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Con esencia de 4x4

A prueba el Jeep Wrangler 4xe: electrificación necesaria para salvarlo

Hemos viajado hasta Ibiza para tener una primera toma de contacto con el nuevo Jeep Wrangler 4xe, la versión PHEV del mítico todoterreno.

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Atresmedia Jeep

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El sector del automóvil está sufriendo drásticos cambios, cambios que también afectan de manera inexorable a los modelos más míticos. Dentro de este selecto grupo entra el Jeep Wrangler, un todoterreno que lleva desde años inmemorables viéndose las caras con competidores tan duros como el Mercedes-Benz Clase G o el Toyota Land Cruiser. Sin embargo, para poder proseguir con su vida de 4x4, la gente de Jeep ha tenido que concebir lo que se conoce como Jeep Wrangler 4xe, la variante PHEV del todoterreno. Ya lo hemos probado y estos son todos sus entresijos.

Nos hemos desplazado hasta Ibiza para conocer a la nueva propuesta de Jeep, un vehículo que, bajo su premisa de híbrido enchufable, busca convertirse en un coche apto para el mundo urbano pero, ¿realmente lo habrá conseguido? Y lo más importante, ¿sigue siendo un 4x4 puro y duro pese a su nueva condición? Vamos a descubrirlo.

Jeep Wrangler 4xe: evolución necesaria

Los tiempos cambian, y con ellos la legislación que afecta, entre otros, al sector automovilístico. De esta manera, marcas como Jeep se han tenido que desprender poco a poco de motores diésel de descomunal par o propulsores gasolina de gran cilindrada en pro de otros esquemas mecánicas igual de potentes -e incluso más- pero comprometidos con el cuidado del medioambiente.

Prueba irrefutable de ello es el nuevo Jeep Wrangler 4xe, variante que, de la mano de dos motores eléctricos y un cuatro cilindros turbo, es capaz de producir 381 y 637 Nm de par. Pero antes de entrar en el campo de las prestaciones y las sensaciones, permitidme llevar a cabo un repaso del apartado estético de esta nueva versión más ecológica.

Lo cierto es que el Wrangler 4xe cambia más bien poco respecto al Wrangler convencional, manteniendo intacta su diseño de todoterreno puro y duro. Su esencia de híbrido enchufable la desvelan diferentes detalles en azul, las insignias específicas de esta versión y, por supuesto, la toma de carga situada en el lateral delantero izquierdo.

En el habitáculo sucede algo similar, donde los principales cambios se aprecian en una botonera colocada a la izquierda del volante para seleccionar entre modo híbrido -el coche orquesta el uso de cada motor- o 100% eléctrico; un cuadro de mandos en el que encontramos información sobre el apartado híbrido y un potenciómetro que sustituye al tacómetro y una pantalla de 8,3 pulgadas táctil que ofrece una respuesta rápida y fluida y admite tanto conexión por medio de Apple CarPlay y Android Auto.

Los materiales siguen siendo espartanos, dejando que el plástico duro recubra hasta el recoveco más recóndito del Wrangler. Y es que si bien sus ajustes no son malos, si echo en falta algún material blando y agradable al tacto teniendo en cuenta que estamos ante un 4x4 que coquetea con los 70.000 euros.

Un híbrido enchufable con las ideas claras

Pero ya basta de rodeos, vamos directamente al quid de la cuestión: cómo va el nuevo Jeep Wrangler 4xe. Lo primero que debemos saber es que la variante híbrida enchufable del todoterreno americano recurre a un motor de 2.0 litros y cuatro cilindros sobrealimentado por turbo y a dos propulsores eléctricos -uno situado en la propia caja de cambios y otro en el eje posterior- para producir un total de 381 CV y 637 Nm de par.

Para gestionar todo esta potencia, Jeep ha apostado por una caja de cambios ZF de ocho relaciones de tipo convertidor de par. Mientras que en modo automático las transiciones son algo perezosas, cuando somos nosotros los que comandamos los cambios por medio del modo secuencial nos topamos con una respuesta más fluida.

Sobre el papel el Jeep Wrangler 4xe es rápido, y sobre el asfalto también lo es. El 4x4 híbrido es capaz de firmar un 0 a 100 en 6,4 segundos, mientras que la velocidad máxima está limitada a 177 km/h. Sin embargo, y pese a la descomunal aceleración que experimentamos a los mandos del 4xe, no es un coche ideado para correr.

En autopista tendremos que pelarnos con la dirección para conseguir mantener al Jeep Wrangler en el sitio, así como frenar con antelación para reducir al máximo las inercias de la carrocería. Pese a que el confort es notable gracias a unos recorridos muy largos de la suspensión, es sencillo encontrarnos con ciertos ruidos aerodinámicos debido a su diseño, la dirección es poco comunicativa y está sumamente desmultiplicada.

En carretera la situación no cambia demasiado, acentuándose los balanceos de la carrocería cuando afrontamos una zona de curvas. Pero es que al fin y al cabo el Jeep Wrangler 4xe sigue siendo en esencia lo que se supone que lleva siendo desde su nacimiento: un todoterreno de los pies a la cabeza. Esto conlleva un comportamiento mejorable fuera del asfalto pero unas capacidades off-road envidiables incluso como híbrido enchufable.

Esto se debe a que Jeep ha mantenido intacto el esquema del Wrangler, ofreciendo igualmente reductora, bloqueo de diferenciales delantero y trasero, ejes Dana, el bloqueo eléctrico de ambos ejes Tru-Lok o la desconexión de la barra estabilizadora delantera entre otros sistemas que nos garantizan el más rotundo de los éxitos fuera de la carretera. Así lo demostró en la prueba por tierra, en la que diferentes resaltos, barro y dubbies intentaron frenarlo.

Pero, ¿cómo se extrapola todo este conjunto a la ciudad? No debemos olvidar que aunque el Wrangler 4xe cuente con una batería de iones de litio de 17,3 kW de potencia capaz de garantizar 50 kilómetros de autonomía en el mundo urbano y sobre 44 en un uso mixto, sigue siendo un todoterreno de armas tomar.

Y es que pese a la etiqueta CERO en el limpiaparabrisas y a esta capacidad para abordar el corazón de grandes núcleos urbanos sin emitir ni una sola mota de CO2, el Wrangler es un vehículo grande. La gran visibilidad o las diferentes ayudas al estacionamiento no nos evitarán sufrir en algunas calles o maniobrar con el 4x4 americano, un coche que sigue siendo para lo que es: circular por zonas no asfaltadas sin preocupaciones.

Entonces, ¿merece la pena el Jeep Wrangler 4xe?

Una de las principales condiciones para poder responder a esta pregunta de manera afirmativa es contar con un cargador en casa, en el trabajo o bien en ambos sitios; de lo contrario carece completamente de sentido tener no solo un Wrangler 4xe, sino cualquier PHEV. Si en vuestro caso contáis con uno o podéis disponer de uno tras la adquisición del 4x4 híbrido, entonces vamos a analizar otros matices.

Con el diésel fuera de juego, el Jeep Wrangler tan solo se ofrece con la mecánica 4xe y con la gasolina alimentada por el mismo cuatro cilindros turbo. Si seguimos adelante con el PHEV debemos saber que hay tres acabados disponibles para este: Sahara, Rubicon y 80th Anniversary, dejando el Sport para la variante de combustión.

El Jeep Wrangler 4xe tiene un precio de partida de 68.900 euros, es decir, 3.300 euros más que el Wrangler convencional de cuatro puertas y acabado Sahara. ¿Merece la pena esta inversión? Si contamos con un cargador en casa, somos asiduos visitantes del campo o rutas off-road y de vez en cuando necesitamos acceder a la ciudad o recorrer vías interurbanas, la respuesta es sí, este es vuestro coche.

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