Las elecciones en Madrid tienen hoy una realidad opuesta a la que existía ayer. El simple hecho de plantear la incertidumbre con un solo movimiento de candidato en unas elecciones en las que todos los elementos apuntaban a una mayoría de Isabel Díaz Ayuso con VOX es un éxito que no se puede cuestionar. Las variables son tantas y tan diversas que no puede valorarse con precisión y conocer hasta qué punto serán favorables a los intereses de la izquierda, pero sí sabemos que mejoran de manera sustancial las posibilidades que hasta ayer eran nulas. La izquierda en Madrid era un páramo sobre el que la derecha cabalgaba desbocada hasta que Pablo Iglesias ha dejado la vicepresidencia para competir en el peor escenario posible. Un gesto audaz e inesperado que mueve a todos sus oponentes.

La candidatura de Pablo Iglesias a la Comunidad de Madrid supone un shock de dimensiones poco evaluables con tan poco tiempo transcurrido desde el anuncio, pero sí permite trazar algunas líneas básicas sobre cómo han cambiado las expectativas del espectro de la izquierda en Madrid y cómo transcurrirá la campaña. Pablo Iglesias ha resucitado al muerto que era la izquierda ante Ayuso. Un espacio político que llegaba a las elecciones como un ente catatónico incapaz de competir con la maquinaria reaccionaria que se activa cuando se trata de asegurar el poder y el dinero para las terminales mediáticas conservadoras.

Pablo Iglesias ha cambiado el marco de las elecciones. Su simple presencia ha hecho que Ayuso ya lo considere el rival a batir cuando ella era la pieza protagonista de las elecciones del 4 de mayo. “Comunismo o libertad”, fueron sus primera palabras, cambiando el lema que había sido su leitmotiv desde su convocatoria de elecciones. La protagonista ya no es Ayuso. Todos los movimientos a partir de ahora parten de una sorpresa, del movimiento inesperado de Pablo Iglesias que ha transformado la presencia de Podemos en las elecciones de agente marginal que luchaba por no desaparecer debajo del 5% a ser el elemento sobre el que pivotan toda la actualidad, la agenda y la acción política del resto de candidatos.

La polarización ya existía antes de llegar Iglesias a la escena madrileña. Los marcos del lenguaje utilizados por Isabel Díaz Ayuso con el lema “socialismo o libertad” habían planteado la campaña como un juego dilemático, o ella o el caos, solo que en el otro lado no había ningún candidato, sino un imaginario ficticio creado por la reacción para justificar sus políticas basado en un ilusorio gobierno socialcomunista. Ahora ese dilema tiene dos jugadores, Pablo Iglesias ha llegado para ocupar el polo vacante sobre el que Isabel Díaz Ayuso había planteado el relato.

La maniobra del líder de Podemos ha trastocado los planes de una derecha que navegaba apaciblemente, convencida de que sería un paseo militar y ahora balbucea a la hora de plantearse la posibilidad de encontrarse en una debate cara a cara con el candidato de Podemos. La presencia de Iglesias movilizará más aún a una derecha ya de por sí hipermovilizada en cada convocatoria electoral, pero con la novedad de que opera como un agente movilizador de una izquierda sumida en el hastío. Donald Trump perdió las elecciones movilizando más voto que el que le llevó a ganar a Hillary Clinton, pero se le derrotó al movilizar más voto para evitar su reelección. El problema de la izquierda siempre ha sido sacar a los suyos, tener al candidato más fuerte posible en su espectro ideológico es la única manera de paliar ese hándicap en un entorno social de decaimiento y desesperanza generalizada.

El movimiento de Iglesias no solo tiene una traslación local. De hecho tiene muchas más implicaciones a nivel nacional que regional. En el vídeo del anuncio el todavía vicepresidente del gobierno ha hecho una advertencia velada a Pedro Sánchez por su coqueteo con Ciudadanos y el rumor en la corte del adelanto electoral: “No se gana a la derecha con pactos con partidos de tránsfugas”. El mensaje de Pablo Iglesias busca cortar de raíz los deseos de Iván Redondo con un nombramiento que espanta en las filas del PSOE a nivel electoral, Yolanda Díaz como candidata de Podemos en unas elecciones es la peor pesadilla de Pedro Sánchez. Es la candidata mejor valorada dentro de las filas del electorado socialista incluso por encima del propio presidente. Todos los elementos de la decisión establecen un panorama que detiene de forma abrupta la percepción de caída del espacio electoral de Podemos, y aún sin jugarse la batalla de Madrid, porque ahora la posibilidad de ganar Madrid está abierta y es impredecible. Porque es cierto, Pablo Iglesias es un candidato que no gusta nada a la derecha madrileña, pero es que no es a ella a quien le tiene que gustar.