BRACHYCERINE
Una planta brasileña podría convertirse en un protector solar natural contra el cáncer de piel
Un metabolito de las hojas de Psychotria brachyceras absorbe radiación ultravioleta y neutraliza moléculas dañinas. Un estudio en muestras de piel humana apunta a su potencial para desarrollar nuevos fotoprotectores.

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El cáncer de piel avanza bajo una amenaza que no siempre deja señales inmediatas: la radiación ultravioleta. En España, su incidencia ha aumentado aproximadamente un 40% en los últimos cuatro años, según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer. En 2024 se estimaron 20.854 nuevos casos, entre melanomas y carcinomas cutáneos no melanoma. La dimensión del problema también es global. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), calcula que en 2024 se diagnosticaron cerca de 1,5 millones de nuevos cánceres de piel en el mundo.
La radiación ultravioleta es uno de los principales factores responsables de estos tumores. Su efecto no se limita al enrojecimiento o las quemaduras que aparecen después de una jornada al sol. Los rayos UV pueden dañar directamente el ADN de las células y desencadenar la formación de especies químicas reactivas capaces de alterar sus componentes. Con el tiempo, la acumulación de lesiones puede contribuir al desarrollo de cáncer. La OMS considera que la protección frente a esta radiación es una de las medidas fundamentales para reducir el riesgo.
Ahora, una sustancia producida por un árbol brasileño podría aportar una nueva herramienta a esa defensa. Se trata de la brachycerine, un metabolito presente en las hojas de Psychotria brachyceras, una planta que habría desarrollado su propia estrategia para resistir la radiación ultravioleta. Un estudio publicado en Photochemistry and Photobiology indica que este compuesto podría convertirse en un ingrediente de fotoprotectores capaces de proteger la piel humana frente a los efectos de la radiación UVA y UVB.
La molécula no es completamente desconocida para la ciencia. Fue caracterizada hace más de dos décadas como un alcaloide indólico monoterpénico, una clase de sustancias que las plantas producen como parte de su metabolismo. Estudios posteriores observaron que su concentración aumentaba cuando Psychotria brachyceras era expuesta a radiación ultravioleta. También demostraron que la brachycerine podía absorber luz en el rango UV y neutralizar el oxígeno singlete, una especie reactiva que puede dañar estructuras celulares.
El nuevo estudio demuestra que es posible llevar esa capacidad desde el laboratorio vegetal hasta un tejido humano. Según la nota de prensa, los autores probaron formulaciones cosméticas que contenían brachycerine o extracto foliar de la planta sobre muestras de piel humana. Después, expusieron los tejidos a radiación UVA y UVB. Los resultados indicaron que las formulaciones preservaban la integridad de las terminaciones nerviosas de la piel y evitaban daños en el ADN asociados a la exposición.
"El alcaloide parece tener un modo de acción dual: protege la piel frente a la radiación UV y mitiga las sustancias químicas destructivas que esta produce en las células – explica Arthur Germano Fett-Neto, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), en Brasil y líder del estudio -. Dado que sabemos cómo propagar vegetativamente la planta de origen, este hallazgo constituye un componente clave, prometedor y sostenible, para el desarrollo de nuevos protectores solares naturales de amplio espectro". En pocas palabras: no se trata únicamente de impedir que la luz alcance el tejido, sino también de amortiguar algunas de las consecuencias químicas de esa exposición.
El equipo de Fett-Neto también observó que la brachycerine no resultaba tóxica para las células de mamíferos en las condiciones evaluadas. Es un dato relevante para su posible aplicación cosmética, aunque la ausencia de toxicidad en estas pruebas no equivale a demostrar la seguridad de una crema para uso prolongado en personas. Para ello serán necesarios estudios adicionales que examinen, entre otros aspectos, la tolerancia cutánea, la estabilidad de las formulaciones y su comportamiento sobre la piel viva.
La distancia entre un resultado experimental y un protector solar comercial sigue siendo considerable. El trabajo se ha realizado sobre muestras de piel humana, no en un ensayo clínico que haya seguido a voluntarios durante años para comprobar si disminuye la aparición de tumores. Tampoco permite afirmar que la brachycerine prevenga el cáncer de piel. Lo que ofrece es una evidencia inicial de que el compuesto puede reducir algunos daños biológicos causados por la radiación ultravioleta, un mecanismo relevante en la investigación de nuevas estrategias fotoprotectoras.
La planta, en cualquier caso, no sustituye las recomendaciones actuales. Limitar la exposición solar en las horas de mayor intensidad, buscar sombra, utilizar ropa protectora y aplicar fotoprotectores de amplio espectro siguen siendo medidas esenciales. La brachycerine podría, en el futuro, sumar una nueva pieza a ese escudo. Por ahora, la promesa procede de una molécula que el árbol utiliza para protegerse y que la ciencia comienza a explorar como aliada de la piel humana.
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