¿Cuántas veces hemos oído -o, incluso, dicho- la tan manida frase de que un bofetón a tiempo arregla muchos problemas, en referencia a la educación de nuestros hijos? Aunque cada vez hay más debate sobre los cachetes o ‘tortas’ a los menores, lo cierto es que desde el ámbito de la salud y educación no hay duda alguna: "Los castigos físicos no funcionan, aumentan los comportamientos difíciles y causan daños". Así de tajante se pronuncia Anja Heilmann, profesora asociada en el University College London y una de las autoras de un estudio publicado en junio en la revista The Lancet.

Las conclusiones del trabajo son claras: los castigos físicos no sólo no funcionan, sino que son muy contraproducentes para el desarrollo de los menores. Los investigadores llegan a esta resolución tras identificar más de 4.000 estudios y analizar 69 al respecto, la mayoría elaborados en Estados Unidos.

Lo que muestran estos trabajos es que, si bien es cierto que los niños con dificultades de comportamiento tienen más probabilidades de recibir castigos físicos, el efecto de estos daños es más perjudicial que beneficioso. "En otras palabras, el castigo físico conduce a un mayor aumento de estos problemas de conducta, lo que potencialmente alimenta un círculo vicioso", explican en 'Child of our time', el blog del Centro Internacional de Estudios de Vida, perteneciente al University College London, participante en el informe.

Pese a que están aún todavía relativamente normalizados los cachetes o 'tortas' a los niños para corregirles ciertas malas conductas, la evidencia es abrumadora: "El castigo físico predice un aumento de comportamientos difíciles como agresiones, comportamientos antisociales y problemas de conducta", explican en Child of our time. "Esto significa que los comportamientos que se intentan corregir con el castigo físico empeoran, de hecho", zanjan.

No solo eso, sino que estos castigos físicos tienen consecuencias en otras áreas del desarrollo de los niños, como su salud mental (ansiedad, depresión), capacidad de atención, sus habilidades cognitivas, las relaciones con los demás o la competencia social. "No hay evidencia de que el castigo físico produzca mejoras en ninguno de estos ámbitos", explican los investigadores.

¿Hay diferencias entre niños?

Las conclusiones del estudio son claras, y no se han encontrado diferencias entre géneros de los pequeños, su etnia o la forma de crianza de sus progenitores. "Que los padres sean cariñosos no contrarresta el daño de los castigos físicos", expone Heilmann en un hilo de Twitter en el que ha explicado las principales conclusiones del trabajo.

La investigadora recuerda, además, que los daños físicos a los niños van en contra de los derechos humanos. "La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño establece que todos los niños deben crecer libres de toda forma de violencia, incluido el castigo físico", incide.

De hecho, las agresiones físicas contra los menores están perseguidas en 62 países de todo el mundo, España entre ellos (desde 2007). Además, 27 estados están en proceso de legislar al respecto, según los datos de 'End Corporal Punishment', una iniciativa que lucha por la eliminación de los castigos físicos.

"Ya no debería haber debate. El castigo físico de los niños debería terminar ahora, en todas partes", concluyen los investigadores, que piden políticas activas a nivel mundial para parar los malos tratos a los menores.