Dependiendo del día, tenemos más o menos hambre, por lo que ingerimos más o menos según las ganas que tengamos de ello. Entonces, ¿si comemos mucho el estómago se ensancha? ¿Y si comemos poco disminuye? En el vídeo de la parte superior te explicamos cómo influye la cantidad de comida que ingerimos en nuestro estómago.

Dejamos de sentir hambre en el momento en el que nuestro estómago está saciado. El hipotálamo es la región del encéfalo que se encarga de regular tanto las ganas de comer como la hartura que se produce al satisfacer esta necesidad. Esta parte del encéfalo es la encargada de controlar el funcionamiento del sistema nervioso, además de ajustar los niveles de neurotransmisores que se producen en el estómago, el duodeno y el cerebro.

La presencia o ausencia de comida en el estómago estimulará que estos órganos segreguen estos neurotransmisores. Por lo tanto, las sensaciones de hambre y saciedad dependerán de estas sustancias también. Sin embargo, en algunas ocasiones el estómago segregue sustancias que digan al cerebro que se ha alcanzado el límite, depende de este órgano hacerle caso o no. Esto ocurre en el caso de los atracones, cuando, aunque estemos llenos, seguimos ingiriendo los más deliciosos manjares solo por placer y gula.

Otra sensación irrefrenable que el cerebro calma con comida es el hambre emocional. Este apetito voraz nace como una respuesta al malestar emocional al que, en vez de investigar cuál es su causa, se intenta olvidar comiendo. En estos casos, lo más recomendable es intentar averiguar por qué empiezan las comilonas, para llegar al problema real y superarlo.

Tanto si sueles tener hambre constante como si te sacias con poca cantidad de comida, seguro que alguna vez te has planteado si el estómago se ensancha o empequeñece cuando comemos más o menos. En el vídeo de la parte superior tienes la respuesta a estas preguntas.

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