Así andan los portavoces parlamentarios. Pidiendo orden al Gobierno de coalición. En las últimas horas, han sido varios grupos parlamentarios los que han afeado a PSOE y Unidas Podemos que aireen sus miserias en vez de centrarse en legislar y poner en valor que hay una mayoría parlamentaria dispuesta a apoyar leyes con avances sociales.

En las últimas horas se ha quejado en público Aitor Esteban , portavoz del PNV, socio preferente de la coalición. Ha sido muy tajante asegurando que "empieza a cansar este tour de force de la coalición". Asegura que toman decisiones en base a presiones sin consultar a quienes luego necesitan para salvar las votaciones. Esteban ha terminado dejando claro que ellos prefieren otra forma de hacer política: "a nosotros nos gustan las cosas ordenadas". Es una forma sutil y educada de decir que no soportan las broncas en vivo y en directo, las filtraciones interesadas a la prensa o las burdas maniobras para quedar por encima del rival.

Pero no ha sido el único. También han levantado la voz grupos tan dispares como Bildu y Ciudadanos. Ambos coinciden en que las discrepancias de los socios están empañando leyes importantes. "No jueguen con cosas tan serias" les han pedido, proclamando que "deberían estar todos a una".

Pero lo de funcionar como un solo Gobierno queda ya lejano. Cada semana es más evidente. Ayer, por primera vez, Unidas Podemos rompió la unidad de voto con el PSOE. Los de Iglesias no apoyaron la iniciativa sobre la Ley de Igualad de trato, conocida como Ley Zerolo, que el PSOE llevó al pleno. En la práctica no supone nada porque la tramitación seguirá adelante pero se evidencia públicamente que las grietas son cada vez más grandes y que pueden poner en peligro la estabilidad. No es sólo que los dos socios piensen diferente, algo que ya sabíamos, es que ahora ya no son capaces de ponerse de acuerdo antes de votar sus leyes en el Congreso.

Además, ambos grupos se echaron los trastos a la cabeza desde la tribuna del hemiciclo, a la vista de todos. Desde Unidas Podemos acusaron a los socialistas de ser desleales y de desvirtuar el pacto de coalición. El PSOE respondió criticando otra iniciativa que Podemos llevó al pleno sobre la ley del aborto.

La guerra está servida. Los socialistas afirman, amenazantes, que la puerta a votar diferente la han abierto los morados, dando a entender que no descartan que ellos les paguen con la misma moneda en cualquier otro momento. Ocasiones habrá porque su relación está llena de zancadillas. La relación que no mejora, empeora. Y a día de hoy no parece que estén dispuestos a enterrar el hacha de guerra. Tienen peleas en cuestiones varias: la ley trans, el ingreso mínimo vital, el aborto, el Rey emérito o la reforma de los delitos relacionados con la libertad de expresión. Lo cierto es que en esta pelea de tumbarse iniciativas, Unidas Podemos tiene las de perder porque los 120 votos de los socialistas valen más que los 35 de los de Iglesias. Y, además, los de Sánchez tienen más fácil apoyarse en el PP para salvar algunas cuestiones de Estado.

Tanto Adriana Lastra como Pablo Echenique han reconocido en las últimas horas que necesitan altas dosis de paciencia para convivir en coalición. Unos y otros se acusan de provocar las tensiones y nadie entona el mea culpa. Tienen objetivos distintos y no están dispuestos a ceder.

La madre de todas las batallas pasa por el Ministerio de Igualdad. Al PSOE le cuesta asumir que pertenece a Unidas Podemos. Carmen Calvo se niega a perder iniciativa en una bandera, ahora hondeada por Irene Montero, pero que la Vicepresidenta siente muy suya y muy del PSOE. Desde Igualdad culpan a Moncloa de ningunear sus propuestas. Ninguno de los dos socios está dispuesto a renunciar a sus posiciones. Veremos si se rompe la soga y por dónde acaba rasgada. Quizá tenga razón un audaz portavoz parlamentario cuando dice que acabaremos el año con Gobierno pero es posible que sin coalición. ¡Un poco de orden, por favor!