también me da miedo desde el punto de vista sanitario.

No voy a acudir a ninguna manifestación presencial del 8M. Mi elección es tanto por motivos sanitarios como morales. Afortunadamente tengo libertad de decisión, y elijo hacer mis reivindicaciones feministas desde un espacio seguro.

La pandemia se ha convertido en la protagonista. Se acerca el 8M y apenas se habla de feminismo, sino de las implicaciones sanitarias de una manifestación multitudinaria presencial. Tomar las calles va a contribuir a desviar la atención de lo importante a lo ruidoso.