Si tuvieras que golpear una pelota, seguramente adoptarías una posición y le proporcionarías un impulso distinto si se tratase de una pelota de tenis o de fútbol. Lógicamente, no recibirías ni golpearías igual una bola de pimpón que un balón medicinal.

Además del tamaño y peso de la pelota, tu reacción también dependería, seguramente, de la velocidad a la que se moviese. Algo similar ocurre cuando hablamos de desviar un asteroide peligroso: si queremos cambiar su trayectoria, tendremos que fijarnos en variables como su masa, volumen y velocidad.

Teniendo en cuenta estos factores, un equipo de investigadores del MIT ha decidido elaborar una especie de guía para elegir la misión espacial idónea en cada caso. Aunque ya se han propuesto diferentes métodos para desviar objetos espaciales que se acerquen demasiado a la Tierra, estos expertos han creado por primera vez un mapa para seleccionar el más adecuado.

¿Cuánta fuerza hace falta?

Lejos de otras ideas que sugieren una actuación a corto plazo (cuando el asteroide está ya muy cerca de nuestro planeta), estos científicos apuestan por hacer frente al problema con tiempo suficiente para planear la misión.

Aunque en el 2007 la NASA propuso enviar al espacio una bomba nuclear como mejor método parar desviar un objeto peligroso, la medida no convenció demasiado a los expertos en defensa planetaria.

La segunda opción (menos explosiva) es lanzar un ‘impactador cinético’: una nave, un cohete o algún tipo de proyectil que golpee al asteroide con la fuerza suficiente y el ángulo adecuado para desviarlo.

Enviar una nave o cohete, la solución más aceptada para desviar asteroides | MIT

Los investigadores del MIT asemejan la física del proceso a la que describiría el impacto necesario para mover una bola de billar. Hay que estimar la velocidad y la dirección del golpe.

Para que un ‘impactador’ sea efectivo, es necesario conocer con el mayor detalle posible propiedades del asteroide como su masa, aceleración, trayectoria y composición en superficie. Como es difícil saberlas con exactitud, también hay que tener en cuenta la incertidumbre asociada a estas variables.

El golpe perfecto

Los investigadores han desarrollado un programa que permite identificar la misión con mayor probabilidad de éxito. Han considerado varias opciones, desde lanzar un proyectil básico hasta enviar primero un explorador para hacer mediciones y así poder diseñar y lanzar después un ‘impactador’ adecuado.

Indicaron al ‘software’ variables como la masa del asteroide, la aceleración y la trayectoria, así como la incertidumbre asociada. También tuvieron en cuenta su proximidad a la ‘cerradura gravitacional’ (la zona de máxima atracción de la Tierra) y el tiempo disponible antes de que pase este límite.

Los científicos han probado el modelo con los asteroides Apophis y Bennu, cuyas ‘cerraduras gravitacionales’ son conocidas. Simularon varias distancias y estimaron la región segura donde deberían ser desviados para evitar el choque con la Tierra y la aproximación a otras zonas de atracción gravitacional.

A partir de ahí, evaluaron cuál de los tres tipos de misiones era la idónea considerando el tiempo del que disponían para prepararla. Por ejemplo, si Apohis pasara a través de esa ‘cerradura’ dentro de cinco años, habría margen suficiente para enviar dos naves para estudiarlo antes de lanzar el ‘impactador’.

Si faltasen entre dos y cinco años, podrían enviarse una sonda exploradora y luego otra de impacto. Pero si solo tuviéramos un año o menos, probablemente sería demasiado tarde y ni siquiera un solo proyectil llegaría a tiempo. El caso de Bennu es similar, aunque como se conocen más detalles sobre su composición, no haría falta enviar sondas previas para analizarlo.

La herramienta podría servir en el futuro para tomar decisiones sobre el desvío de asteroides y elegir la misión correcta en cada caso. Podrían enviarse también pequeñas naves que lo golpeasen repetidamente o utilizar satélites inutilizables como proyectiles. Todo con tal de proteger a los terrícolas de los porrazos espaciales.