TecnoXplora » CienciaXplora » Divulgación

SON DISTINTOS A LOS DE ESCOPETA

¿Qué hay dentro de un casquillo de bala?

Harry 'el sucio' hizo famoso su revólver Magnum calibre 44. Aunque los disparos eran ficticios, Clint Eastwood sujetó algún que otro cartucho de bala durante el rodaje de la película, aunque el verdadero proyectil es solo una parte de todo el dispositivo.

Harry el sucio

Agencias Harry el sucio

Publicidad

Para Harry un Magnum 44 era “el mejor revolver del mundo”. Además de deleitarnos con su penetrante mirada, Clint Eastwood popularizó en ‘Harry, el sucio’ la marca y calibre de su metálico compañero, del que tampoco se separó en las secuelas de la película.

Lo que muchos no saben es que el policía estaba mintiendo durante las primeras secuencias del film: sostenía un Magnum de calibre 41 porque aún no había llegado ese del que tanto presumía. Eso sí, no podían grabarle de frente debido a que el tamaño del orificio del cañón (indicativo del calibre) hubiera desvelado la farsa.

El cilindro que escondía en el rodaje actúa de pasillo para la salida de los cartuchos, que Harry usó para acabar con algún que otro enemigo en la ficción. Eastwood no hablaba demasiado de ellos, pero si hubiera tenido que describir lo que contiene cada uno de estos dispositivos el rodaje se habría alargado bastante. En el interior de su recubrimiento macizo se esconden diferentes apartados y compuestos químicos con funciones muy específicas.

El cartucho, lo que se desliza por el conducto, está dividido en dos partes esenciales. Una es la bala propiamente dicha o proyectil, ubicada en la parte superior; la otra, que engloba a la primera y se extiende debajo, consta de un tubo donde se ubica el material explosivo y se denomina casquillo o vaina.

44-cartridge.jpg
Jeff Dean CC BY-SA 2.5 via Wikimedia Commons.

La vaina mantiene todas las partes unidas y puede ser metálica (formada por una aleación de cobre y zinc), como en el revólver de Harry, o bien semimetálica, con cuerpo de plástico, propia de las escopetas.

En la base de la vaina, sea de la naturaleza que sea, se encuentra la cápsula iniciadora o pistón, un pequeño compartimento con el que choca el percutor del arma.

Dentro se alojan los químicos que, como su nombre indica, provocan la ignición. Se trata de un cóctel altamente explosivo, también llamado pasta iniciadora, formado por compuestos oxidantes, reductores y metales sensibles a la energía mecánica. Con el golpe del percutor, estos reaccionan entre sí, provocando una pequeña explosión.

La llama originada viaja rápidamente hasta el compartimento contiguo, donde se encuentra la pólvora, una mezcla de sustancias muy energéticas. Las más utilizadas actualmente son las denominadas pólvoras sin humo, por la poca cantidad de éste que producen. Aunque las proporciones varían según el fabricante, incluyen unos componentes básicos: los propelentes (los más comunes son la nitrocelulosa y nitroglicerina), así como otros compuestos que controlan la velocidad de la reacción y aditivos.

Al recibir el chispazo, la mezcla sufre un proceso de deflagración, caracterizado por una rápida explosión que libera gran cantidad de gases entre los que se encuentran el nitrógeno y el dióxido de carbono.  Estos productos se expanden y ejercen una fuerte presión que empuja todo el cartucho fuera del cañón y, además, producen una fuerza hacia atrás, el famoso retroceso.

En los cartuchos de escopeta hay una parte adicional, el taco, ubicado entre el depósito de pólvora y la bala propiamente dicha. Su base amortigua el golpe de la explosión y, en la zona contigua, guarda los perdigones o postas, manteniéndolos unidos durante el disparo.

Ahora sabes que cada vez que Harry aprieta el gatillo de su Magnum 44 (o 41) pone en marcha un proceso más complejo de lo que parece. Claro que, durante el rodaje, Eastwood no vio una sola bala salir del revólver que sostenía: es la magia del cine y sus falsas detonaciones.

Publicidad