Antes del siglo XX, cuando había sequía, nada se podía hacer para que unas gotas de lluvia cayeran del cielo. Así que, como técnica para atraer las precipitaciones, solo quedaban las oraciones y rogativas religiosas. En la actualidad, la religión se ha sustituido por la tecnología y, en los últimos años, provocar lluvia y nieve es algo cada vez más común.

La atmósfera funciona de forma compleja y en ocasiones, hasta las previsiones meteorológicas fallan. Por lo tanto, tener el poder de manipular el tiempo es algo ambicioso que puede ser muy útil para producir cambios en el clima en beneficio del ser humano.

Las primeras investigaciones en esta materia tuvieron lugar en los pasados años cuarenta, de la mano del premio Nobel estadounidense Irving Langmuir. Se descubrió entonces la siembra de nubes, que consiste en la manipulación del clima para provocar cambios en las precipitaciones. Para llevarlo a cabo, se dispersaron sustancias en el aire mediante aviones o cohetes que estimulaban la actividad en las nubes.

¿Qué sustancias pueden hacer que llueva?

Los primeros experimentos realizados por Langmuir se llevaron a cabo esparciendo hielo seco entre las nubes, logrando así la primera lluvia artificial. Esta sustancia se condensaba en los cúmulos y provocaba la lluvia, aunque no de forma controlada. Más adelante, estos experimentos se repitieron por otros científicos, pero utilizando yoduro de plata, propano líquido y sal.

A lo largo del tiempo, el yoduro de plata ha resultado el elemento más capaz de estimular las precipitaciones. Esto se debe a que, al esparcirlo entre las nubes, se producen pequeñas partículas de hielo que, al juntarse a las gotas y aumentar su peso, se unen y hacen que se produzca la lluvia.

En otras ocasiones, esta sustancia salina es utilizada para reducir el grosor del granizo, para eliminar la niebla en zonas aeroportuarias o para causar lluvias en lugares estratégicos. La lluvia puede ser provocada para reducir la contaminación en el aire, para que llueva en zonas de sequía o bien para que no llueva en zonas ya anegadas por las precipitaciones.

Pero, ¿cómo se esparce el yoduro de plata entre las nubes? El método más común para su diseminación es mediante avionetas, aunque también se realiza mediante quemadores de estas sustancias desde la superficie terrestre y, más recientemente, a través de aeronaves no tripuladas.

Cielo Nublado | Getty Images

¿Para qué se cambia la climatología?

En la actualidad, más de cincuenta países han realizado investigaciones en torno a este tema, además de existir diversas empresas privadas dedicadas a la modificación del clima. En países como China, 22 de sus 23 provincias utilizan la siembra de nubes para provocar lluvia y así combatir la polución en sus grandes ciudades.

En Corea del Sur también se ha utilizado esta técnica para ayudar a reducir el polvo fino de su aire, mientras que en la comarca de Ponent, en Lleida, se ha utilizado para disminuir el tamaño del granizo en las tormentas. En otras zonas como Indonesia, la modificación climatológica se ha utilizado para evitar daños mayores: se ha provocado la lluvia en zonas más despobladas para evitar que la capital siguiera sufriendo las incesantes precipitaciones que asolaban su capital, Yakarta.

Impacto medioambiental y para la salud

Pero la siembra de nubes también puede tener efectos adversos. El yoduro de plata, compuesto químico más utilizado para esta técnica, puede resultar perjudicial para la salud en grandes concentraciones. Si se provocara una exposición intensa o continua podrían causarse daños residuales en el organismo, pero no daños crónicos.

Afortunadamente, si se utiliza de forma controlada y a pequeña escala, el yoduro de plata es prácticamente indetectable y tiene un impacto insignificante en el medio ambiente y en la salud.