La superficie de la Luna ronda los 12 millones de kilómetros cuadrados, un 15,9 % de la ocupada por tierra firme en nuestro planeta. A pesar de su limitada extensión, si colonizáramos el satélite terrestre, habría sitio para acomodar a un buen puñado de humanos.

Aunque tendrían que vivir bien apretaditos, eso sí. Tanto como los vecinos de ciudades como Manila, la urbe más poblada del mundo, con cerca de 40.000 personas por kilómetro cuadrado. Con tal nivel de apilamiento, cabrían en torno a 1,46 billones de individuos (unas 200 veces la población actual de la Tierra).

Pero el mayor problema en los planes de migración lunar no es el espacio. La clave está en cuánta gente podría soportar la Luna de manera sostenible, es decir, brindándoles todos los recursos necesarios para sobrevivir. Y hay otros factores decisivos, como el económico. Porque ¿cuánto nos costaría trasladar a miles de personas al satélite terrestre?

Sin atmósfera y sin aire

A diferencia de la Tierra, la Luna no tiene atmósfera. No se forman nubes a su alrededor, ni llueve. Tampoco existe aire que contenga los gases necesarios para que los humanos puedan sobrevivir. Ni campos que puedan albergar cultivos. Su superficie experimenta intensa radiación electromagnética, cambios extremos de temperaturas y largos periodos alternos de luz y oscuridad.

Si bien modificar estas inhóspitas condiciones es imposible, cabría la posibilidad de que los futuros colonizadores humanos dispusieran de los medios necesarios para adaptarse a ellas y diseñar una forma de vida distinta a la terrestre, pero viable. Lo fundamental es conseguir un abastecimiento suficiente de aire, agua, alimentos y energía.

El astronauta Charles Conrad Jr., comandante de la misión Apolo 12, pisando la Luna (1969) | NASA

Empecemos por el aire. Para los primeros pocos cientos de personas que se mudaran a la Luna, una solución podría ser transportarlo desde la Tierra e inyectarlo en habitáculos cerrados. Para Markus Landgraf, de la Agencia Espacial Europea (ESA), se trata de una estrategia rentable, hasta que la población aumentase demasiado.

A partir de cierto número de habitantes, no quedaría más remedio que sintetizar oxígeno en el satélite terrestre. Aunque ahora mismo sería caro, según Landgraf, el proceso probablemente se abarate con el tiempo. Más, teniendo en cuenta que aumentará la demanda de este gas para propulsar naves espaciales.

¿Y el agua?

En el caso del agua, el plan inicial podría ser el mismo: transportarla desde la Tierra para los primeros pobladores lunares y utilizar sistemas como los empleados en la Estación Espacial Internacional para reciclar y potabilizar el líquido de la ducha, la orina y el sudor de sus habitantes.

Pero en algún momento habría que generar reservas suficientes para una población numerosa. Se podría contar para ello con el agua presente en la superficie de la Luna (restos de la formación del satélite) y con la proveniente de los cometas helados que chocan de cuando en cuando con el satélite y que son responsables de sus cráteres. Sin embargo, la síntesis de hidrógeno sería, probablemente, una alternativa necesaria.

La provisión de comida es otro factor decisivo. Aunque ya llevamos cierto camino avanzado en este sentido. Además de poder transportar productos desde la Tierra, existen multitud de proyectos para cultivar distintos tipos de alimentos en el espacio, como lechugas, tomates y cereales.

Tanto la NASA como la ESA tienen proyectos para cultivar alimentos en el espacio | NASA

La pela es la pela

La mayor parte de todo lo anterior es, de momento, solo teoría. Aún no sabemos cómo los humanos llevaremos a la práctica un proyecto de colonización lunar. Pero lo que sí sabemos es que, además de la manera de producir los recursos que necesitamos, el plan tendrá que incluir un análisis pormenorizado de los costes.

Llevar a miles (o miles de millones) de personas a la Luna no sale precisamente barato. Recuerda lo que cuesta un viaje largo en avión. Y eso sin salir de la atmósfera. Solo avances revolucionarios en tecnologías e innovación en transporte espacial permitirán que podamos alcanzar el satélite en menos tiempo y con un gasto menor. Por ejemplo, a bordo de ascensores espaciales.

De todas formas, el satélite terrestre no se presenta (por ahora) como el próximo destino residencial para la especie humana, sino más bien como un trampolín para la exploración de otros mundos. Hace casi medio siglo que no lo visitamos, pero cada vez son más los países (EE. UU., China, India, Israel, …) y organizaciones (la ESA) que desarrollan programas espaciales para pisar de nuevo la agujereada superficie lunar.

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