TecnoXplora » CienciaXplora » Divulgación

LOS UVA DEGRADAN EL COLÁGENO Y CAUSAN MUTACIONES

Esto es lo que el Sol hace a tu piel (y así es como lo evitan las cremas)

Un exceso de radiación ultravioleta puede causar desde quemaduras a mutaciones en el ADN de las células que provocan cáncer. Freírse al sol, además, envejece: los rayos UVA destruyen el colágeno, con lo que nos salen arrugas.

La radiación UVA es responsables del envejecimiento de la piel y la UVB de las quemaduras

Pixabay La radiación UVA es responsables del envejecimiento de la piel y la UVB de las quemaduras

Publicidad

Más allá de los refrescantes chapuzones, un buen bronceado es otro de los reclamos que llevan a los bañistas a conquistar las playas y piscinas durante el verano. Exponernos a la luz del Sol es beneficioso para el organismo: por ejemplo, nos permite sintetizar la vitamina D que mantiene fuertes los huesos. Sin embargo, para esto bastan entre cinco y diez minutos de tueste en la época estival.

Porque por muy bien que luzca el moreno, permanecer largas horas al calor de ‘Lorenzo’ pasa factura a las células de la epidermis. No importa el tipo de piel que tengas, el exceso de radiación violeta contribuye a la aparición de arrugas, manchas y -en el peor de los casos- algunos tipos de cáncer.

Los desperfectos tienen lugar a nivel celular. La piel contiene moléculas diseñadas para absorber la energía de los fotones (o partículas de luz) de los rayos UVA y UVB, como la melanina, el colágeno, el triptófano o la bilirrubina. Pero no se quedan con ella, sino que la liberan a través de reacciones químicas con consecuencias para el organismo.

Algunos de estos procesos son adaptativos y están asociados al funcionamiento normal de las células. Es el caso del oscurecimiento de la piel, debido a una sobreproducción del pigmento melatonina inducida por la radiación UVA. La exposición al Sol también pone en marcha el mecanismo antioxidante de la epidermis, encargado de desactivar las denominadas especies de oxígeno reactivo, entre las que se encuentran los radicales libres.

Sin embargo, en situaciones de estrés ambiental –como la ocasionada por un exceso de radiación–, la concentración de estos subproductos del metabolismo del oxígeno puede aumentar, provocando estrés oxidativo, una situación perjudicial para las células: dañan todos sus componentes, desde las proteínas al mismo ADN. Así, pueden dar lugar a mutaciones genéticas e interrumpir la expresión de los genes y reaccionar con el colágeno, causando la pérdida de elasticidad de la piel.

El colágeno, presente en muchos cosméticos. es una de las proteínas que mantienen la piel tersa
El colágeno, presente en muchos cosméticos. es una de las proteínas que mantienen la piel tersa | ChodHound | Flickr

Debido a su mayor longitud de onda, los rayos UVA penetran más profundamente en la piel que los UVB, destruyendo también el colágeno y provocando por tanto la aparición de las temidas arrugas y otros signos de la edad. Asimismo, el ADN puede absorber directamente los rayos ultravioletas y sufrir mutaciones (cambios a nivel genético) responsables de distintos cánceres de piel.

Todas estas reacciones provocan daños celulares que se van acumulando a lo largo de la vida, independientemente de la cantidad de melatonina que tenga nuestra piel de manera natural –ya seamos morenos o más bien pálidos por naturaleza–. La buena noticia es que estos efectos pueden minimizarse evitando el exceso de radiación y utilizando cremas protectoras.

La crema, un escudo contra la luz

Las lociones fotoprotectoras que podemos encontrar en tiendas y farmacias contienen diferentes compuestos que actúan como filtros contra la radiación ultravioleta. Estos escudos artificiales reducen la incidencia de los rayos sobre las células o bien absorbiéndolos (filtros químicos) o bien reflejándolos (filtros físicos) antes de que penetren en la piel.

Aunque existe un buen abanico de estas moléculas, todavía son más abundantes las que protegen contra los rayos UVB. Estas se utilizan combinadas, en forma de cócteles cuyo nivel de protección aparece reflejado en el factor de protección solar o FPS, fijado por legislación. Esta cifra indica el número de veces que la fórmula aumenta la defensa natural de la piel frente a las quemaduras. Por ejemplo: si normalmente tardarías 10 minutos en quemarte, un factor del 30 multiplicaría por 30 ese intervalo (serían 300 minutos extra).

En cuanto a la protección contra los rayos UVA, hay varios métodos para evaluar los índices, pero ninguno oficial o recomendado. Según la normativa europea, la protección frente a la radiación UVA debe ser proporcional a la que ofrezca el producto contra la UVB, al menos de un tercio. La FDA estadounidense exige además que las lociones indiquen en su envase si han pasado la prueba de alto espectro, un examen para comprobar su eficacia contra este tipo de luz.

A sabiendas de que no existe una crema que nos proteja total e indefinidamente, los científicos buscan nuevos ingredientes para ayudar a la piel a permanecer sana. Un ejemplo son los antioxidantes, como la vitamina E y la vitamina C. También investigan si la radiación infrarroja tiene un papel en los daños celulares.

Pero mientras encuentran el secreto de fórmulas más eficaces, sólo nos queda embadurnarnos de crema, recurrir a los métodos tradicionales (sombrillas y gorras) y seguir las recomendaciones para no volver a casa un poco más quemados y viejos que cuando salimos.

Publicidad