Una joya histórica

Una joya histórica

Monasterio de Santa María de Ripoll, auténtica joya del románico

En lo más profundo de Cataluña se esconden joyas histórico-culturales dignas de visitar. Te invitamos a descubrir el Monasterio de Santa María.

Ripoll es la capital de la comarca del Ripollés y confluyen los ríos Ter y Freser. La historia de este monasterio de estilo románico se desarrolla desde el siglo IX hasta el XIX. Así, en el año 879 se funda la primera iglesia de la mano del Conde Wilfredo el Belloso. Pero no es hasta que llega el Abad Oliva (971-1046) que el monasterio alcanza su máximo esplendor.

El monasterio se crea para volver a atraer a la gente y repoblar la zona que había quedado desierta tras una guerra. Y el famoso Abad Oliva, lo convierte en un centro cultural, y Ripoll en una capital de comarca rica en conocimiento y patrimonio. Ellos mismos refieren a la fachada del templo con “la joya de la corona”, se inauguró hace unos meses tras unos largos trabajos de conservación y restauración. El pórtico, que se construye a mediados del siglo XII, está compuesto de siete arcos, y cada uno de ellos está lleno de esculturas que relatan diferentes episodios de la Biblia. No sin razón, la fachada del monasterio es conocida popularmente como “la Biblia en Piedra”.

Si comparamos la fachada y el interior de la iglesia, veremos un gran contraste entre la ostentosidad de la primera y la austeridad de la segunda. ¿Por qué sucede eso? En el medievo la población era en su mayoría rural, y no tenían acceso a estudiar. Además, como bien sabemos tanto Cataluña, como España han sido siempre una amalgama riquísima de diferentes lenguas. Sin embargo, todos sabían y sabemos reconocer una iconografía si sabemos la historia detrás, y en aquella época todo el mundo conocía bastante bien la Biblia. Así que este pórtico repleto de iconografía era para contar y enseñar la Biblia a las gentes rurales que no supieran, extranjeros que llegasen a Ripoll, etc.

La piedra empleada para hacer el pórtico es arenisca, lo que explica que algunas partes estén más erosionadas que otras. Pues este material es más susceptible al paso del tiempo que otros, como puede ser el mármol. Se intuyen diferentes tonos en la piedra, y es que cuando se construye, en el siglo XII, gozaba de una rica policromía, de la que hoy solo quedan suaves pinceladas. La fachada está presidida por el Pantocrátor (Todopoderoso). En el interior del templo está el sarcófago con los restos de Ramón Berenguer III, los restos del Conde Wilfredo el Belloso. La sacristía se rinde a la belleza del mosaico que representa la imagen de la Virgen María, y fue un regalo del papa León XIII.

Como todo en la historia tiene luces y sombras, la decadencia del monasterio llega con la desamortización de Mendizábal, pues el monasterio fue abandonado, la biblioteca quemada y con la marcha de la comunidad en 1835, se queda solo como la parroquia del pueblo. Unos años más tarde, en 1887 la reconstrucción de comienzo. La Necrópolis que se encuentra bajo la planta de la iglesia, sigue intacta desde el siglo IX, pues formó parte de la antigua iglesia.

Como colofón a la visita, es obligado disfrutar de un momento de tranquilidad en el claustro del siglo XII. Aunque de la estructura original solo se conserva el ala norte con los capiteles adornados según la moda de la época. El resto responde a los trabajos de reconstrucción del siglo XIX. En esos trabajos se recupera el claustro, pero no las dependencias, aún éstas serán simuladas, pues colocarán cavidades y puertas donde debían estar las antiguas dependencias.

El único detalle que falta, es que os dejéis caer por Ripoll y disfrutéis de su entorno, su gastronomía y visitar esta maravilla del románico español.

Verónica Imedio | Madrid
| 24/06/2019

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