Andalucía vuelve a sumergirse este 19 de junio en el maremágnum propio de las elecciones. Aún no se ha decidido al ganador de estas autonómicas, a la persona que liderará la Junta de Andalucía, el Gobierno, durante los próximos cuatro años, pero las cartas parecen estar ya echadas: la mayoría -por no decir todas- de las encuestas apuntan ahora mismo y de forma clara a Juanma Moreno como vencedor de esta cita electoral anticipada (era un secreto a voces que el actual presidente andaluz quería adelantar la llamada a las urnas por la buena situación política que atraviesa). Pero ¿en qué posición queda la izquierda en este nuevo tablero? Los expertos y sondeos dicen, de momento, que no en una muy buena.

Ello a pesar de que los resultados que arrojaron los últimos comicios definieron dos claves a resolver entre el electorado progresista en el futuro inmediato: un nuevo arco político con fuerte presencia de la extrema derecha (Andalucía fue la primera comunidad española en la que Vox entró en el Parlamento, en 2018) y, en consecuencia, la imperiosa necesidad de reestructurar las prioridades y las propuestas de una izquierda actualmente incapaz de sumar para superar a Juanma Moreno y sumida en sus ya habituales guerras internas -y públicas-. Lo cierto es que, lejos de trabajar por una reunificación de fuerzas que permitiera una mayoría progresista, las brechas son más visibles que nunca.

De momento, las encuestas son claras: ya en plena campaña el Partido Popular de Juanma Moreno lidera los pronósticos con el 34,5% de los votos (en las últimas elecciones logró el 20,75%) y saca 8,6 puntos de ventaja sobre su principal rival. El PSOE, con su recién estrenado candidato, el exalcalde de Sevilla Juan Espadas, se quedaría con el 25,4% de los sufragios (frente a los 27,95% obtenidos en 2018). Unas cuentas que, además, vuelven a alimentar la posibilidad de un Gobierno de coalición, pero con diferente socio. Frente al estrepitoso golpe de Ciudadanos en Andalucía (3,5% de los votos frente al 18,3%), que sigue constatando su caída libre en cada cita electoral, alarma el crecimiento de la extrema derecha.

Los sondeos dan a Vox, encabezados en esta ocasión por la polémica Macarena Olona, la tercera posición en la tabla con el 17,4% de los sufragios frente al 11% de 2018. Unos números que, si no varían demasiado antes del 19J, dejarían la puerta abierta a la entrada del partido de Abascal en un nuevo gobierno, el de Juanma Moreno y el PP, tras conseguirlo en Castilla y León. Y en este entramado de porcentajes y apoyos, en números rojos están los de los partidos a la izquierda del PSOE: la coalición de formaciones que componen la recién nacida Por Andalucía apenas roza el 9% de los votos, mientras que Adelante Andalucía, agrupación liderada por Teresa Rodríguez, sufriría un notable varapalo, equivalente al de Cs en el bando de la derecha: del 16,18% en 2018 al 4,1%, según dictan las encuestas.

Más desunión que unión

¿Qué ha ocurrido aquí? ¿En qué estado llega ese espacio a la izquierda del PSOE a las elecciones del 19 de junio? Los politólogos Lluís Orriols y Pablo Simón lo resumen: dividida, fragmentada, y con un electorado desmovilizado. "Todos los sondeos indican que el nivel de desmovilización de estos votantes es prácticamente cuatro veces el de los votantes de la derecha. Es decir, oscilan entre el 15% y el 20% los votantes que optaron por la papeleta de Adelante Andalucía (en las últimas elecciones) y ahora están indecisos, en el blanco, en el nulo o en la abstención", ha indicado Simón, profesor en la universidad Carlos III de Madrid además de experto político, quien al mismo tiempo ha advertido: "Es gente potencialmente movilizable a lo largo de la campaña, pero desde luego no está activa de momento, a diferencia a la derecha. Y además llegan divididos entre ellos, con lo que eso supone en términos de eficiencia".

Así lo ve también Orriols, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y doctor por la Universidad de Oxford, añadiendo asimismo otro elemento clave en esta ecuación: "Los umbrales para conseguir escaño en muchas de las circunscripciones de Andalucía son relativamente altos: están en torno al 8%. Por tanto, con el hecho de que (las izquierdas) no vayan juntas es posible que queden excluidas de conseguir escaño en algunas circunscripciones en las que sí consiguieron en las anteriores elecciones. Por eso, que vayan divididos aquí sí que tiene influencia". Y ha precisado: "En las elecciones de Madrid no era muy relevante si estas candidaturas iban separadas o no, más allá del estado de ánimo que generaba esa división, pero aquí sí es importante por el efecto aritmético".

Pero ¿cuál es ese efecto? Ese umbral que ha indicado Orriols y ha subrayado su colega. "Sacar un 4% o 5% por Málaga, Cádiz o Sevilla te garantiza un diputado, pero en Jaén necesitas un 7% o un 8%. Si no llegas a sumar el mínimo es complicado conseguir representación, por lo que es muy probable que los votos de estas candidaturas se terminen perdiendo sin conseguir escaño", ha deducido Simón, enfatizando que, además de Jaén, en provincias como Almería y Huelva las cosas se pondrán más "difíciles" para esa izquierda a la izquierda del PSOE, dado que son territorios clave en los que se hace realmente necesario activar la red de militantes o de potenciales votantes. "Ahí está la diferencia entre conseguir un grupo parlamentario de tres diputados o conseguirlo de ocho o nueve. Depende de ser viable o no en todas las provincias andaluzas", ha argumentado Simón.

En las elecciones de Madrid no era muy relevante si estas candidaturas iban separadas o no, más allá del estado de ánimo que generaba esa división, pero aquí sí es importante por el efecto aritmético"

Lluís Orriols (politólogo)

"El problema que tiene la izquierda aquí es cómo le puede dar electricidad a la campaña. Si no es capaz de hacer que la gente salga, va a sufrir. Y todo parece indicar que la carta Vox no es suficiente. Al menos, de momento no está funcionando", ha esgrimido el politólogo, advirtiendo que, en consecuencia, la llamada 'abstención diferencial' "importa": "En unas elecciones generales te vota el 69% del censo más o menos; en Andalucía, en las pasadas elecciones, votó el 56%. Hay unos 400.000 votantes de izquierda que sí salieron en las generales pero que no salieron en las andaluzas, eso puede generar oscilaciones".

Es decir, que no todo ese voto a la izquierda puede acabar siendo desmovilizado, y aquí entra en juego otro elemento fundamental para conocer cómo se va a dibujar la nueva Junta de Andalucía, y qué colores primarán sobre el resto: si ese votante que ha sufrido una desafección con Adelante Andalucía o Por Andalucía no se queda en casa, ¿a quién podría votar? Simón cree que se está viendo sobre todo "PSOE o casa", aunque con matices: "Muchas veces, el votante hace la transición en dos pasos: primero se abstiene y luego vota por otro. Cambiar directamente, según qué votante, cuesta".

¿Ganaría la unidad?

¿Habría sido mejor entonces una confluencia mayor entre las plataformas? ¿Sería diferente el actual escenario si Adelante Andalucía y Por Andalucía hubieran optado por ir juntas al 19J? Los expertos discrepan sobre esta cuestión. Orriols cree que "en términos mecánicos, sí", en la medida en que pueden ser capaces de superar esa línea clave de porcentaje de voto para conseguir representación parlamentaria. Aunque ha matizado: "Otra cuestión es el estado de ánimo que esto (la división o la unión) genera. A veces, ir por separado te permite movilizar más. Captas más sensibilidades, consiguiendo que cada uno se dirija a un target distinto. Se consigue entrar en sintonía con los votantes de forma mucho más firme, y por tanto se moviliza a más gente. Pero otras veces genera desaliento y desánimo ver división y disputas en tu espacio ideológico".

Otra visión distinta mantiene Simón, que aunque reconoce que si se suman las estimaciones de voto actuales de ambas formaciones se acercan a los resultados obtenidos por Adelante Andalucía en 2018, también cree que hay que tener claro que en una coalición electoral "uno más uno nunca es dos". Es decir, hay votantes que "siempre van a rechazar votar una candidatura conformada con otro partido, por lo que tienes que ver si el saldo te sale positivo, que aunque pierdas votos por el camino el resultado te permita entrar en más provincias que si fueras solo". Para ello, es necesario un escenario de sintonía y buenas relaciones que, según el experto, no se dan ahora mismo en el juego andaluz.

"Esto hace que, si fueran juntos en una candidatura común (refiriéndose a Adelante Andalucía y Por Andalucía), podría suceder que mucha gente se negara a votarles porque se han odiado mucho en esta legislatura. No tendría ningún sentido para sus potenciales votantes porque se han estado peleando a cara de perro, expulsando incluso a Teresa Rodríguez del Parlamento andaluz". En esta línea, para el profesor, esa serie de sucesos que han socavado la relación entre ambas formaciones, hasta el punto de que Por Andalucía intentara provocar la expulsión de Adelante Andalucía de los debates electorales, responden a una reacción "desde las tripas y vísceras, no de estrategia electoral", porque ninguna candidatura "gana nada" con esas discusiones públicas.

Y sin embargo, según añade Orriols, la bronca que copa ese espacio a la izquierda del PSOE no parece afectar, en principio, a las opciones que manejan ambas formaciones. "Vamos a ver qué dicen las próximas encuestas, pero ninguna de las que ha salido hasta ahora parece avalar esa tesis. Tal y como se gestionaron las candidaturas de las coaliciones, podríamos pensar que generaría desánimo, pero las encuestas no muestran esto. De momento, no parece que estén particularmente desmovilizados esos electores, y tampoco las encuestas parecen avalar que estas izquierdas empiecen mal".

Entre el 'efecto Yolanda Díaz' a los números para gobernar

Una de las dudas que se mantienen aún entre los expertos en las ciencias políticas es si Yolanda Díaz podría tener un rol clave en la evolución de las estimaciones de voto en Andalucía. Más bien, si la coyuntura política que determina el actual panorama a nivel nacional podría afectar significativamente en la decisión de voto el próximo 19 de junio. El propio Orriols advierte que la gente "no solo ve a Yolanda Díaz y un proyecto nuevo, ve una cuestión en proceso de construcción, aún embrionario, con cierto resquemores entre actores que deben ponerse de acuerdo. Por tanto, también se ven expectativas de fracaso". Así, el politólogo no cree que "haya un 'efecto Yolanda Díaz', ni mucho menos". Y si así fuera, se vería más adelante porque "ahora mismo solo ha iniciado un proceso de escucha que no ha culminado en nada todavía".

Tampoco lo piensa Simón, pero por otra razón distinta: "Ella no se va a implicar porque este no es su proyecto. Y si el resultado es malo, y todo anticipa que será malo (para la izquierda), se le atribuirán a ella ciertas expectativas a nivel nacional. Es decir, si se establece un vínculo demasiado claro entre esa apuesta por la izquierda andaluza y Yolanda Díaz, se puede dar el caso de una plataforma de la cual se dice: 'Veis, ni siquiera aquí está remontando'". Aun así, ambos creen que la figura de Díaz sí puede ser clave en un futuro no muy lejano. "Es una de las grandes incógnitas para el próximo año. No podemos decir que la izquierda está perdida ya. Lo tiene muy mal y está habiendo un cambio de ciclo, pero también es verdad que ese espacio no está aún reconfigurado, y por tanto hay una incógnita a despejar ahí que aún no sabemos", considera Orriols.

De cada diez escenarios, solo en uno ganaría la izquierda. Tendría que ocurrir algún tipo de shock que ahora no somos capaces de anticipar para que algo cambiase"

Pablo Simón (politólogo)

Con esta serie de factores sobre la mesa, la pregunta clave: ¿tiene la izquierda posibilidades reales de gobernar? En principio, no. "Uno no puede descartar nada al 100%, pero de cada diez solo en uno ganaría la izquierda. Si tuviera que darle un porcentaje de probabilidades, diría que es un escenario muy poco probable", admite Simón, quien reconoce al mismo tiempo que es una valoración "realista" porque, a la hora de la verdad, "tendría que ocurrir algún tipo de shock que ahora no somos capaces de anticipar". Algo que no solamente no ha sucedido aún, sino que, de darse, tendría que generar un "corrimiento de tierras" tal para presentar verdadera batalla a Moreno Bonilla, a quien las cuentas sí acompañan.

"El 40% de los andaluces valoran bien o muy bien el Gobierno de Moreno Bonilla, y solo el 20% valora igual el de Pedro Sánchez. (El líder del PP) tiene el clima de cara, mientras que el PSOE tiene una organización que no ha dejado de perder votos y escaños desde 2008, un candidato desconocido (solo lo conoce el 52% de los andaluces); tiene que hacer por primera vez campaña desde fuera de la Junta. Y los partidos a su izquierda están muy atomizados y fragmentados, por lo que la probabilidad de que hubiera un vuelco inesperado es muy baja", plantea Pablo Simón.

De esta forma lo ve también Lluís Orriols, que considera que el espacio a la izquierda del PSOE "va a perder votos en comparación con lo que obtuvo hace tres años", y de momento no se está viendo que los socialistas sean capaces de "compensar y sobrecompensar" esa caída del espacio cercano "para conseguir aquello que no consiguió hace tres años". El doctor agrega a esta compleja operación matemática otro factor clave: "Las elecciones en Andalucía no son solo en Andalucía, porque están altamente contagiadas, contaminadas, por lo que piensa la gente a nivel nacional. Hay una porción importante de gente que al votar en las andaluzas están pensando más en las dinámicas nacionales que en las regionales".

Ahora mismo, con la campaña electoral ya en pleno funcionamiento, todos los datos apuntan a que está habiendo un cambio de ciclo en el que el Gobierno de España cada vez está sufriendo más en popularidad. Por contra, el PP está consiguiendo limar sus principales déficits en los últimos años. Unido a la aparición de Feijóo en la política nacional, Juamna Moreno está consiguiendo calar además entre los electores más moderados, entre gente sin una idea clara de su voto. Así, el clima de opinión nacional como el regional no apuntan, visto lo visto, a que vaya a darse un castigo al gobernante. No es de extrañar, viendo lo que ha sucedido en territorios como Madrid o Castilla y León.