ESCAPADAS DE PRIMAVERA

ESCAPADAS DE PRIMAVERA

Altea, la capital cultural de la Comunidad Valenciana

Altea es un municipio de Alicante, en la comarca de La Marina Baja, que ha sabido conservar su identidad marinera. Calificado como uno de los pueblos más bonitos de la costa levantina, es para muchos el epicentro de la historia cultural de la región.

Altea ha sabido conservar una atmósfera bohemia y una impronta artística, fruto de la influencia de los distintos pueblos que la han habitado y dejado su rastro a través de los siglos. Ha sido cuna de numerosos artistas e intelectuales y ha sido pintada por personalidades como Genaro Lahuerta, Joaquin Mompó o Palau, que han retratado sus paisajes característicos. Muchos intelectuales, escritores  y pintores, la eligieron como lugar de residencia; y es por ello que sigue manteniendo en herencia gran cantidad de galerías de arte, museos, tiendas de artesanía (en las que se trabaja el cuero, cerámica y joyería). Esto, unido a la existencia de El Palau y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández, hace que siga siendo considerada la capital cultural de la Comunidad.

Rodeada de la sierra de Bernia, que la protege, Altea desliza sus blancas casas por una suave pendiente hasta llegar al mar. Desde la cumbre coronada por Iglesia Parroquial con la cúpula de la torre del campanario cubierta de tejas de cerámica vidriada en azul y blanco, hasta la orilla del mar, este pueblo siempre ha ejercido una fuerte atracción a artistas de todas las ramas lo que la ha convertido en un lugar bohemio y con arraigo cultural. El casco antiguo invita a pasear callejeando por sus rincones y estrechas callejuelas –es la mejor manera de conocer Altea- , así podremos descubrir sorpresas y rincones: casas encaladas con portales de madera y rejas,  calles escalonadas adornadas con geranios y jazmines, plazas empedradas como en la que se localiza la Iglesia de la Virgen del Consuelo.

Es necesario también acercarse a Altea la Vella, una pequeña pedanía, ideal para degustar los platos típicos de Altea; el arroz es el más representativo siempre acompañado de los más frescos pescados y hortalizas de la huerta: paella marinera, arròs a banda, arròs amb fesols i polp… y también pescado frito, erizos de mar o las sencillas coques.

La variedad del paisaje es también muy sorprendente, en el litoral se suceden altos acantilados y playas de aguas limpias y fina grava. En el norte la sierra de Bernia se precipita al mar formando pequeñas y tranquilas calas, tras ellas, aparecen las playas más amplias y concurridas de la Olla (frente a dos pequeñas islas, la Illeta y l’Illot), Cap Negret y, junto al casco urbano, la Roda y Cap Blanch. Hacia el sur, la Sierra Gelada cierra la bahía, coronada por el faro de Altea.

Estos son los monumentos que no te puedes perder allí:

1. Torre de la Galera y Torre de Bellaguarda. Siglo XVI. Estas construcciónes formaban parte de la red costera de torres vigía. La primera es de planta circular y, en ambas con su restauración, se han incorporado elementos modernos.

2. Fort de Bèrnia. Construido en 1562 bajo la dirección del ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, tenía como objetivo la vigilancia sobre la población morisca, que se había sublevado en varias ocasiones. Fue desmantelado en 1612. Se trata de un recinto de planta cuadrada, con baluartes de planta pentagonal en sus cuatro vértices, con una construcción propia del Renacimiento.

3. Iglesia de la Virgen del Consuelo. Siglo XIX. En el punto más alto de Altea, junto al castillo, se encontraba el templo de la villa de origen medieval. La capilla de la Comunión se construyó en 1854 y el templo actual entre 1900 y 1910. Esta iglesia sigue el esquema jesuítico de planta de cruz latina y su espacio interior ha sido redecorado con motivos clásicos y florales dorados.

4. Iglesia de San Francisco. Siglo XVII. Su fecha de fundación data del siglo XIII. Los franciscanos se asentaron a las afueras de la villa después de la conquista cristiana. Sobre la primitiva ermita levantaron la iglesia y el convento, aunque de este último no queda nada.

El arte se expone también en la calle, durante el verano se celebran Les Balconades, en la que 52 artistas locales o relacionados con la ciudad, exponen sus lienzos por los distintos balcones del casco antiguo. Y no podemos dejar de mencionar sus fiestas más emblemática: la de Moros y Cristianos en honor del Santísimo Cristo del Sagrario y San Blas. Altea se convierte en un auténtico escenario, donde los espectáculos pirotécnicos y los musicales se unen con la representación de las entradas mora y cristiana, así como las embajadas y alardos, que llenan el ambiente de música y pólvora. Una cita imprescindible en septiembre.

Altea lo tiene todo: luz, playa, artesanía, cultura, gastronomía. Una visita imprescindible para disfrutar de un pueblo que sigue conservando su esencia marinera y además ofrece lo mejor de la cultura y la tradición acumulada a través de los siglos.

Más información:
Turismo de Altea

Rocío Rodríguez | Madrid
| 08/04/2016

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