ESTUDIOS DEPORTIVOS

¿Existe el gen del deporte? Sí y se podría activar sin hacer ejercicio

Este gen podría hacer que dentro de unos años nuestros músculos se ejerciten solos sin necesidad de hacer deporte.

Hyliacom

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Los beneficios del deporte son comúnmente conocidos. El deporte ayuda a la salud mental y cardiovascular, reduce el estrés e incluso mejora nuestras relaciones personales. Nuestro ADN juega un papel muy importante en las capacidades físicas y el rendimiento, que seamos más o menos rápidos y tengamos más o menos resistencia viene determinado por nuestra genética.

El gen de la a-actinina 3 (ACTN3), que se encuentra casi en exclusividad en las fibras musculares, determina la contracción rápida, por ello es llamado, comúnmente, como el gen de la velocidad. En cuanto a la resistencia, una de las variables del gen de la ACTN3, denominado R577X, provoca que los músculos se contraigan con menor explosividad, haciéndonos más lentos, además de más resistentes a la fatiga y más eficientes metabólicamente. Junto a este, se ha relacionado el gen de la enzima conversora de angiotensina (ECA), asociado con la hipertensión arterial, el encargado de realizar funciones vinculadas con la variación del flujo sanguíneo y el balance de electrolitos.

Junto a estos genes, se ha descubierto recientemente que cada vez que realizamos ejercicio se activa en nuestro cuerpo un gen, el C18ORF25, el responsable de la construcción de la fuerza muscular.

Los posibles beneficios del gen C18ORF25

Investigadores de las Universidades de Melbourne y Copenhague observaron las respuestas de señalización molecular en los músculos antes, durante y después de diferentes tipos de deporte a partir de una intervención cruzada de ejercicios de resistencia y sprint. Durante esta observación concluyeron que el gen C18ORF25 se activaba durante el ejercicio. Para comprobar el hallazgo, el equipo modificó ratones potenciando el gen en unos y eliminándolo en otros. En los que se les había potenciado este gen, se contemplaban músculos más fuertes, mientras que los que carecían de él contaban con fibras musculares más frágiles y menor rendimiento.

Este descubrimiento explicaría por qué algunas personas no tardan mucho en desarrollar músculo, mientras que a otras les cuesta más. Aunque aún queda mucho por investigar, esto podría suponer las bases para potenciar artificialmente, por ejemplo, con pastillas, el trabajo muscular.

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