JUEGOS DE ESTRATEGIA Y AZAR

¿Hacen más trampa los ganadores?

Un estudio afirmaba que el engaño es habitual en juegos de azar, pero ahora otro informe cuestiona los resultados.

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Una de las premisas en los estudios científicos, para que sean considerados publicables, es que sus resultados se puedan reproducir, es decir, que científicos en otros sitios del mundo, puedan llevar a cabo los mismos pasos y los resultados sean como mínimo, estadísticamente similares. De lo contrario no se consideran fiables.

También resulta fundamental que las muestras, por ejemplo el número de voluntarios que participan del mismo, sea relevante. Un estudio con pocas muestras tampoco se considera fiable ya que no analiza un "universo" relevante.

En 2016 se publicó un estudio en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' firmado por Amos Schurr e Ilana Ritov de la Universidad Hebrea de Israel. Este análisis proponía a los voluntarios un juego de dados en el que podían coger la cantidad de monedas equivalentes al valor que obtuvieran con dos dados.

En las conclusiones los autores señalaban que los ganadores tenían más probabilidades de robar dinero en juegos de azar, a diferencia de los perdedores o personas que no se ven a sí mismos como ganadores o perdedores. Se trató de un estudio muy citado que proponía que ganar en competencias induce un sentido de derecho que fomenta el engaño. En pocas palabras: que los ganadores se sienten con derecho a hacer trampa. En un mundo en el que el engaño forma parte de casi todo, las conclusiones parecían muy importantes.

Solo había un problema: las muestras. En total participaron del estudio apenas 23 voluntarios, un número demasiado exiguo. Aunque en realidad también había un inconveniente más. Andrew Colman, profesor de neurociencias de la Universidad de Leicester, no conseguía reproducir los resultados.

De hecho, llevó a cabo el estudio, con las mismas premisas y parámetros y no obtuvo los mismos resultados. No había evidencias para respaldar las hipótesis de que ganar o perder está asociado con el engaño posterior. Un segundo estudio en línea tampoco logró replicar el hallazgo básico de Schurr y Ritov. Fue en ese momento cuando Colman decidió llevar a cabo su propio análisis. Su objetivo era buscar cuatro posibles explicaciones para hacer trampa: sentido de derecho (me corresponde ganar), confianza en uno mismo, sentirse afortunado y aversión a la desigualdad.

Los resultados, publicados en 'Royal Society Open Science', han sido muy diferentes. En primera instancia, el equipo de Colman, analizó la conducta de 259 participantes en un juego de lanzamiento de dados basado en el estudio original y el comportamiento de otros 275 participantes que realizaron un juego básico de lanzamiento de monedas en un experimento en línea adicional. Luego, los resultados se analizaron utilizando estadísticas estándar más una técnica matemática llamada modelado de ecuaciones estructurales.

Los autores descubrieron que se produjo una cantidad pequeña pero significativa de trampas por las recompensas financieras que se ofrecían, al igual que en el estudio original. Sin embargo, ganar no aumentaba las trampas posteriores. También se observó que aquellas personas con un fuerte sentido de la justicia hacen menos trampa, independientemente de si habían ganado o perdido previamente.

El único factor investigado que podría explicar la pequeña (pero significativa) cantidad de trampa que ocurrió fue la baja "aversión a la desigualdad". A las personas con aversión a la desigualdad no les gustan los resultados desiguales. Aquellos con un fuerte sentido de la justicia tienden a ser reacios a la desigualdad y evitan hacer trampa porque ven la práctica como una forma de injusticia.

"El engaño y la deshonestidad – explica Colman en un comunicado – son motivo de creciente preocupación a la luz de la deshonestidad académica en la era digital, los problemas de evasión de impuestos por parte de las personas adineradas en las economías desarrolladas y, en términos más generales, los efectos de la creciente desigualdad en riqueza e ingresos sobre la corrupción y el crimen".

Científicamente, por lo tanto, ya tienes una buena excusa para hacer trampas: te molesta la desigualdad…

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