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SE NOS ROMPIÓ EL AMOR DE TANTO USARLO

Dos meses viviendo con un Pebble Steel

Ya han pasado unos tres meses desde que Pebble ocupó mi muñeca por primera vez. Ha dejado de ser una novedad y la rutina es uno de los peores enemigos de una relación.

Foto oficial de Pebble Steel

TecnoXplora Foto oficial de Pebble Steel

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Guillermo del Palacio | @13370N3 | Madrid
| 20.06.2014 10:49

Hace casi dos meses publiqué mi análisis de Pebble Steel, la nueva versión del reloj inteligente salido de Kickstarter. A diferencia de la gran mayoría de productos que analizamos, se trataba de algo que había comprado, en lugar de ser cedido por el fabricante para realizar la prueba. Es decir, que dos meses después sigue en mi muñeca ¿Ha cambiado algo en este tiempo?

La respuesta sencilla es que sí, que ha habido un cambio. Pasé de no llevar normalmente un reloj a usar uno prácticamente todos los días. Pero eso también podía haberlo conseguido un reloj 'tonto', sin Bluetooth y con manecillas. Si nos preguntan, todos queremos una pareja que nos haga reír, pero en el fondo sabemos que le damos importancia al físico. Y el Pebble tiene un cuerpazo.

Afortunadamente, no sigue conmigo por eso. Tal vez no estemos hechos el uno para el otro, pero nuestra historia de amor se basa en su interior. Ahora bien, no es un flechazo. El Pebble, de momento, me gusta, pero no me ha conquistado. Es un amor adolescente, veraniego, que te hace descubrir un nuevo mundo y te prepara para él. El problema (para nuestra historia) es que en los próximos meses comenzará una nueva etapa en nuestras vidas, llegaremos a la universidad que supone la entrada de Google y, previsiblemente Apple, en el sector y conoceremos nuevas personas, ambientes y posibilidades.

Esto no quiere decir necesariamente que vayamos a dejarlo, aunque las cosas no pintan bien. En el sector se habla mucho del factor 'vuelta a casa', que es básicamente eso: qué dispositivos nos hacen volver a casa si nos los olvidamos en ella. En mi caso, solo el teléfono o darme cuenta de que sigo en pijama podrían conseguirlo.

La única excepción (aplicable tanto a Pebble Steel como a cualquier otro reloj) es que vaya a hacer ejercicio o a hacer un viaje largo en coche, pues uso el smartwatch de mando a distancia para controlar Spotify en el móvil. En un principio utilizaba una aplicación para mostrar notificaciones, pero tras unas semanas fue eliminada. Son pocas las ocasiones en las que realmente necesito estar tan conectado. Ahora mi Pebble solo vibra si alguien me llama o si recibo un correo, que son los dos medios por los que me llega la información importante.

Esto, que es en lo que se basa la inteligencia del reloj, se ha convertido en algo secundario. Pero, claro, también lo sería con los relojes con Android Wear o el rumoreado iWatch (si es que al final es un reloj). En las últimas semanas se ha rumoreado que este último incluirá una función de monitorización de la actividad física, pero dudo mucho que en mi caso (y en muchos otros) esto sea suficiente. La burbuja del running tiene que explotar.

De todos modos, nuestra ruptura no es inevitable. Los creadores de Pebble trabajan para mejorar su plataforma y por el momento son quienes han conseguido atraer a más desarrolladores. Además, cada día llegan varias interfaces nuevas a la tienda, por lo que casi cada semana cambia el aspecto de mi reloj. Si finalmente lo dejamos, la separación será dura (siempre lo son), pero nos recordaremos con nostalgia. Incluso puede que volvamos a intentarlo en alguna ocasión. Tal vez Pebble Steel no sea el amor de mi vida, pero sí un personaje recurrente cuando cuente a mis hijos cómo conocí a su madre.

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