Los 'pop it' son un nuevo juguete que está causando furor. Se parece a una cubitera de silicona, colorida y blanda. Tiene semiesferas en relieve que, al apretarlas se aplanan y emergen al otro lado. Podría decirse que es un juguete sensorial, ya que no tiene más objetivo que causar placer o relajación, equivalente a explotar los plásticos de burbujas que se usan para embalar.

La popularidad de este juguete es tal que en los últimos meses 'pop it' ha sido uno de los términos más buscados en Google, y tal y como reflejan los gráficos de Google Trends la tendencia es ascendente. Además, cada vez más adultos lo utilizan como juguete antiestrés, igual que pasó en 2017 con los spinners, esos artilugios con rodamientos que se hacían girar con los dedos.

Recientemente se está popularizando usar los 'pop it' como moldes de cocina. Hay cientos de vídeos en las redes sociales con recetas para hacer con ellos tabletas de chocolate, caramelos, gofres, bombones, bizcochos... como si fuesen un molde de silicona para repostería. El problema es que estos juguetes no son materiales diseñados para estar en contacto con los alimentos, pudiendo entrañar problemas de toxicidad desconocidos.

Los Materiales en Contacto con Alimentos (MCA, así es cómo se llaman en la industria alimentaria) deben ajustarse a la legislación y probar que son seguros. No se pueden fabricar con cualquier material, por eso en la Unión Europea hay un reglamento para cada familia de materiales: cerámicos, vítreos, celulósicos, plásticos, plásticos reciclados, poliméricos...

En los reglamentos figuran los métodos aprobados de fabricación, la lista de materias primas que está permitido emplear, los reactivos, pigmentos y aditivos que pueden usarse para fabricar el material y en qué cantidades máximas. Todo ello para garantizar que el material no contiene sustancias tóxicas que puedan migrar al alimento en su uso normal.

Para certificar que un material puede destinarse a uso alimentario, el fabricante debe evaluar la migración. La migración es la transferencia de compuestos del material al alimento. Esta medida permite al fabricante asegurar que no hay ninguna sustancia que se transfiera al alimento que pueda ser perjudicial para el consumo.

Según la regulación vigente, los Materiales en Contacto con Alimentos, en condiciones previsibles de empleo, no deben transferir sus componentes a los alimentos en cantidades que puedan (1) representar un peligro para la salud humana, (2) provocar modificaciones inaceptables de la composición de los alimentos, o (3) provocar alteraciones de las características organolépticas de éstos (olor, sabor, textura o aspecto).

Por eso, todos los Materiales en Contacto con Alimentos deben pasar obligatoriamente por dos tipos de ensayos de migración antes de llegar al mercado. Uno es el ensayo de migración global, en el que se mide qué cantidad de material migra al alimento. Para ello se usan alimentos o bien unos preparados llamados "simulantes" que simulan las propiedades químicas, físicas y biológicas de los alimentos. El otro es el ensayo de migración específica en el que se identifican los compuestos que migran y en qué cantidad. En ningún caso pueden superarse los límites de migración específica autorizados (LME) que figuran en los anexos de la regulación, que vienen expresados como miligramos de constituyente de material liberado por kilogramo de alimento (mg/kg).

Las siliconas entran dentro de la denominación "materiales poliméricos" y según su legislación (Real Decreto 847/2011) solo se pueden fabricar con una serie de compuestos concretos a partir de aceites de silicona, resinas de silicona o elastómeros de silicona. Esto significa que no se puede usar cualquier silicona para fabricar materiales en contacto con los alimentos, sino unas en concreto.

Los juguetes 'pop it' no se tienen que fabricar con estos métodos ni con estas siliconas. De hecho, pueden estar hechos con otras siliconas, con polímeros plásticos, o incluso con materiales compuestos, es decir, con una mezcla de varios tipos de material. Además, suelen ser de colores vívidos, por lo que contienen colorantes desconocidos.

Sin embargo, los moldes de silicona para repostería solo pueden contener una serie de colorantes permitidos en alimentación y en unas cantidades máximas toleradas, tal y como refleja el anexo II de la legislación: se evalúan los colorantes a partir de las impurezas solubles en clorhídrico, las aminas aromáticas y el negro de carbón. Si un molde de repostería de silicona no evalúa estos parámetros, no se puede comercializar como tal.

Para saber si un objeto que no se vende en contacto con ningún alimento puede usarse en alimentación, el Reglamento (CE) 1935/2004 establece que cuando se comercialice debe aparecer indicado "para contacto con alimentos". También puede aparecer una indicación específica sobre su uso. O la indicación más frecuente: el pictograma de la copa y el tenedor, que es el distintivo de los productos aptos para uso alimentario.

Hay otros pictogramas que sirven para indicar las recomendaciones de uso: apto para lavavajillas, apto para microondas, apto para congelar, etc. Así que, para hacer un uso seguro hay que seguir estas recomendaciones: no meter en el microondas un material no recomendado para ello, no calentar o no congelar si no se especifica este uso, o no reutilizar un envase alimentario con alimentos diferentes al contenido original. Por ejemplo, hay materiales que pueden ser sensibles a los ácidos, así que no se debe rellenar con zumo o leche una botella que antes contenía agua, porque es posible que no se haya evaluado cómo afectará esto a la migración.

Es curioso cómo hay tantos bulos acerca de las supuestas sustancias tóxicas que emanan de los táperes o incluso de los biberones (que ya hay que ser malévolo para desinformar sobre algo así), y al mismo tiempo se hacen virales recetas que usan juguetes como moldes. Los materiales aptos para uso alimentario, como táperes, biberones o moldes de repostería han tenido que pasar por exigentes controles sanitarios antes de llegar al mercado. Los juguetes obviamente no.

En conclusión, no se deberían poner en contacto juguetes con alimentos, porque hay riesgo de intoxicación. Ni mucho menos calentarlos, meterlos en el microondas o ponerlos en contacto con caramelo o chocolate fundido, puesto que no se sabe qué sustancias tóxicas podrían migrar al alimento.