Casi un cuarto de siglo después de que Colón llegara a América, Hernán Cortés se dirigía al Imperio Azteca para crear lo que luego se llamaría el Virreinato de Nueva España. Durante años, los españoles colonizaron aquellas tierras creando poblaciones que no sólo llevarían nombres similares a las de la península ibérica, sino que además, dejarían su huella en la arquitectura, en las costumbres, el lenguaje, la música y la gastronomía.

En 1821, los mexicanos volvieron a ser un pueblo libre. Sin embargo, después de tantos años, lo que los españoles habían aportado se quedaría por siempre en su cultura. Hoy, te llevamos a recorrer Mérida, Puebla, Guanajato, Durango y Morelia, cinco ciudades en las que poder conocer la influencia española. Ellas forman una ruta que emocionará a los apasionados del arte, la arquitectura y la historia.

1. Mérida. Es una de las ciudades más desarrolladas de México y tiene una rica historia que se deja ver en sus edificios históricos y en la cultura diaria. Adéntrate en la vida colonial conociendo su arquitectura de piedra caliza, de una belleza que ha hecho que la llamen 'la Blanca Mérida'. La capital del estado de Yucatán tiene muchas opciones para conocer, aunque aquí te contamos algunas que no te puedes perder.

Un paseo, al atardecer, por su plaza principal te descubrirá a los lugareños envueltos en sus bailes tradicionales. Muy cerca de allí, en la Plaza Grande, está la Casa del Adelantado Francisco de Montejo, de 1549. No te pierdas su magnífica fachada. Tampoco dejes de pasar por el Palacio de Gobierno. Si quieres hacer un paseo diferente, súbete a las calandrias, los carruajes a caballo que aun puedes encontrar en la ciudad. En ellas, vete a visitar uno de los emblemas de la ciudad, el teatro Peón Contreras.

La Plaza de Santa Lucía era el antiguo lugar de encuentro de mayas, negros y mulatos. Hoy en día, los jueves, podrás disfrutar de las tradicionales serenatas yucatecas. Si te interesa la gastronómía del lugar. Pasa por el Mercado Grande y prueba papadzules, panuchos, cochinita, queso relleno, brazo de reina, salpicón, agua de chaya...

2. Puebla. Sus más de 2.600 edificios históricos la han convertido en Ciudad Patromonio de la Humanidad. El legado cultural de su ex convento de Santa Rosa (hoy Museo de Artesanías), el convento secreto de Santa Mónica o la iglesia de San Francisco y la Casa del Alfeñique son algunos de los exponentes más típicos de la época colonial. La Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción fue construida entre 1575 y 1640; sus torres, que miden 73,9 metros, son las más altas de toda Latinoamérica. La Biblioteca Palafoxiana fue la primera pública del Nuevo Mundo.

Si también quieres conocer un poco de su gastronomía, el platillo local más famoso es, sin duda, el mole poblano (algunas recetas incluyen más de 30 ingredientes). ¿Qué más? Descubre toda su tradicón en el Mercado de Sabores Poblanos.

3. Guanajato. Callejones, túneles y casas coloniales dan un aire mágico a la capital del estado homónimo. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga el Festival Internacional Cervantino (FIC), el festival de cultura más importante de Lationamérica. En la ciudad conocida como Mo-o-ti para los chichimecas, Paxtitlan para los aztecas y Kuanasïuatu para los purépecha la historia aun está en el ambiente. El interés español por esta zona estaba enfocado a las minas de plata de lo que fue llamado Valencia.

Algunos de los imprescindibles de la ciudad son el Museo de las Momias y el Museo Regional Alhóndiga de Granaditas, que contienen piezas prehispánicas. Por la noche, únete a las Callejoneadas para conocer la ciudad siguiendo a grupos de jóvenes vestidos con trajes típicos del siglo XVII (seguro que te recordarán a las tunas), que van con sus canciones por las calles.

4. Durango. Un suelo rico en minerales (especialmente oro y plata) y la madera fueron las causas para convertirse en todo un objetivo para los españoles. Más de 120 películas se han filmado en sus calles de paisaje colonial. Descubrirás esos rincones que has visto en pantalla grande visitando, por ejemplo, la Catedral, de estilo barroco, que contiene una importante colección de arte sacro.

El palacio del Conde del Valle de Súchil y el Teatro Ricardo Castro son algunos de los edificios emblemáticos que no puedes perderte. Como tampoco puedes dejar de probar el caldillo, un plato a base de carne y chile rojo típico de la zona. Otras delicias son la pierna de cerdo en pulque y el mole de Analco, que se prepara con chocolate, chile y almendras.

5. Morelia. Los romanos no estuvieron en México. Pero sí los españoles que conocían la ingeniería de la civilización que pobló nuestras tierras durante muchos años. Así que no te extrañe si, caminando por el centro de Morelia, en el estado de Michoacán, te encuentras en acueducto. Fray Antonio de San Miguel lo mandó a construir en 1785 y aún conserva 253 arcos. La huella hispana también puedes seguirla visitando el Museo de Arte Colonial donde podrás hacer un viaje a la vida y costumbre del virreinato a través de sus múltiples libros, pinturas, documentos y mobiliario. En el Museo de la Máscara conocerás las tradiciones michoacanas.

También dejamos huella en la cocina, donde encontrarás recetas de la etnia purépecha con las especias traídas desde Europa. Un ejemplo es el pollo placero, pero también las corundas (muy parecidas a los tamales) que, se dice, era el plato favorito de Caltzontzin, el emperador purépecha. La charanda es la bebida típica del estado y está elaborada con caña destilada. Y los golosos que se preparen, porque la cocina de Morelia también está especializada en deliciosas laminillas, morelianas, cajetas (dulce de leche), dulces de coco, guayaba y tamarindo; borrachitos, jamoncillos de leche, licores de fruta, rompopes, nueces de macadamia, natillas, chocolates y bolitas de leche quemada. Imprescindible visitar el Museo del Dulce.

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