A menudo se escucha que "las personas vacunadas contagian igual", cuando en realidad se debería decir que las personas vacunadas también contagian, pero menos que las no vacunadas.

Según las evidencias más recientes, los vacunados eliminarían de su organismo el virus de forma mucho más rápida que los parcialmente vacunados o no vacunados. Además, muestran menor carga viral general, menos síntomas y menor duración de la enfermedad, lo que contribuye a que la probabilidad de contagiar a otras personas sea menor.

Las vacunas contra la COVID-19 protegen de la muerte y las hospitalizaciones en un 70%-90% de los casos, que es lo más importante. No obstante, no son vacunas esterilizantes, es decir, pueden disminuir la probabilidad de contagio, pero no lo evitan completamente. Esto no es algo nuevo o inusual en una vacuna; las del sarampión, la difteria o la varicela tampoco son esterilizantes, aún así han servido para cortar la transmisión y han salvado incontables vidas.

La interpretación errónea de algunos estudios recientes ha suscitado preocupación sobre la eficacia de las vacunas para prevenir la transmisión. Estos estudios han mostrado que las personas vacunadas presentan máximos de carga viral similares a las personas no vacunadas que han contraído COVID-19. Aun siendo esto cierto, no implica que el riesgo de transmisión sea el mismo, principalmente porque los máximos se mantienen durante menos tiempo en las personas vacunadas.

Para comprender esto hay que tener en cuenta algunos conceptos clave, empezando por qué es la carga viral. La carga viral es la cantidad de virus presente en los fluidos corporales de una persona en un momento dado. Esto se puede medir analizando la sangre o los hisopos nasofaríngeos de los pacientes. El máximo de carga viral es la cantidad de virus máxima alcanzada por una persona a lo largo de la infección, pero no da la medida de por cuánto tiempo se mantuvo la carga viral. No es lo mismo mantener el máximo de carga viral por una semana que por unas horas.

Por lo general cuanto mayor es la carga viral de una persona, más contagiosa será. Sin embargo, esto no siempre es así. Por ejemplo, una persona portadora del SARS-CoV-2 que no presenta síntomas puede diseminar el virus sin darse cuenta. Al no tener síntomas es más fácil que relaje las medidas de prevención como la distancia o el uso de mascarilla. Así que, aunque su carga viral fuese inferior, un comportamiento despreocupado puede ser más peligroso con respecto a la transmisión del virus.

De momento tampoco está clara la relación entre la carga viral, la gravedad de la enfermedad y la sintomatología. Algunos estudios no encuentran relación, y otros apuntan a que la mortalidad aumenta con la carga viral.

Sobre lo que sí hay una evidencia científica cada vez más fuerte es que las personas vacunadas eliminan el virus más rápido, en general presentan niveles más bajos de virus y los máximos de carga viral se mantienen durante un periodo de tiempo mucho menor que las personas no vacunadas. Todo esto implica que las personas vacunadas son menos contagiosas.

En este estudio se ha estimado que las personas no vacunadas tendrían un riesgo unas 12 veces superior de transmitir el virus que aquellos que sí se han vacunado. Esto refuerza los datos obtenidos en este otro estudio en el que participaron 204 sanitarios que atendían a pacientes positivos, las vacunas fueron altamente efectivas para prevenir la infección y solo se detectaron 5 casos en personas completamente vacunadas. En esta otra investigación se observó que las personas completamente vacunadas tenían una reducción del 50-60% del riesgo de infección frente a no vacunados. Este estudio que se hizo para analizar la efectividad de la vacuna para evitar la transmisión entre vacunados y contactos cercanos concluyó que éstas mostraban una efectividad contra la transmisión de alrededor del 70%. Y en este otro estudio realizado entre personal sanitario, las personas vacunadas mostraron una reducción del riesgo de infectarse de entre el 80-90 %.

En este estudio recientemente publicado se hizo un seguimiento de 602 contactos cercanos a 471 personas con COVID-19, evaluando la transmisión y midiendo la carga viral de todos ellos a lo largo del tiempo. Se encontró que los máximos de carga viral eran similares entre vacunados y no vacunados, y que la transmisión entre no vacunados solo fue sutilmente mayor, lo que sugiere un nivel similar de infecciosidad. No obstante, el estudio no proporciona pruebas sólidas de que las vacunas no funcionen para prevenir la transmisión, puesto que la carga viral entre los vacunados se mantuvo más baja en general y, si siguen las recomendaciones sanitarias serán menos contagiosos. Además, hay otros estudios en diferentes contextos que lo contradicen y que muestran una menor transmisión a través de las personas vacunadas, y también se ha constatado que las vacunas aceleran la eliminación del virus del cuerpo, por lo que las personas vacunadas tienen menos oportunidades de propagar el virus. La evidencia científica actual indica que esto parece ser así también para la nueva variante Delta, aparentemente más infecciosa.

De confirmarse el peor de los escenarios, en el que las vacunas no redujeran de forma significativa la infecciosidad, sí se sabe que estar completamente vacunado reduce la probabilidad de contraer la enfermedad. Los últimos estudios indican que de cada 100 personas completamente vacunadas, solo están contrayendo la COVID-19 entre 0,2 y 4 personas. Por lo tanto, cuantas más personas vacunadas, menos contraerán COVID-19, y por tanto menos contagios.

En conclusión, una persona vacunada tiene menos probabilidades de contraer COVID-19, pero de contraerla, es menos contagiosa y por un tiempo más corto, lo que resulta en una propagación significativamente menor del virus a través de una comunidad altamente vacunada. Además, las vacunas reducen drásticamente el riesgo de hospitalización y de ingreso en UCI, lo que está permitiendo mantener una presión sanitaria desahogada en los territorios con mejores índices de vacunación. Esto podría explicar por qué en España, con una tasa de vacunación en torno al 90% de la población, los contagios se mantienen más a raya que en otros territorios con restricciones similares pero con tasas de vacunación inferiores.