No se puede jugar al apaciguamiento con una dictadura como la de Marruecos. España lleva años contemporizando y tolerando los caprichos de un rey que juega con la vida de su pueblo y al que pagamos para que proteja nuestra frontera sur a cambio de mirar para otro lado con el sistémico maltrato de los derechos humanos. Ya se ha demostrado cómo funciona llevarse bien con un sátrapa miserable, la escalada no parará hasta que el dictador logre todos sus objetivos. Primero quiere el Sáhara Occidental, después querrá Ceuta y Melilla, pero lo más importante es parar la sangría de vidas que provoca mantener en el poder a un régimen criminal como el Alauí.

España no puede tolerar un acto de guerra blanda usando una crisis humanitaria en Ceuta como chantaje. A Mohamed VI no le importa que sus ciudadanos se ahoguen, por eso ni siquiera los asistía dejando que fueran las fuerzas de salvamento españolas. Para él son solo un instrumento con el que mitigar su orgullo. La dinastía Alauí siempre ha utilizado a su pueblo como carnaza para asegurarse su trono y presionar a España. El último ejemplo y el más grave ha sido una nueva Marcha Verde con niños en camiseta que atravesaban la frontera con solo una camiseta. Pero ni es el primero, ni será el último.

¿Hasta cuándo vamos a permitirlo? Un gobierno democrático como el de España tiene que poner pie en pared cuando se pone en riesgo la vida de miles de niños y familias para poner al límite nuestra capacidad de acogida. No le importan sus ciudadanos, pero a nosotros sí tienen que importarnos porque por eso somos diferentes. Usar a niños como armas con las que poner en tensión la convivencia en Ceuta es la última estrategia de provocación de Mohamed VI. La crisis humanitaria vivida esta noche tiene que ser la última línea roja que traspase y fijar una estrategia diferente que muestre a Marruecos que no se puede chantajear a un gobierno democrático jugando con la vida de miles de seres humanos. Si hay que llevarse bien que sea a costa de doblegar a Mohamed VI.

La última excusa del dictador marroquí para represaliar al gobierno de España es la acogida humanitaria en un hospital de Logroño de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, que estuvo en la UCI afectado por COVID. Otra excusa más, porque ha llegado a dejar pasar por las fronteras a más de 1.000 ciudadanos marroquíes después de que una patrullera diera el alto a un yate del monarca que estaba en aguas jurisdiccionales de Ceuta. Es un dictador caprichoso que juega con las debilidades de España poniendo en riesgo las vidas humanas de su pueblo. Con los dictadores no sirve ceder un poco, porque siempre querrán más. Solo conocen el poder del más fuerte, pues es hora de usarlo.

A Marruecos nunca le bastará la posición cobarde de España con el Sahara. Los gobiernos democráticos españoles llevan décadas incumpliendo con los mandatos internacionales que exigen a nuestro país liderar un proceso de autodeterminación en la región saharaui. Pero nunca es suficiente. La posición complaciente con Marruecos de aceptación del statu quo no le sirve porque siempre querrán más. La última posición fijada de Marruecos que quieren marcar a España es la que Donald Trump marcó sobre la región días antes de abandonar el poder, el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental a cambio de normalizar las relaciones entre Rabat e Israel incumpliendo los mandatos de la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO). O España se rinde y hace una genuflexión a Mohamed VI o nunca dejará de represaliar a nuestro país jugando con la vida de personas inocentes. No existe otra política aceptable para el dictador y es tiempo de cambiar el paso y disciplinar al monarca alauí con todas las herramientas legales y diplomáticas al alcance de nuestro país con el Sáhara. Humillarle si hace falta, porque un dictador no entiende más que la derrota.