La hija del Fénix es una novela valiente en su planteamiento y sorprendentemente disfrutable en su ejecución. Se adentra en el Siglo de Oro, recupera la figura de Marcela de San Félix —hija de Lope de Vega— y construye desde ahí una historia que habla de identidad, de vocación y de silencio. Podría haber sido un ejercicio de estilo o una novela de tesis. No lo es. Es una novela que atrapa.

Bonete ha hecho algo arriesgado: no escribir sobre el Siglo de Oro, sino intentar escribir desde dentro de él

Hay que ser muy bueno, o muy libre, para tomar esa decisión.

Porque Bonete ha hecho algo arriesgado: no escribir sobre aquella época, sino intentar escribir desde dentro de ella. Y, sin embargo, el resultado no pesa. Al contrario. La prosa fluye con una naturalidad engañosa, el mundo se abre sin esfuerzo y el lector entra sin darse cuenta. Lo que podría haber sido distancia se convierte en inmersión. Lo que parecía un riesgo, termina siendo un placer.

El éxito de @En_bookle

Y por qué digo que esta decisión es coherente con el autor. Para eso tenemos que pasar del escritor (Fernando Bonete) al influencer (@en_bookle). Las redes sociales son como los cuchillos. Pueden usarse para matar, para humillar, para cancelar, para escupir ese veneno de baja intensidad que en realidad no es más que odio licuado y servido en vasitos de chupito.

Pero un cuchillo también es la herramienta que corta el pan, abre caminos en la materia y, en manos precisas, incluso salva vidas. Salman Rushdie nos recordó que un cuchillo también nos puede mostrar cómo sobrevivir a la violencia. Y ese es también un acto literario. La herramienta no es el problema. El problema es quién la empuña y para qué.

Casi 600.000 seguidores en redes sin una sola gota de odio, sin el menor rastro de esa dopamina de superioridad moral

@En_bookle empuña Instagram como si fuera un bisturí de precisión. Casi 600.000 seguidores. Un engagement que haría llorar de envidia a cualquier medio cultural. Y todo ello construido sin una sola gota de odio, sin una sola crítica de derribo, sin el menor rastro de esa dopamina de superioridad moral que tan bien conocemos.

En un ecosistema diseñado para el conflicto y el clickbait, Bonete se ha hecho grande recomendando libros. Solo eso. Recomendando libros con una creatividad para el formato y una habilidad para manejar el lenguaje de las redes que debería estudiarse en las facultades de Comunicación —donde, por cierto, él da clase—.

El coherente camello literario

La mecánica de su perfil tiene algo de estrategia de infiltración. Primero te atrapa con lo popular: los autores que venden, las novelas que están en boca de todos. Te convence de que esto va de entretenimiento, de que esto es seguro. Y cuando ya te tiene —cuando ya llevas tres meses siguiéndole y has comprado cuatro libros por su culpa— estás rodeado de obras clásicas.

Un poeta del siglo XIX. Un autor en traducción que nunca hubieras encontrado solo. Un premio nobel noruego. Así funciona: como un camello, pero de cultura.

'La hija del Fénix' es una exploración de qué le ocurre a una mujer de inmenso talento en un mundo que se lo niega

Y por eso es coherente su primera novela, porque recorre el mismo modus operandi, ha utilizado su fama, para recuperar la figura de Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega, y la sitúa en el centro de un relato sobre identidad, escritura y silencio en el Siglo de Oro.

No es un rescate sentimental ni un panfleto feminista con escenario de época. Es algo más complicado e interesante: una exploración de qué le ocurre a una mujer de inmenso talento que vive en un mundo que se lo niega.

La historia de Marcela

Marcela nació de la pasión entre Lope y la actriz Micaela de Luján. Creció entre escenarios y ausencias, aprendió de memoria los versos de su padre antes incluso de saber leer, y buscó desde pequeña la educación negada a las mujeres para continuar con un legado literario prohibido para toda hija ilegítima.

Al final, la única habitación propia que el mundo le ofreció fue una celda de convento. Y en esa celda, sor Marcela de San Félix escribió. Porque a veces la clausura es la única forma de libertad posible. La genialidad masculina celebrada frente a la creatividad femenina silenciada es el nervio que recorre toda la novela. Y Bonete la maneja sin proclamas. No hace falta el subrayado. La historia habla sola.

Las conversaciones sobre la creación, sobre el propósito del arte, la venganza y el perdón, no se explican. Ocurren

Hay dos capítulos que merecen mención aparte, aunque hablar de ellos en detalle sería un crimen. Tienen que ver con Cervantes y su linaje, y con Calderón de la Barca. Solo diré que en esos dos capítulos Bonete hace lo más difícil de la literatura: no narrar las grandes ideas, sino mostrarlas. Hacerlas pasar.

Las conversaciones sobre la creación, sobre el propósito del arte, sobre la redención y la venganza y el perdón, no se explican. Ocurren. Y al lector le llegan como le llegan las cosas que de verdad importan: sin avisar, de costado, mientras miraba para otro lado.

Un influencer que no existe

Hay una palabra que en el mundo literario se pronuncia con cierto recelo: influencer. Como si divulgar fuera menos que crear. Como si llegar a medio millón de personas fuera algo de lo que avergonzarse. Fernando Bonete es las dos cosas: el divulgador que ha construido una comunidad real en torno a los libros, y el escritor que, cuando ha llegado el momento de firmar su primera novela, ha decidido estar a la altura de lo que lleva años pidiendo a los demás.

Con La hija del Fénix, Bonete ha demostrado que el cuchillo que lleva años usando para construir no era de adorno. Y que sabe, además, cómo clavarlo.

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