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MICROBIOLOGÍA APLICADA AL ARTE

Restauración medicinal: curando a los frescos de Pompeya a base de antibióticos

Se ha usado amoxicilina para eliminar las bacterias que dañaban un fresco de la Villa de los Misterios, en la ciudad romana de Pompeya. Bacterias y enzimas también se han empleado para recuperar obras de arte antiguas.

Algunas bacterias crecen en las pinturas, destruyendo los frescos. Fuente: Cortesía del Ministerio de Cultura y Turismo de Italia

beniculturali.it Algunas bacterias crecen en las pinturas, destruyendo los frescos. Fuente: Cortesía del Ministerio de Cultura y Turismo de Italia

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La erupción del Vesubio, en el año 79 dC, sepultó bajo una impenetrable capa de lava a la ciudad romana de Pompeya. Lo que sin duda fue una catástrofe humana y material, ha demostrado con el tiempo tener una parte positiva: los más de 20 metros de cenizas han servido para conservar los frescos que adornaban la urbe.

A unos 800 metros al norte de la localidad, la Villa de los Misterios cuenta con un gran número de estas pinturas. Desde 1997, esta casa señorial forma parte del total del yacimiento arqueológico de las ruinas de Pompeya, aunque muchas estancias permanecían cerradas al público debido al mal estado de las obras.

Actualmente, los amantes del arte pueden disfrutar de sus más de 70 salas al completo: en el mes de marzo concluyeron por fin los trabajos de rehabilitación. Además del desgaste, el daño lumínico y los descorches, los restauradores han tenido que librarse de unos visitantes tan diminutos como poco agradecidos.

Varias cepas de bacterias del género ‘Streptococcus’ se habían instalado en el fresco dedicado a Dionisio, el dios griego de la vendimia y el vino. Los pigmentos naturales de la pintura son un medio ideal para estos microorganismos que crecen sobre ellos, convirtiéndolos en polvo.


Restauradores trabajando en la Villa de los Misterios. Fuente: Cortesía del Ministerio de Cultura y Turismo de Italia | beniculturali.it

Para deshacerse de los pequeños ocupantes, un equipo de la empresa Atramentum, junto con los trabajadores del Laboratorio de Restauración de Pompeya, han ejercido de médicos de arte (nunca mejor dicho). Los expertos han prescrito a Dionisio una buena dosis de antibióticos que la divinidad ha tomado por vía cutánea.

Han utilizado amoxicilina, un derivado de la penicilina usado normalmente para tratar casos de neumonía, bronquitis y otras infecciones de las vías respiratorias y los oídos. Ya sea en el cuerpo humano o sobre el fresco de una pared, estas moléculas tienen el mismo mecanismo de acción: impiden la formación de la pared celular de los microbios, con lo que acaban provocando su muerte al no poder protegerse de las agresiones externas.

Claro que antes de la prescripción, los restauradores tuvieron que realizar un diagnóstico. Dedicaron más de un año a llevar a cabo diferentes análisis para determinar el daño que habían sufrido las pinturas y la naturaleza de los pigmentos que habían utilizado los antiguos. Entre ellos, el azul egipcio, uno de los primeros pigmentos sintéticos de la historia, inventado por el pueblo que le da nombre.


Las pinturas también son tratadas con antibióticos. Fuente: Cortesía del Ministerio de Cultura y Turismo de Italia | beniculturali.it

Aunque en este caso las bacterias eran las enemigas, en otros trabajos se convierten en aliadas. Las pinturas murales del Camposanto de Pisa y -más cerca de casa- algunas de la iglesia valenciana de los Santos Juanes han sido restauradas mediante el método de biolimpieza.

La técnica, desarrollada por el microbiólogo italiano Giancarlo Ranalli, se basa en la aplicación de bacterias sobre las obras para eliminar la suciedad y las capas salinas que las recubren sin dañarlas. En 2012, un equipo de la Universidad Politécnica de Valencia realizó la restauración de parte de los murales del templo español valiéndose de microorganismos del género ‘Pseudomonas’.

El químico y pintor checo Frantisek Makes es el inventor de otro método de restauración biológica, esta vez con enzimas. Estas moléculas producidas por los seres vivos actúan como una especie de raspador químico que elimina selectivamente capas de pintura y pegamentos. Una alternativa a los abrasivos, sustancias ácidas, alcalinas y disolventes orgánicos que se usan tradicionalmente, menos específicos y más perjudiciales para las obras.

Todos estos médicos del arte hacen su labor para que los protagonistas de frescos y pinturas, como Dionisio, puedan lucir como hace siglos. Aunque no se conoce el autor del fresco del dios, seguro que estaría muy agradecido.

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