No existe en el mundo una app que ofrezca un servicio que si, normalmente, debiera ser de pago, no nos cobren un céntimo por él. La gratuidad es una ilusión a la que nos hemos acostumbrado y que no es real porque, siempre, la forma que tenemos de ajustar cuentas con el trabajo de los desarrolladores se paga en dos monedas: bien con nuestro tiempo para ver publicidad, bien con los datos que generamos por el uso que hacemos de ella.

En cualquiera de los dos casos podría ser un precio por el que estamos dispuestos a pagar, pero debemos ser conscientes de ello para luego no llevarnos las manos a la cabeza cuando se conocen informaciones en las que se desvelan cómo nuestros intereses, nuestros gustos y nuestras opiniones son utilizadas para rentabilidad de otros, como en su día ocurrió con Cambridge Analytica, Facebook y el referéndum del Brexit o las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2016.

Twitter es uno de esos servicios gratuitos, que no nos cuesta pagar nada utilizarlo aunque es obvio que sus desarrolladores aspiran a tener un negocio con el que ganar dinero. Y lo hacen, gracias a la publicidad y a la recolección de datos sobre nuestras cuentas. Lugares que pueden decir mucho de nosotros en todos los ámbitos de nuestra vida: tanto en los gustos personales, como en los políticos o profesionales. Seguir el timeline de cualquiera de nosotros es como hacernos un psicoanálisis que nos acercaría bastante a lo que somos.

Cambios en las condiciones de uso

Así las cosas, algunos usuarios han publicado en redes que desde Twitter están remitiendo correos electrónicos en los que les avisan de que se han producido cambios en "El control que tiene sobre la información que comparte" la red social de ellos "con sus socios comerciales". De esta forma, afirman, "ayudarán a Twitter a seguir operando como un servicio gratuito". Así que, ¿qué van a querer de nosotros?

Twitter | Photo by Marten Bjork on Unsplash

Estas modificaciones en el servicio tienen que ver con dos opciones que Twitter ofrecía a todos aquellos usuarios a la hora de "Permitir compartir información adicional con socios comerciales", donde era posible escoger entre dejar que lo hicieran o no. Es obvio que es aquí donde la red de microblogging saca buena parte de sus recursos por lo que era importante que el mayor número de usuarios escogieran la opción de "Sí" permitir que se compartan esos datos.

Ahora bien, en el año 2018 la Unión Europea aprobó un reglamento de protección de datos nuevo, la famosa GDPR, que obligaba (entre otras muchas cosas) a las empresas, servicios y plataformas, a preguntar a los usuarios si querían este tipo de control sobre lo que publican en sus cuentas. En Europa, tal debe haber sido la avalancha de negativas a compartir ese seguimiento de conversaciones, que desde Twitter no han tenido más remedio que quitar cualquier opción de elegir en todos aquellos territorios que no están sujetos a una ley parecida a la europea.

El primer toque lo recibió la red social de sus socios comerciales en agosto de 2019, cuando le hicieron saber que no estaban "contentos", lo que supuso un golpe "sustancial a sus ingresos". Es por esa razón por la que Twitter ha eliminado cualquier posibilidad de optar por el "no" seguimiento de conversaciones. Es más, "los usuarios en los Estados Unidos y en cualquier otro lugar, que no tienen la protección de una ley de privacidad integral, solo están protegidos por el interés propio de las empresas". Twitter, por tanto, "acaba de borrar unilateralmente todas las opciones de privacidad de sus usuarios, anunciando el cambio con un cuadro de diálogo cuyo único botón es 'Aceptar'". ¿Más tranquilos por seguir viviendo en Europa?