La llegada de un recién nacido llena de felicidad a cualquier familia. Sin embargo suele ser una de las épocas más duras para los recién estrenados padres. La única forma que tiene el bebé de comunicarse con sus progenitores es a través del llanto, por lo que llorará prácticamente por todo: si tiene hambre, si tiene sueño, si le duele algo... etcétera. Sin embargo, una de las cosas más curiosas es que a pesar de llorar para reclamar sus necesidades los recién nacidos no producen lágrimas. En el vídeo te explicamos cuál es la razón.

Por lo general, las personas segregamos lágrimas cuando sentimos alguna emoción fuerte como tristeza, alegría o por algún dolor físico intenso. También suele ser un mecanismo de defensa de nuestro ojo para mantener hidratado el globo ocular y para expulsar posibles cuerpos extraños, como cuando se te mete un grano de arena en el ojo por ejemplo, también suele ser un síntoma de alergia de algún tipo.

De hecho existen tres tipos de lágrimas: las lágrimas basales, las lágrimas reflejas y las lágrimas psíquicas.

Las lágrimas basales son aquellas como os comentábamos su función es la de mantener la córnea húmeda, lubricar el ojo y mantenerlo limpio y libre de polvo. Son parte del sistema inmunológico por lo que es la primera barrera que tendrán que pasar las bacterias antes de infectar nuestros ojos.

Por otro lado, están las lágrimas reflejas que son aquellas que se producen como un acto reflejo de defensa del ojo, son las encargadas de eliminar partículas extrañas del ojo, como arena o reaccionan ante algunas sustancias irritantes como las cebollas e incluso con la proyección de una luz intensa. También son las que se producen por algunos estímulos como la comida picante, la tos, bostezos o incluso vómitos.

Por último, están las lágrimas emocionales o psíquicas, son aquellas que se producen como os contábamos con anterioridad por un estímulo emocional intenso como la tristeza, la alegría o el dolor físico.