La teoría del suicidio de Tomás Gimeno parece inequívoca: tras lanzar los cuerpos sin vida de sus hijas Anna y Olivia al mar, Gimeno se habría lastrado con un cinturón de plomo y con la ayuda de dos biberones de oxígeno para alcanzar la máxima profundidad posible e imposibilitarse el retorno.

Eso es lo que baraja la Guardia Civil, y sobre lo que Manuel Marlasca, afirma, "no queda duda". El informe que ha emitido el Tribunal Superior de Justicia de Canarias para informar sobre el cese de la búsqueda apoya esta teoría, y ha recreado los que podrían haber sido sus últimos pasos.

Según exponen en el escrito, Tomás Gimeno "detuvo la embarcación tras la pérdida de señal del móvil, durante un corto periodo de tiempo, sus motores volvieron a funcionar y realizó una navegación de unos tres minutos".

Sería en este nuevo punto, donde paró de nuevo los motores, "donde Tomás hubiera podido arrojarse al mar", según baraja la autoridad judicial: "Lo más probable es que saltara en la zona de aparición de los biberones y posteriormente lo arrastrase la corriente".

Sin embargo, no se ha podido hallar su cuerpo, ya que "dadas las corrientes en el fondo, no se puede asegurar que un cuerpo lastrado con un cinturón de buceo no se desplazaría rodando pudiendo llegar a un lugar no determinado y, por tanto, fuera de la capacidad de búsqueda" del Alvariño.

El TSJC no descarta, por tanto, que el cuerpo haya podido quedarse varado entre las enormes grietas que alberga el fondo marino de Tenerife, con barrancos de hasta 700 metros de profundidad que hacen que sea "imposible" el hallazgo del cuerpo llegados a este punto y que, además, ponen en peligro al sonar que hasta ahora ha ejercido estas labores.