Lo más seguro es que si oímos el nombre de Jakob Ludwig Felix Mendelssohn Bartholdy no nos venga nada a la mente así, de primeras. Y tampoco si nos dicen que vamos a escaparnos a Lipsia. Y es que el nombre en castellano de Leipzig es bastante desconocido, al igual que el de bautismo de uno de los músicos más universales del Romanticismo alemán: Félix Mendelssohn. La historia de la ciudad de Sajonia y el compositor están ligadas por y para siempre gracias al genio de las partituras, y es que fue allí donde desarrolló su carrera, al igual que Bach o Wagner.

De hecho, fue Félix quien fundó el conservatorio de la ciudad, considerado un bastión de la conservación de los clásicos, frente a los contemporáneos de su época, más proclives a las reformas y aventuras musicales. Él fue uno de los que más aportó para que Leipzig fuera una de las capitales musicales del Viejo Continente y la ciudad le devuelve el favor rindiéndole homenaje a su arte.

Así, visitar el centro de la ciudad permite recorrer sus pasos, acercarse a su obra y, sobre todo, a su vida, la misma que se escapó un mes de noviembre de 1847. Su leyenda sigue viva en el número 12 de la calle Goldschmidt, donde se encuentra el único museo dedicado a Mendelssohn del mundo. No es un edificio más, se trata del hogar del propio músico, el mismo que habitó desde 1835 hasta su muerte, y en cuyos salones y estudios recibió las visitas de contemporáneos como Wagner, Schumann y Berlioz.

Hoy se ha reconvertido en una casa llena de melodías por descubrir. Y es que, tras una gran restauración que ha mantenido el estilo clásico tardío del inmueble, pasado y presente se funden en uno. Así, no faltan matinées en sus salas como en el siglo XIX (cada domingo a las 11 de la mañana), concretamente en la que dedicada la familia Mendelssohn a reunirse juntos tras los oficios religiosos.

QUien visite la casa museo podrá admirar, además, una sala muy especial. Se llama Effektorium y se trata de una actividad muy especial que nos permitirá ser directores de orquesta. Nos tenemos que subir a un podio y, con nuestra batuta mágica, iremos indicando a los diferentes instrumentos, representados en columnas (uno por tipo de instrumento), que empiecen a tocar. Una orquesta virtual que encantará a los pequeños, y no tan pequeños, y que se acompaña de material audiovisual.

Pero la música sigue más allá de la casa museo. Pues Leipzig ha organizado pasacalles convertidos en concurso-gimkana sobre la historia musical de la ciudad y sus grandes compositores: la Leipzig Music Trail. Un camino de 5,1 km. de juegos que coincide con las diferentes rutas que se han creado, más tranquilas y pausadas, para ir recorriendo teatros, el Conservatorio, academias, universidades y templos de la música (en inglés y alemán).

Toda una aventura para la que no hay edad y que se puede disfrutar en cualquier época del año. No te la pierdas, menos si eres un melómano convencido.

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