Sumar, Más Madrid y los Comunes son incompatibles con Podemos. Pueden repartir culpas según sus filias y fobias, pero sin importar a quién consideren responsables y según lo hagan haciendo introspección sincera saben que nadie de esas formaciones quiere compartir espacio con los otros porque los consideran enemigos. Se odian. A muerte. No se quieren ver. Muchos de los votantes de todas esas formaciones no votarían una confluencia que les uniera a todos. Hasta ese punto ha llegado el odio primitivo que se tienen. Por eso cuando Gabriel Rufián dijo en el acto que quiere dentro a Irene Montero e Ione Belarra lo mejor que se escuchó fue un silencio incómodo cuando no algunas imprecaciones, por eso en Podemos rechazaron la propuesta de Rufián antes de escucharla. Aunque tras escucharla no hay nadie en su sano juicio que quiera hacer política pueda tenerla en consideración porque significaría su desaparición para el beneficio de ERC y sin ninguna garantía de que sirviera para nada.

Podemos ha decidido que solo haría alianzas con IU dejando a un lado a Sumar y las fuerzas que lo componen, pero es que Más Madrid jamás concurrirá en Madrid en una coalición con IU, así que imaginen con Podemos. No va a ocurrir. Dejemos de pensar en esa posibilidad y busquen lo que pueden hacer para aportar olvidándose de eso. Ione Belarra afirmo que a veces lo importante es la calidad y no la cantidad, puede que a veces eso ocurra, pero cuando te presentas a unas elecciones es una de las veces en que sucede lo contrario. Lo único que importa es la cantidad, lo primero porque no hay votos de más calidad que otros. Eso es lo especial de la democracia, que iguala a todos; al bioquímico molecular con el analfabeto, al multimillonario con el pobre, a la buena persona con el psicópata. No existen los votos de calidad, solo la representación que te proporcionan al peso y qué puedes hacer luego con esa representación.

La calidad tiene que estar en las políticas, el discurso y los referentes públicos. Podemos, con el camino que decidió después de coger los diputados logrados en la coalición de Sumar para escindirse y ejercer en libertad tal y como quieren sacó un 0,98% la última vez que se abrieron las urnas. No parece que la calidad autopercibida en su proceder se transcriba en cantidad y no parece que su plan vaya a ser algo diferente a lo que ya hacen. Algo falla en su proceder. En Podemos se ha decidido echarse en brazos de algo que Manuel Vázquez Montalbán repudiaba y llamaba 'Estrategia Robinson': coger los restos del naufragio y hacerse una cabaña en la isla. El plan de Sumar no puede decirse que sea mucho mejor y más efectivo, en Aragón si sacaron representación fue por la bolsa de sindicalistas de CCOO en Zaragoza que mantienen en pie a IU. Una representación pírrica que explica cuál es la verdadera dimensión de la izquierda. En Sumar en la actualidad no son más que una agrupación de nobles con carteras ministeriales sin capacidad para aportar nada al resto de partidos de la coalición. Pues lo que todos proponen es seguir haciendo lo mismo para ver si así los resultados mejoran en algo.

La unidad no va a ocurrir. Nos queda el proyecto, el discurso y el diagnostico adecuado sobre la situación coyuntural del espacio. Tampoco hay motivos para el optimismo. Se oye mucho: "A la ultraderecha se le para [añadir la pedrada de cada uno]". Cada vez que escucho o leo a alguien pontificar sobre cuál es la mejor manera de hacerlo apago y me pongo a leer algo interesante. Nadie sabe cómo se le para, lo único que suele hacer es expresar aquello que más le interesa diciendo después que esa es la única manera de parar al fascismo para capitalizar como propio el antifascismo. Si escuchas a alguien que lleve estudiando el fenómeno durante años con un poco de atención lo primero que te dirá es que no sabe cómo hacerlo, que se ha probado todo y que no ha funcionado porque las dinámicas históricas no se detienen pensando cómo decir las cosas o cómo flexionar la voz al decir algo muy radical de izquierdas. Lo más que te podrá decir alguien que ha estudiado a la extrema derecha es lo que no funciona porque se ha demostrado que solo sirve para alimentar su crecimiento. Eso sí lo sabemos. Lo que jamás funciona es copiar sus marcos, adaptarse a sus debates y jugar a la defensiva, pero eso no significa que haciendo todo lo contrario vayas a parar nada porque existen diversidad de factores que escapan a la comprensión de quien quiere actuar en política.

No es posible evaluar qué puedes ofrecer para que te voten cuando no eres capaz de entender por qué han dejado de votarte cada vez que se han abierto unas urnas. Yo tengo claro que es la participación en minoría en un gobierno de coalición que no ha conseguido mejorar de manera sustancial las condiciones de la mayoría por diferentes motivos, no todos responsabilidad del gobierno. Y esto a pesar de que las mayores políticas públicas que se le pueden reconocer al ejecutivo han tenido que ver con la mejora de las condiciones materiales como el brutal incremento del salario mínimo o la reforma laboral. Pero puedo equivocarme, supongamos que no ha sido por eso. Perfecto. ¿Por qué ha sido? ¿Por qué habiendo incidido en las políticas de mejora de las condiciones laborales se empieza a abrir una grieta insuperable entre las clases populares y la izquierda institucional? No he leído ni escuchado a nadie con responsabilidades políticas en la izquierda un diagnóstico, sea el que sea, que aborde de manera seria cuál es la causa de que eso haya sucedido y plantear una solución para cambiar el rumbo.

No atisbo un horizonte de posibilidad para las próximas elecciones. En un mundo como el actual todo puede cambiar de manera radical con un suceso que ni siquiera somos capaces de imaginar, pero los análisis se hacen con los mimbres del presente y estos dictan que no existe una posibilidad real de que haya una izquierda reconfigurada de manera efectiva en ninguna de sus formas para el próximo ciclo electoral. Aceptar la coyuntura implicar reconfigurarse en los cuarteles de invierno y dejar de patalear para evitar el ahogo cuando hay muchos elementos lastrando. Es momento de configurar nuestro hiberna para pensar en el futuro, esperar que el mal tiempo desaparezca y pensar en todo lo que se hizo mal y por qué dejó de funcionar aquello que se hizo bien para no desgastarse en batallas perdidas.

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