MAURITANIA

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Guelb er Richat, el ojo del Sáhara

Un gran número de círculos concéntricos forman una de las estructuras más enigmáticas del desierto africano. Situada en Mauritania, la Estructura de Richat fue tomada por el impacto de un meteorito y por un aterrizaje de una nave extraterrestre. Hoy sabemos que es un volcán que nunca llegó a despertar.

En pleno desierto del Sáhara, en un territorio del centro de Mauritania donde es difícil encontrar rastro de vida, se encuentra una de esas maravillas de la naturaleza que prácticamente hay que verla para creerla. Se trata del Guelb er Richat, o lo que es lo mismo: la Estructura de Richat, conocida comúnmente como 'el ojo del Sáhara'.

Se trata de un accidente geográfico que prácticamente no era conocido hasta que comenzaron las misiones espaciales tripuladas en torno al planeta Tierra. Es tan inaccesible y, por su impresionante tamaño, con un diámetro de casi 50 kilómetros, tan difícil de apreciar a simple vista, que fueron necesarios milenios para que conociéramos que allí estaba. Un gran número de círculos concéntricos, formando una espiral, en medio de la arena y con pequeñas ramificaciones a lo largo de su perímetro.

Su forma es tan fascinante que dio lugar a múltiples leyendas sobre su formación. No faltaron los que opinaron que el gigantesco círculo no era otra cosa sino la huella de una gran nave extraterrestre (no hay que olvidar que el hallazgo coincidió con el ‘boom’ por la carrera espacial y, por tanto, por las películas de ataques alienígenas). Más científica era la explicación de que la gran depresión se debía al impacto de un meteorito. Sin embargo, estudios posteriores han rebatido esta teoría.

Según los geólogos, el gigantesco círculo es el resultado de un volcán completamente erosionado que, además, nunca llegó a explosionar. Durante el Cretácico, el magma de su interior licuó las rocas y la falta de actividad hizo que todo se fuera produciendo siempre en el interior de la tierra, sin visibilidad exterior. Luego el paso del tiempo y la fuerza del desierto fueron acabando con el gran domo hasta dejarlo como está ahora.

La situación geográfica del ojo de África no da lugar a excursiones casuales. Se encuentra en el paralelo 21, una de las latitudes saharianas más extremas, y en el meridiano 11 Oeste, demasiado alejado de la costa. Pero eso no quiere decir que sea imposible llegar allí.

La población más cercana a este lugar es Ouadâne, en plena meseta del Adrar. Fundada en el siglo XII por tribus beréberes, tuvo importancia durante la Edad Media como punto de encuentro de caravanas que cruzaban el desierto desde los valles del río Senegal. Fueron los portugueses los que crearon, en el siglo XV, la primera gran estructura comercial allí, pero no fue capaz de evitar un declive que comenzó en el siglo XVI y se mantiene en nuestros días, a pesar de que el centro histórico esté declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Llegar allí es complicado. Si se hace por carretera, el único camino posible es tomando la que nace en la ciudad de Atâr y, si se desea, desviándonos un poco para hacer alto en Chinguetti. Son 180 km (unas 3 horas) por carreteras del desierto y el aeropuerto más cercano es, precisamente, el de Âtar. Eso sí, no hay que olvidar que, actualmente, Mauritania no es un país seguro, por lo que hay que extremar cualquier precaución.

Pero ver la belleza del 'ojo del Sáhara' no necesita que nos desplacemos allí. Basta con ayudarnos de las imágenes del satélite, enfocar a este rincón del norte africano y maravillarse con lo que es capaz de hacer la Madre Naturaleza.

Más información:
Turismo de Mauritania

 

Sergio Cabrera | Madrid
| 16/06/2015

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