Pilar Rahola está de luto. Su bosque sionista está muriendo. La justicia anticolonial lo celebra y la reparación está llegando por la memoria de la naturaleza sobre aquello que fue y quiso ser modificado. El Fondo Nacional Judío (Keren Kayemeth Leisrael) premió a la propagandista sionista española con la plantación de un bosque en el Negev en deferencia por la labor prestada a favor de la hasbará en el mundo de habla hispana de la periodista. Aquel viaje fue grabado por la organización colonial en el año 2013 donde aparece la agente oficiosa de Israel en nuestro país sonriente mientras participa de las estrategias israelíes de limpieza étnica.
El colonialismo verde es una de las estrategias que el sionismo ha utilizado para desplazar a la población palestina, ocultar las ruinas de las poblaciones expulsadas en la limpieza de la étnicas de la nakba y eliminar las posibilidades de que los nativos palestinos vuelvan a las tierras de las que una vez fueron expulsados al eliminar los cultivos locales y las formas de economía tradicional. Plantar árboles en lugares donde habitan palestinos y beduinos es una manera de expulsar a la población local y venderse como ecologistas.
Uno de esos bosques plantados a tal efecto es el llamado "de los mártires" y fue plantado en el año 1951, tres años después de la nakba, para homenajear a los seis millones de judíos asesinados en el holocausto incluyendo un monumento, que Pilar Rahola visitó cuando plantaron su bosque, llamado "el pergamino de fuego". Lo que nunca cuenta el sionismo es que ese bosque fue plantado encima de los restos de cinco aldeas palestinas que fueron destruidos durante la nakba de 1948. Según la doctora palestina Ghada Sasa las aldeas de Dayr 'Amr, Khirbat al-'Umur, Kasla, Bayt Umm al-Mays, y 'Aqqur fueron sepultadas bajo el bosque de los mártires para ocultar la memoria local de los desplazados.
Un artículo en Haaretz explica cómo un suceso extraño asociado al cambio climático está acabando con la vida de los pinos de Alepo sembrados como forma colonial para expulsar a beduinos y palestinos en el Néguev y el sur de Israel, donde los bosques de Kramim (Sansana), el bosque de Yatir y el bosque de Lahav están sufriendo la muerte masiva de árboles. La naturaleza está recuperando parte de la memoria que el sionismo destruyó. Que se mueran esos árboles es algo que debemos celebrar y uno de los que se muere es el bosque que tiene el nombre de Pilar Rahola. Puede quemar su certificado de plantación.
De forma paradójica aquella memoria local que los israelíes intentaron ocultar con esas plantaciones de árboles no autóctonos, en ese intento por colonizar palestina incluso con la naturaleza europea la vegetación palestina, está volviendo a aflorar y esas ruinas de las poblaciones palestinas vuelven a mostrarse para que se pueda observar a quién pertenecen esas tierras. La muerte de los árboles está permitiendo que la vegetación se retire y las ruinas queden en evidencia. Los genocidas nunca pueden ocultar sus crímenes ante la naturaleza.
Los militares argentinos creyeron que podrían ocultar sus asesinatos en masa usando el Río de la Plata para tirar a quienes ejecutaban sin considerar que el agua, en un ejercicio de reparación, llevaría los cadáveres a las playas de Uruguay para que se pudiera conocer cómo utilizaban los vuelos de la muerte para que desapareciesen sus crímenes. Los sionistas también creían que plantando millones de árboles sobre las ruinas de sus crímenes ocultarían para siempre las huellas de su limpieza étnica. No hay propaganda ni miseria pagada que puedan parar la memoria justa de Gaia devolviendo lo que fue arrebatado.



