Los filtros solares son sustancias que absorben radiación ultravioleta. Hay dos tipos: físicos y químicos, que se diferencian entre sí por su composición, solubilidad y mecanismo de absorción. Los dos tipos de filtros son seguros y eficaces. No obstante, hay quien por desconocimiento asocia la palabra "químico" con "tóxico". Esto es un error. Ningún filtro solar utilizado en cosmética es tóxico. También hay quien hace esa asociación deliberada para vender su producto denigrando a la competencia. Como en todo, hay quien solo es capaz de brillar apagando las luces de otro.

Desde el punto de vista del consumidor debería ser indiferente si un cosmético contiene filtros de un tipo o de ambos. Lo realmente importante para la salud es usar el producto como es debido, siguiendo las instrucciones del fabricante, y escoger un índice de protección solar (SPF) adecuado y con una cosmeticidad que se adapte a las necesidades de cada uno.

¿De qué están compuestos los filtros solares?

Los filtros físicos son compuestos inorgánicos, cuyo elemento principal es un metal. Son óxidos metálicos, por eso también se les puede llamar filtros minerales. Los más habituales son el dióxido de titanio y el óxido de zinc.

Los filtros químicos son compuestos orgánicos, cuyo elemento principal es el carbono, por eso también se les conoce como filtros orgánicos. Los más utilizados por los laboratorios dermatológicos son el ethylhexyl salicylate, ethylhexyl triazone, bis-ethylhexyloxyphenol methoxyphenyl triazine (comercialmente conocido como Tinosorb S), butyl methoxydibenzoylmethane (conocido como avobenzona), terephthalylidene dicamphor sulfonic acid (conocido como Mexoryl SX) y drometrizole trisiloxane (conocido como Mexoryl XL).

¿Cómo funciona cada tipo de filtro solar?

A menudo se explica su funcionamiento como si los filtros físicos fuesen una suerte de espejos que reflejan la radiación y como si los filtros químicos sufriesen reacciones químicas en las que absorben radiación ultravioleta. Aunque esta explicación resulta útil, también es inexacta. Los mecanismos por los cuales estas sustancias actúan como filtros solares se pueden explicar a través de la química cuántica. Aunque es una rama compleja de la ciencia, que nadie se asuste, porque es posible explicar esto como si fuesen coches en movimiento.

Todas las cosas están formadas por átomos: el aire, la piel, el agua, una manzana o la crema solar. Podemos imaginarlos como un núcleo con carga positiva rodeado de una nebulosa con carga negativa: los electrones. Cuando los átomos están unos unidos a otros dan lugar a moléculas o cristales en los que las nebulosas de electrones se fusionan. Las nebulosas de electrones «se mueven» ante determinados estímulos (calor, presión, radiación…) y eso da lugar a multitud de fenómenos, entre ellos su capacidad de absorber radiación ultravioleta que la invierten en «moverse».

Para explicar qué es lo que ocurre en un filtro físico y en un filtro químico hay que imaginarse que las nebulosas de electrones son coches viajando por una carretera.

¿Cómo funcionan los filtros físicos?

Los filtros físicos son materiales semiconductores, eso quiere decir que para mover la nebulosa de electrones necesitan de un empujón. Ese empujón es la radiación ultravioleta.

Atendiendo a su conductividad, los materiales se pueden clasificar en conductores (no necesitan empujón), semiconductores (necesitan empujón) y aislantes (ningún empujón hará que la nebulosa de electrones se mueva).

Un semiconductor es como un coche que se encuentra un desnivel en la carretera, pero este es salvable si pisa un poco el acelerador (da un empujón). Con un acelerón extra el coche puede seguir circulando por la carretera. Eso que en un coche equivaldría a pisar el acelerador, en química equivale a absorber radiación de un rango de energía concreto, el justo para poder ascender por la carretera. En el caso del dióxido de titanio y el óxido de zinc, esa energía es la ultravioleta. En un cosmético esto se traduce en que los filtros físicos absorben la radiación ultravioleta evitando que llegue a la piel.

A este fenómeno hay que sumarle otro llamado fluorescencia: transforman radiación ultravioleta en radiación visible. Tanto el dióxido de titanio como el óxido de zinc absorben radiación ultravioleta (para subir la cuesta), la disipan y a continuación la reemiten con una energía menor que cae dentro del espectro visible (bajada de la cuesta). Igual que un coche gana velocidad en los descensos, en mecánica cuántica esto se traduce en que los electrones emiten energía cuando bajan de nivel. Por eso se suele hacer la simplificación de que los filtros físicos absorben radiación ultravioleta y la transforman en radiación inocua para la piel como la radiación visible, en este caso luz blanca. Este fenómeno de fluorescencia es el responsable de que estos pigmentos sean de un intenso color blanco.

La principal desventaja de los filtros físicos es que, además de tener color blanco, son insolubles, es decir, no se disuelven sino que están dispersos en la fórmula. Para minimizar esto, en la actualidad se reduce el tamaño de partícula entre 30 y 100 nanometros (“nano” significa un milímetro dividido en un millón de partes). 30 nanometros es el mínimo tamaño permitido por las autoridades sanitarias para evitar que la sustancia penetre a través de la piel. En la lista de ingredientes son fáciles de reconocer, ya que contienen la palabra nano: titanium dioxide (nano), zinc oxide (nano).

¿Cómo funcionan los filtros químicos?

Los filtros químicos son cromóforos, eso quiere decir que los átomos de carbono que los componen están unidos entre sí formando anillos. Las nebulosas de electrones ocupan todo el anillo y «se mueven». Son como un coche circulando en una rotonda.

Al circular en una rotonda hay que ir corrigiendo la dirección. Para hacerlo, en lugar de consumir combustible, los cromóforos consumen radiación.

De tanto circular por la rotonda, el coche acaba calentándose. Es decir, hay una parte de la energía que se disipa como calor. Esto mismo es lo que sucede con los filtros químicos, por eso se suele decir de forma simplificada que son compuestos que absorben radiación ultravioleta, la usan para «mover electrones» y la transforman en radiación inocua para la piel como el calor.

Los filtros químicos tienen varias ventajas cosméticas. La principal es que son compuestos solubles, así que se pueden conseguir fórmulas ultraligeras. La segunda ventaja es que no tienen color. No emiten radiación visible, sino calor, que es invisible, así que los cosméticos no dejarán rastro blanco.