La historia nos ha contado a lo largo de los años que los efectos económicos derivados de las pandemias, las guerras y otras catástrofes no se conocen hasta pasados varios años. Con la crisis de la COVID-19 esto ha cambiado, gracias al monitor de la desigualdad en tiempo real que ha puesto en marcha CaixaBank Research junto a la Universidad Pompeu Fabra y el Institute of Political Economy and Governance, que utiliza datos de tres millones de nóminas de usuarios de la entidad anonimizadas.

El aumento de la desigualdad suele ser uno de los efectos más comunes en este tipo de situaciones y en esta ocasión no ha sido diferente. Aunque, según el indicador, las ayudas públicas del Gobierno han amortiguado notablemente la situación: de lo contrario el aumento de la desigualdad hubiera sido "fortísimo".

Los jóvenes y los inmigrantes, los más castigados por la desigualdad

Esto se puede comprobar atendiendo al porcentaje de población sin ingresos a lo largo de los meses de la pandemia. En marzo, antes de las ayudas públicas, el porcentaje hubiera sido del 19,39% y tras las ayudas del sector público esa puntuación bajó hasta el 7,24%.

En mayo la situación se hubiera agravado notablemente: la población sin ingresos en España hubiera llegado hasta el 30,53%, pero gracias a la actuación del sector público se quedó en un 9,22%. En agosto, con la desescalada completada y ya en fase de nueva normalidad con escasas restricciones, el porcentaje de personas sin ingresos antes de las ayudas públicas hubiera ascendido hasta el 26,6%, pero finalmente se quedó en un 13,21%.

El monitor también proporciona datos segmentados por tipo de población: los jóvenes son uno de los grupos con más porcentaje de personas sin ingresos y es que tras las ayudas públicas, en marzo eran un 11,18%, un valor que fue aumentando hasta agosto, cuando se situó en un alto 20,89%.

Otro de los grupos más castigados ha sido el de los inmigrantes: en marzo había un 11,4% sin ingresos, un dato que en en junio se elevó hasta el 14,09% y que en agosto alcanzó el 18,8%.

El porcentaje de personas con ingresos bajos -menos de 1.000 euros mensuales- se ha visto reducido también gracias a las ayudas públicas y es que mientras que en febrero había un 19,1% de personas en esta situación, en abril ese porcentaje bajó hasta el 17,8% y en agosto se situó en un 15,7%.

Una tendencia a la baja que hubiera sido totalmente contraria sin prestaciones: en abril se hubiera alcanzado el 26,8% y en agosto el 25,9%, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico.

El índice de la desigualdad, disparado en marzo y abril

Un indicador clave es el índice Gini, que analiza el nivel de desigualdad salarial. La desigualdad -sin contar con las ayudas públicas- se hubiera disparado de forma abrupta en los meses de marzo (49,46) y abril (55,47) -10 puntos por encima del nivel registrado en febrero- coincidiendo con el confinamiento domiciliario del pico de la primera ola de la pandemia. Tras esto, en mayo y junio, durante la reactivación económica de la desescalada, los valores del índice Gini se hubieran mantenido elevados, marcando un 55,24 en junio y un 49,76 en agosto.

Estos datos dan un importante vuelco cuando las transferencias públicas, como por ejemplo las prestaciones por ERTE, entran en juego. El nivel de desigualdad aumenta aunque muy por debajo de lo que habría aumentado sin estas ayudas: la puntuación de abril se sitúa en los 42,40 puntos, la de junio en 47,27 (ocho puntos por debajo del resultado sin ayudas) y la de agosto en 43,02.

Baleares y Canarias, las más afectadas si no fuera por las ayudas

La desigualdad también se ha cebado especialmente en determinadas comuniades autónomas: en abril -sin contar con las ayudas del Estado-, Baleares y Canarias hubieran liderado ránking de territorios con más desigualdad, seguidas de Madrid, Galicia, País Vasco y Comunidad Valenciana. Una situación que se revirtió contando con las transferencias públicas, que ayudaron a equilibrar los niveles entre regiones.

Los últimos datos proporcionados por el monitor nos muestran la situación en agosto, ya entrados en la llamada "nueva normalidad". En esas fechas la desigualdad sin contar con las transferencias públicas se hubiera cebado especialmente con Baleares, Canarias, Madrid y Cataluña. Una vez más, según los datos proporcionados por CaixaBank, las ayudas públicas ayudaron a equilibrar la situación entre comunidades.