A MENOS DE 65 AÑOS LUZ
Cuatro enanas blancas se escondían en el "patio trasero" de nuestro Sistema Solar
Un equipo de astrónomos logra la detección directa de estos densos remanentes estelares a menos de 65 años luz de la Tierra, camuflados por el intenso brillo de sus compañeras, las enanas rojas.

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Hasta la llegada hace décadas de los telescopios más potentes, los astrofísicos han cartografiado con especial minuciosidad el vecindario estelar más cercano a nuestro Sol. Se pensaba que las enanas blancas de los alrededores, los densos y fríos cadáveres de estrellas que alguna vez fueron como el Sol, eran fáciles de localizar si se encontraban aisladas.
Sin embargo, el cosmos aún guarda secretos en los rincones más cercanos a nuestro Sistema Solar. Esta semana, un equipo internacional de investigadores ha logrado observar directamente, por primera vez, cuatro enanas blancas ocultas en sistemas binarios a menos de 20 pársecs (unos 65 años luz) de la Tierra. Una de ellas se ha coronado ya como la novena enana blanca más cercana a nuestro sistema solar.
El hallazgo, publicado este martes en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS), ha sido posible gracias a una ingeniosa combinación de datos de archivo y observaciones en el espectro ultravioleta. Los cuatro sistemas estudiados compartían una característica que los había hecho pasar desapercibidos: sus compañeras binarias son enanas rojas, astros mucho más grandes y brillantes en el espectro visible, cuyo fulgor ahogaba por completo la débil luz de los remanentes estelares.
"Las enanas blancas aisladas y cercanas suelen ser fáciles de encontrar, pero no podíamos ver estas cuatro estrellas directamente en longitudes de onda visibles porque sus compañeras enanas rojas eclipsaban su luz", explica Mairi O'Brien, investigadora de la Universidad de Warwick y primera autora del estudio. "Es un recordatorio de que, incluso en nuestro propio vecindario cósmico, todavía podemos encontrar sorpresas si miramos de la manera correcta y en las longitudes de onda adecuadas".
La pista del bamboleo estelar
La búsqueda comenzó tras analizar minuciosamente bases de datos en las que estos cuatro sistemas llamaron la atención por mostrar un sustancial 'bamboleo radial'. Este fenómeno, en el que una estrella oscila sutilmente hacia adelante y hacia atrás, es la prueba inequívoca de que un objeto masivo invisible está orbitando a su alrededor y ejerciendo un tira y afloja gravitatorio.
Para confirmar las sospechas, el equipo recurrió a los datos del espectrógrafo ultravioleta del telescopio espacial Hubble. En el ultravioleta, las enanas blancas, que mantienen temperaturas superficiales muy elevadas fruto de su pasado ardiente, suelen destacar con fuerza. Sin embargo, las enanas rojas complicaron las mediciones debido a sus intensas fulguraciones, unos estallidos energéticos que a menudo mimetizan la señal de una enana blanca. Los investigadores tuvieron que diseñar y desplegar técnicas de calibración personalizadas para limpiar el 'ruido' y confirmar oficialmente la presencia de los cuatro cadáveres estelares.
De los cuatro sistemas detectados, uno en particular, denominado G 203-47, ha resultado ser un auténtico enigma para la comunidad astronómica. A pesar de encontrarse a tan solo 25 años luz de la Tierra, los científicos han tardado 27 años en hallar a la esquiva enana blanca desde que se detectó por primera vez el bamboleo radial de su compañera.
Un baile gravitatorio inesperado
G 203-47 no solo destaca por su cercanía, sino por una anomalía que desconcierta a los teóricos. La enana roja del sistema rota sobre sí misma una vez cada más de 100 días, pero completa su órbita alrededor de la enana blanca en apenas 14,9 días.
En sistemas tan próximos, las fuerzas de marea gravitatoria actúan como un freno y tienden a sincronizar ambos movimientos, un fenómeno conocido como acoplamiento de marea (el mismo efecto que hace que la Luna muestre siempre la misma cara a la Tierra). En este caso, la enana roja gira demasiado despacio para que exista dicha sincronización.
"Lo fascinante es que G 203-47 no debería rotar tan lentamente si se hubiera formado de la misma manera que otros sistemas similares", señala David Wilson, coautor del estudio e investigador asociado en la Universidad de Colorado Boulder. "Esto sugiere que estas binarias han tenido historias evolutivas muy diferentes. Algunas sufrieron interacciones violentas y prolongadas en sus etapas tempranas que las acoplaron gravitacionalmente. Otras, como G 203-47, experimentaron encuentros más suaves y breves que las dejaron en este estado tan inusual".
El hallazgo de estas cuatro nuevas enanas blancas ha permitido a los investigadores actualizar el censo local de estos objetos en un radio de 20 pársecs. Lo más relevante es que los modelos teóricos de población predichos hasta la fecha estimaban que debían existir exactamente entre cuatro y cinco parejas de enanas blancas y enanas rojas en órbitas estrechas en esta región. El equipo ha encontrado exactamente cuatro, validando con precisión matemática las predicciones astrofísicas.
Sin embargo, el censo está lejos de completarse. "Solo cerca del 30% de las enanas rojas dentro de los 20 pársecs se han examinado sistemáticamente en busca de compañeras enanas blancas ocultas", advierte Pier-Emmanuel Tremblay, profesor del Grupo de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Warwick. "Calculamos que podría haber hasta 9 o 10 sistemas binarios adicionales en nuestro entorno estelar local que aún no hemos encontrado. Si dedicamos un esfuerzo más específico a observar las enanas rojas, tal vez encontremos más sorpresas como esta".
Referencia:
Mairi O’Brien et al. "Direct detections of white dwarfs in four WD+dM post-common envelope binaries within 20 pc". Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (2026).
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