Los padres pijos de unos cuantos niños pijos han conocido estos días lo que es una cuarentena. Ha pasado más de un año de pandemia y todos aquellos que han cumplido con las medidas de profilaxis sanitaria durante la pandemia conocen, porque han cumplido de manera estricta, lo que significa pasar una cuarentena completa por un contacto con un positivo aunque hayan dado negativo. Casi todos los ciudadanos han vivido en su propia carne, o la de un familiar, lo que significa pasarse de 10 a 14 días encerrado en casa. Muchos de ellos en condiciones infrahumanas. Todos en España lo sabemos menos los padres llorones de unos pijos no acompañados que penan porque su hijo malcriado se encuentra alojado con todos los gastos pagados en una suite de un hotel de cuatro estrellas en Mallorca. Lágrimas de privilegio que hacen difícil no añorar procesos soviéticos de sanción penal para explicar a estos adolescentes irresponsables y sus padres soberbios el respeto a lo común. No tendría que haber un policía en la puerta, ninguno lo hemos necesitado, porque tendrían que cumplir con su cuarentena de manera cívica como ha hecho cualquiera que ha tenido la mala suerte de verse en tal situación. Su clase parasitaria no concibe esa manera solidaria de vivir en sociedad.

La perspectiva de clase sirve para comprender el mundo que te rodea, para identificar a los tuyos y reconocerse entre iguales y para calar de manera sencilla aquellos comportamientos y actitudes de pijos y burgueses que viven en una burbuja de privilegios. Es difícil mostrar de manera más clara la posición social acomodada en la que viven que exigiendo al juez un proceso de 'habeas corpus' porque su hijo tiene que pasar una cuarentena en un espacio de confort como un hotel Meliá de cuatro estrellas. No solo hacen el ridículo algunos de los padres que claman contra el secuestro y la detención ilegal de sus vástagos, sino que evidencian que están acostumbrados a pasar por encima de los derechos de los demás y desprecian el comportamiento cívico que el pueblo ha mostrado en la peor crisis de su historia, incluso con un coste vital que estos papás y sus hijos no alcanzarán jamás a comprender. La conciencia de clase es un oráculo que te enseña a comprender cómo ciertos comportamientos pertenecen a los que oprimen a los de tu clase; los hueles. Y estos pijos no acompañados y sus padres apestan.

El sesgo de clase en el comportamiento irresponsable en lo que respecta al ocio ha quedado claro en multitud de ocasiones durante toda la pandemia; los ricos se contagian bailando, los pobres trabajando. En el brote estudiantil de estos días que está elevando la incidencia acumulada por encima de 100 puntos, cuando habíamos rozado los 90, también se pueden extraer conclusiones en esa dirección. En Barcelona la incidencia del virus por estos comportamientos de los estudiantes tiene una elevada brecha en los barrios ricos donde la incidencia ha subido de forma muy superior a la de los barrios más humildes. Según información de eldiario.es: "Entre el 13 y el 27 de junio, la incidencia acumulada ha aumentado un 182% en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, un 141% en Les Corts y un 105% en l’Eixample. Son subidas muy superiores a la media de la capital catalana durante el mismo periodo, en el que han aumentado los casos un 72%".

Es normal que los chicos alojados en el Hotel Palma Bellver actúen de una manera tan egoísta viendo el comportamiento de sus padres. Se comportan tal y como los han criado. Como han visto en casa. Ya ha habido 62 positivos entre los 249 que se encuentran alojados pero ellos se quieren ir porque no conciben cumplir las mismas medidas que el resto de ciudadanos. Los pobres pijos no acompañados se quejan del desayuno carcelario que tienen, solo les dan unos bizcochos, un batido y una naranja. Ni un triste porridge, ni cereales con fruta, ni batidos naturales con unos huevos revueltos. Puro salvajismo, les hacen comer como a los pobres. Algunos se fugan del hotel saltándose las cuarentena porque les va a buscar su mamá: "Se van porque son libres y punto".

Ellos son así, es su modo de proceder habitual, un privilegio de clase que tiene que ser enarbolado en cualquier circunstancia aunque eso suponga que su irresponsabilidad incida en la vida de los demás. Es su libertad, porque tú, te jodes. Ni que fuéramos todos iguales. En Pontevedra el aumento de la incidencia provocada por el comportamiento irresponsable de estos niñatos ha obligado a cerrar el ocio nocturno nuevamente, habrá mucha gente contagiada por el comportamiento de estos adolescentes y sus padres, muchos negocios que sufran, gente que saldrá más tarde del ERTE o no podrá encontrar trabajo en esta campaña de vacaciones. Devolverles el desprecio de clase es un deber moral.