1. Señorío de Bertiz. Este frondoso parque natural se encuentra en el Pirineo occidental navarro, a orillas del río Bidasoa. Un bosque atlántico que ocupa 2.040 hectáreas de exuberante vegetación enclavado a tan solo 49 kilómetros al norte de Pamplona y en el que deleitarse con gingkos de China, secuoyas de California, nenúfares, un recoleto jardín botánico… y esplendorosos castaños de Balcanes. Aunque sus orígenes se remontan a finales del siglo XIV, la fama de este lugar se debe al último señor de Bertiz, don Pedro Ciga, que donó la finca, en 1949, al Gobierno de Navarra, que la declaró Parque Natural. Un bosque atlántico que es el único lugar de España que cuenta en su hábitat con las siete especies distintas de pájaros carpinteros que habitan en la península.

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2. Sierra de O Courel. En la provincia de Lugo, entre Galicia y el noroeste de León, se despliegan las 21.020 hectáreas de la Sierra de O Courel, un paraje natural que es geológicamente el más completo de las sierras gallegas y en el que se mezclan en armonía el bosque mediterráneo y el atlántico, con cumbres de hasta 1.500 metros. Uno de sus huéspedes más insignes es el imponente castaño, que comparte hábitat con robles, tejos, hayas, fresnos, alisos, avellanos y acebos. La mayor parte de la Sierra de O Courel lo componen las parroquias de Esperante, Folgoso, Horreos, Meiraos, Noceda, Seceda, Seoane, Vilamor y Visuña.

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3. Bosque de Moal. Sin lugar a dudas es el mejor sitio para deleitarse con la visión de los castaños en toda Asturias. Integrado en el bosque de Muniellos (en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, Reserva de la Biosfera), está surcado por varias rutas senderistas que, al menos una vez en la vida, hay que recorrer. Una de ellas, la más importante, se llama precisamente Ruta del Bosque de Moal, de unos 7,5 kilómetros y que, con calma, se tarda unas tres horas en recorrer. Comienza en el pueblo de Moal, situado a 590 metros de altitud y de ahí se sube al Mirador de Montecín y se atraviesan maravillosos bosques de castaños. La ruta sigue, claro, pero nos quedamos en los castaños.

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4. Castaños del Temblar. Aquí los castaños tienen nombre y apellido (no se rían, es verdad). En Segura de Toro (en la provincia de Cáceres) se encuentra este espacio natural en el que viven cinco castaños centenarios situados en un antiguo huerto cercano al Arroyo del Temblar. El huésped más importante responde al nombre Hondonero, mide 25 metros de altura y en su partida de nacimiento dice que ronda los 700 años de edad. Cerca se yergue el Castaño del Arroyo, que tiene alrededor de 800 años y, a unos cuantos pasos se levantan El Bronco, con su atractivo tronco en espiral y el Retorcío, con un tronco formado por gruesos paquetes de fibras. En la parte más alta del huerto se halla El Menuero, que da las castañas más menudas de todos.

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5. Sierra de San Vicente. Al Noroeste de la provincia de Toledo, en la confluencia con Ávila y Madrid, se encuentra la Sierra de San Vicente, tapizada de castaños, robles, encinas y enebros y por la que fluyen cientos de arroyos y manantiales. Situado entre el Valle del Tiétar y el Valle del Alberche, al recorrerla uno puede disfrutar también, aparte de la presencia de los castaños centenarios, de prados, navas y dehesas donde conviven vacas y ovejas. Además tiene dos ZEPAS (Zonas de Especial Protección de las Aves), en las que viven la cigüeña negra, el águila imperial, el búho real o el buitre negro.

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