Tintineando las esposas, lanzando besos, cantando y repitiendo el baile que ha realizado en más de una ocasión durante su largo proceso judicial. Así de desafiante se ha mostrado la opositora bielorrusa Maria Kolesnikova al conocer su condena a 11 años de prisión por organizar las protestas contra el gobierno de Aleksandr Lukashenko el año pasado.

Una sentencia que su abogado considera "ilegal" y pese a la cual Kolesnikova no ha borrado su sonrisa y ha seguido haciendo su tradicional gesto del corazón con las manos, que su padre, Alexander Kolesnikov, ha replicado desde la sala. "Su actitud hacia la vida y su valentía me han ayudado a no derrumbarme hoy", confesaba él tras conocer la sentencia.

Su gesto del corazón fue símbolo de una revolución: junto a otras dos mujeres, Kolesnikova, flautista de 39 años, formó un triunvirato opositor que quería acabar con 26 años de gobierno de Lukashenko.

Sin embargo, por sexta vez consecutiva, el mandatario ganó unas elecciones que la oposición tachó de fraude, provocando una oleada de protestas que se saldaron con una dura represión policial y con sus compañeras exiliadas.

En septiembre del año pasado, Kolesnikova fue secuestrada por unos encapuchados que intentaron deportarla del país, pero ella rompió su pasaporte para quedarse y acabó detenida.

Un año después, y a pesar de su condena, la opositora asegura que la batalla está viva y que recurrirá la sentencia.