Viajestic » Destinos

Asia

Kyaikto, la pagoda sobre la roca dorada

Levantada sobre una gigantesca roca de color dorado, es una de las maravillas de la arquitectura budista.

Publicidad

El río Sittang pasó a la historia durante la Segunda Guerra Mundial por los fieros combates que allí se desarrollaron. Con 420 kilómetros de largo, la gran mayoría no navegables, es usado especialmente para el comercio de madera de teca, cuyos troncos se deslizan aguas abajo. En la desembocadura en el golfo de Martaban les espera una construcción muy particular: la pagoda de Kyaiktiyo, o lo que es lo mismo, la de la roca dorada. Y es que este templo en la pequeña localidad del mismo nombre es toda una maravilla de la arquitectura budista y uno de los hitos más importantes que un turista no debe perderse si viaja hasta Myanmar. Además, el hecho de que no esté lejos de la capital birmana lo convierte en un hito perfecto para una escapada si no se dispone de mucho tiempo para recorrer el país. En sí, la pagoda no es excesivamente alta, ya que solo mide 7,3 metros, pero se encuentra sobre una gigantesca piedra de granito que ha sido recubierta en su totalidad por pintura de oro. Cuenta la leyenda que se trata de una piedrecita que se quedó enganchada en el cabello de Buda. Pero lo que sí que no se puede poner en duda es que es casi milagrosa su situación, sobre el peñasco en un constante miedo a que se desequilibre y se caiga por los 1.100 metros de caída que tiene debajo. Y es que la pagoda de Kyaiktiyo corona el monte del mismo nombre. Junto a las de Shwedagon y Mahamuni, es el centro religioso más visitado e importante del país y se supone que su sola visión ya convence para convertirse al Budismo. Para visitarla hay que descalzarse justo unos metros antes de llegar a la cumbre. Una puerta de entrada custodiada por dos grandes leones es el punto en el que no se permite calzado. Junto a la roca hay un gran santuario, con varios templos en los que viven los monjes, en un ambiente similar al de Tíbet. El camino es una excursión larga e incómoda por la falta de infraestructura, pero el destino merece la pena. Peregrinar hasta Kyaiktiyo una vez en la vida será una experiencia inolvidable.

Publicidad