Pocos paisajes hay más inhóspitos en la Península Ibérica que el desierto de los Monegros, en Aragón. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya aquí nada que visitar, ni que no podamos quedarnos boquiabiertos con algunas construcciones que nos llevan a otras épocas, siglos atrás, en las que la región era mucho más próspera. Uno de estos rincones se encuentra precisamente en medio de la comarca: la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, en el término municipal de Sariñena y a un paso de Lanaja (Huesca). Es la más antigua de las tres cartujas que la orden fundó en el Aragón actual, fundada en 1509 junto a unas fuentes de las que recibe su nombre. En 1550, una tempestad destruyó el molino de harina que los monjes construyeron para sobrevivir, por lo que se vieron obligados a abandonar el monasterio e irse a la Cartuja de Aula Dei, a las afueras de Zaragoza. Sin embargo, parte de la comunidad estuvo allí hasta la Desamortización de Mendizábal, en 1835, cuando el edificio pasó a manos privadas que incluso lo convirtieron en un efímero balneario. Efímero en tanto que las aguas que manaban de las fuentes no eran sanadoras, como las de Solán de Cabras, también en el interior peninsular. De hecho, aún hoy se mantiene en manos privadas. La cartuja se puede visitar. En su interior se encuentran los frescos de fray Manuel Bayeu, hermano del genial pintor del siglo XVIII. Suyos son 2.000 metros cuadrados de frescos que, como el edificio, se conservan en muy buenas condiciones, cubriendo muros y bóvedas, así como galerías y capillas de un pequeño claustro (la construcción actual se corresponde precisamente con las ejecuciones que tuvieron lugar en el siglo XVIII, obras de la nueva planta concluidas en 1732). Se encuentra abierta al público todos los domingos del año de 9 a 14 horas.