EXPERIMENTO CON 79 PARTICIPANTES

Los insultos verbales afectan como una pequeña bofetada en la cara

Un estudio de la Universidad de Utrecht ha descubierto que los insultos afectan más al cerebro que los elogios o las palabras neutrales.

Los insultos verbales afectan como una pequeña bofetada en la cara

Los insultos verbales afectan como una pequeña bofetada en la cara Freepik

Publicidad

Los humanos somos seres vivos sociales, que vivimos en comunidad y nos comunicamos mediante gestos, palabras y acciones. Además, las relaciones interpersonales son importantes para realizarnos y recibir apoyo.

Asimismo, las palabras tienen un papel muy importante en la vida diaria, ya que forman la herramienta que nos permite hablar: el lenguaje. Estas pueden ser buenas o malas, hacernos entrar en razón, enseñar... pero también pueden doler, como en una riña o pelea con insultos.

Existen pocos estudios sobre el efecto que produce escuchar estas palabras malsonantes. Sin embargo, científicos de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, han evaluado el efecto que provoca en la piel escucharlos. En un artículo publicado en 'Frontiers in Communication' revelan que oír estas palabras es como recibir una "pequeña bofetada", independientemente del contexto en el que se produzca el insulto.

Evaluar el papel de los insultos en la piel

Con la intención de comprender el efecto de un insulto, los investigadores utilizaron las electroencefalografías y registros de conductancia de la piel. Con estos elementos compararon el impacto a corto plazo de los insultos verbales repetidos. Además, los compararon con otras expresiones neutrales o positivas.

Marijn Struiksma, principal autora del ensayo, y sus colegas pretendían evaluar la sensibilidad del cerebro al procesar los insultos verbales y si era menor que al analizar los elogios. "Suponemos que los insultos verbales desencadenan una cascada de efectos de procesamiento rápidamente consecutivos o superpuestos, y que diferentes partes de esa cascada pueden verse afectadas de manera diferente por la repetición, con algunos de ellos desapareciendo rápidamente y otros permaneciendo fuertemente receptivos durante mucho tiempo", explica Struiksma a 'Frontiers'.

Para llevar a cabo su estudio escogieron a 79 mujeres a las que les realizaron electroencefalografías y les pusieron electrodos para controlar la piel. Después les leyeron repetidamente frases insultantes, como "Linda es horrible"; elogios como "Linda es impresionante" y expresiones neutras y objetivamente correctas como "Linda es neerlandesa" con sus nombres.

Aparte también les comunicaron frases con otros nombres. Pero el experimento no incluyó ninguna interacción real entre las participantes y otras personas. Las pruebas se realizaron en un laboratorio y las expresiones provenían de personas ficticias.

Los insultos afectan como bofetadas

Tras el experimento, los científicos neerlandeses descubrieron que los insultos verbales provocaban efectos incluso en ambientes no naturales, como un laboratorio. Específicamente, las encefalografías mostraron que los insultos causaban un efecto de amplitud P2, que se mide en el cuero cabelludo, que era fuerte también cuando se repetía.

Struiksma detalla que durante el experimento los insultos se percibieron como pequeñas bofetadas en la cara. "Nuestro estudio muestra que en un experimento de laboratorio psicolingüístico sin una interacción real entre los hablantes, los insultos son como 'mini bofetadas en la cara' léxicas", comenta.

Por tanto, se entiende que las palabras negativas o los insultos que un participante lee captan la atención de dicha persona. Como conclusión, los autores determinan que los resultados de su estudio muestran una mayor sensibilidad cerebral a las palabras negativas, en comparación con las positivas.

Sin embargo, los autores del estudio admiten que este experimento se llevó a cabo en un entorno artificial, y que los participantes escuchaban los insultos de forma descontextualizada. Así que para medirlo con más precisión sería necesario comprobar el efecto de los insultos en un entorno natural. Sin embargo, este estudio sería un desafío ético.

SEGURO QUE TE INTERESA:

Descubren que el cerebro podría controlar los atracones y cómo evitarlos

TecnoXplora » CienciaXplora

Publicidad